Con el objetivo de frenar abusos que golpean los bolsillos de las familias capitalinas, el Congreso de la Ciudad de México hizo un enérgico llamado a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para que intensifique los operativos de verificación y calibración de básculas en mercados públicos y tianguis.
La exigencia, impulsada por la diputada María del Rosario Morales Ramos y turnada para su dictaminación tras la sesión del pasado 14 de abril, expone una práctica sistemática: actualmente, 15 de cada 100 básculas en estos centros de abasto presentan desajustes o alteraciones intencionales.
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De acuerdo con el punto de acuerdo presentado, las anomalías van desde la falta de calibración periódica hasta modificaciones deliberadas, como la colocación de pesas ocultas o alteraciones en los mecanismos internos para registrar un peso mayor al real en productos de alta demanda como carnes, frutas y verduras.
Sanciones que no asustan a los infractores
Aunque la Ley Federal de Protección al Consumidor contempla multas que van desde los 700 pesos hasta superar los 3 millones de pesos, la legisladora alertó que estas sanciones han perdido su efecto disuasorio. En muchos casos, los locatarios prefieren asumir el costo económico de la multa antes que corregir la calibración de sus instrumentos.
El historial de operativos confirma la magnitud del problema. Tan solo en 2021, Profeco revisó más de 60 mil básculas a nivel nacional, detectando irregularidades en el 20% de ellas. Un año después, en la capital del país, se inmovilizaron más de 500 aparatos. Más recientemente, durante la temporada de Cuaresma, las inspecciones en mercados emblemáticos como La Merced y San Juan arrojaron resultados negativos debido a las graves alteraciones encontradas en los instrumentos de medición.
El impacto en la economía popular
La urgencia de garantizar transacciones justas radica en la importancia de estos espacios para el suministro de los capitalinos. Datos de la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) estiman que más de la mitad de los hogares en la Ciudad de México adquieren su canasta básica en mercados y tianguis.
A esto se suman los estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los cuales demuestran que los precios en estos comercios tradicionales suelen ser entre un 15% y un 25% más bajos que en las cadenas de supermercados, posicionándolos como la opción preferida de las familias de ingresos medios y bajos. No obstante, la rentabilidad de este ahorro depende de que los consumidores reciban, de forma transparente, los kilos por los que están pagando.
Redactado por: Oralia Galindo

