En una comparecencia que ha sacudido a Francia, la directora del Museo del Louvre, Laurence des Cars, reconoció este miércoles que el escandaloso robo de ocho joyas de la corona, valoradas en más de 100 millones de dólares, fue posible debido a un sistema de seguridad «muy anticuado» y una falla garrafal: no había cámaras de vigilancia cubriendo el perímetro por donde entraron los ladrones.
Durante una tensa audiencia de dos horas ante el Senado francés, Des Cars admitió: «Reconozco plenamente que tenemos un punto débil en la protección del perímetro del Louvre».
La directora reveló que la única cámara exterior cercana al muro por donde treparon los asaltantes «estaba orientada en sentido contrario a ellos».
Esta brecha de seguridad permitió a los cuatro ladrones llegar el domingo por la mañana, estacionar un camión con una escalera eléctrica (o montacargas) contra el edificio, y ascender a un balcón del segundo piso sin ser detectados. El sistema de seguridad, que Des Cars describió como «envejecido», no se activó hasta que los ladrones forzaron una ventana con herramientas eléctricas para entrar a la Galería Apolo.
«No detectamos la llegada de los ladrones con suficiente antelación», lamentó la directora. Esos minutos perdidos, al menos cuatro, fueron cruciales para que la banda perpetrara el robo y huyera en scooters antes de que la policía, que llegó tres minutos después de la alarma interna, pudiera capturarlos.
Una dirección bajo fuego y una renuncia rechazada
Los senadores franceses fustigaron a la directora por la humillación nacional. «Creo que el mundo entero se ríe de nosotros», sentenció el senador socialista Yan Chantrel.
Ante la presión, Laurence des Cars reveló que había presentado su dimisión al ministro de Cultura tras el atraco, pero que esta fue rechazada.
Des Cars se defendió argumentando que, desde su llegada al cargo en 2021, se «horrorizó» por la situación de la seguridad y la convirtió en su «prioridad». Sin embargo, atribuyó la lentitud de las mejoras a la complejidad burocrática de un sistema que abarca 400 salas.
Así fue la huída de los ladrones del museo del Louvre por la escalera mecánica que colocaron en el exterior del museo en la calle Mitterrand en la ribera del Sena de París.
El atraco está valorado en al menos 88 millones de euros según la Fiscalía francesa.
La directora del Museo… pic.twitter.com/CSJUIFM3S8— Niporwifi © (@niporwifi) October 23, 2025
Irónicamente, admitió que en los últimos años, los planes de seguridad del museo se habían centrado más en proteger las obras de activistas que arrojan sopa o pintura, y no estaban preparados para un asalto de crimen organizado de este calibre.
El atraco y el temor por las joyas
El robo, calificado de cinematográfico y comparado por su impacto cultural con el incendio de Notre Dame, duró menos de 10 minutos. Los ladrones rompieron dos vitrinas de «muy alta calidad» —diseñadas para resistir balas, pero no herramientas eléctricas— y sustrajeron ocho piezas invaluables, incluyendo joyas de la emperatriz María Luisa y la emperatriz Eugenia.
En su precipitada huida, a los ladrones se les cayó la corona de la emperatriz Eugenia, que fue recuperada dañada pero, según Des Cars, podrá ser restaurada.
El museo reabrió sus puertas este miércoles entre largas filas de visitantes, aunque la Galería Apolo, la escena del crimen, permanece cerrada.
Mientras más de 100 investigadores buscan a los culpables, el mayor temor de los conservadores es que las joyas, de un valor histórico incalculable, ya hayan sido desmontadas para vender las piedras y fundir los metales en el mercado negro, perdiendo su rastro para siempre.

