La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses no solo sacudió el tablero geopolítico, sino que detonó uno de los debates más ríspidos en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión. Legisladores de todos los partidos convirtieron la tribuna en un campo de batalla ideológico donde se cruzaron advertencias sobre el futuro de la democracia mexicana y acusaciones de traición a la soberanía nacional.
El debate se centró en dos narrativas irreconciliables: para el bloque opositor (PRI-PAN), la caída del régimen chavista es un espejo en el que México debe mirarse para evitar la consolidación de un «Estado autoritario»; para el oficialismo (Morena-PT), la operación de Washington representa un peligroso precedente de intervencionismo que algunos actores políticos buscan replicar en territorio nacional.
“Esta película ya la vimos”: La alerta de la oposición
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) llevó la discusión al terreno de la política interna. Con pancartas que rezaban “Reforma Electoral de Morena, al estilo Maduro”, el senador Manuel Añorve Baños advirtió que México transita una ruta similar a la que degradó la democracia venezolana.
Morena busca impulsar una reforma electoral que pretende sepultar nuestro modelo democrático, quieren elecciones a modo y perpetuarse en el poder, sin limites ni contrapesos, para instaurar un gobierno igual o peor al que cayó en Venezuela.
Las legisladores y legisladores… pic.twitter.com/flbPYk0Xwp
— Diputadas y Diputados Federales PRI (@GPPRIDiputados) January 7, 2026
“Ojo con esto, allá también empezaron ajustando las reglas electorales, terminaron con el Poder Judicial, cambiaron árbitros y persiguieron a los críticos. Esa reforma electoral de la narcodictadura de Morena es el mismo molde que algunos quieren implementar en México”, sentenció Añorve, calificando al gobierno de Maduro como una dictadura que robó el futuro a su país.
En la misma línea, el senador panista Ricardo Anaya Cortés rechazó defender al exmandatario venezolano, a quien tildó de “impresentable dictador espurio”, pero reviró las acusaciones del oficialismo. Según Anaya, el temor de Morena no es por la soberanía, sino por las implicaciones legales del combate al crimen organizado.
“No les preocupa el pueblo venezolano. Lo que les preocupa es que saben que hay cárteles de la droga en México que ya han sido declarados como organizaciones narcoterroristas. Y les aterra que les puedan echar el guante”, sostuvo el panista, negando que su partido busque una intervención militar extranjera en suelo mexicano.
“Traidores a la patria”: La defensa de la soberanía
Desde la trinchera de la Cuarta Transformación, la retórica se enfocó en condenar el imperialismo y desenmascarar lo que consideran una hipocresía de la derecha. El diputado del PT, Reginaldo Sandoval Flores, fue contundente al señalar que validar la acción de Donald Trump equivale a una “traición a la patria”.
“Ustedes aquí se ubican del lado del interés norteamericano… Por primera vez la acción imperialista de los Estados Unidos es honesta, porque dice con claridad que no va por democracia, va por el petróleo venezolano”, argumentó Sandoval, advirtiendo que México corre el riesgo de quedar sujeto a la “ley del más fuerte”.
Por su parte, legisladores de Morena como Jesús Irugami Perea y el senador Juan Carlos Loera de la Rosa, respaldaron la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum de rechazo absoluto al intervencionismo. “Ninguna intervención extranjera ha traído libertad a ningún pueblo de América Latina, jamás. Han traído despojo y violencia”, agregó el diputado morenista Emilio Ramón Ramírez.
MC: La tercera vía
En medio del fuego cruzado, Movimiento Ciudadano (MC) intentó marcar distancia de ambos polos. El senador Luis Donaldo Colosio Riojas condenó tanto al régimen de Maduro por sus violaciones a los derechos humanos como la intervención ilegal de Estados Unidos. “Ni con la dictadura de Maduro, ni con la intervención de Trump”, resumió el diputado Juan Zavala.
Al final de la acalorada sesión, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, propuso un punto de acuerdo para expresar la profunda preocupación del Congreso ante la agresión a Venezuela, el cual fue turnado a comisiones para su análisis, dejando en el aire la tensión de un Legislativo cada vez más polarizado por la política exterior.

