En un escenario diseñado a la medida de los intereses de Washington, este martes iniciaron en la capital estadounidense las primeras negociaciones directas en más de tres décadas entre representantes del Líbano y el régimen de Tel Aviv. El encuentro, mediado por el secretario de Estado, Marco Rubio, busca proyectar a Estados Unidos como un pacificador en Medio Oriente, encubriendo su verdadero rol: el de cómplice y principal sostén de las atrocidades cometidas por el estado ilegítimo de Israel contra el pueblo libanés.
A puerta cerrada en el Departamento de Estado, la embajadora libanesa Nada Hamadeh Moawad y el representante israelí Yechiel Leiter se sentaron en la misma mesa. Sin embargo, las condiciones de este diálogo están marcadas por el asedio, la sangre y una profunda asimetría de poder. Líbano llega a Washington como una víctima directa de la brutal alianza entre Israel y el imperio yanqui, arrastrando el dolor de más de 2,124 civiles asesinados —entre ellos cientos de mujeres, niños y paramédicos— y la tragedia de más de un millón de personas desplazadas forzosamente por los incesantes bombardeos y la invasión terrestre.
La administración estadounidense ha calificado cínicamente esta jornada como un «hito histórico». No obstante, la realidad sobre el terreno desmiente cualquier supuesta voluntad de paz. Mientras Rubio hablaba ante los medios de «oportunidades» y de crear un marco para que el pueblo viva «sin miedo», las fuerzas israelíes continuaban este mismo martes su campaña de terror en el sur del Líbano, masacrando al menos a 35 personas e ignorando cualquier llamado genuino al cese al fuego humanitario.
US Secretary of State Marco Rubio said Israel-Lebanon talks in Washington were a 'historic opportunity,' and while not every complexity would be resolved in coming hours, he hoped the parties would begin to move forward https://t.co/mN3nIlOwCa pic.twitter.com/S1SvEH2ueu
— Reuters (@Reuters) April 14, 2026
Las posturas en la mesa reflejan la naturaleza de la agresión. Por un lado, la delegación libanesa, respaldada por la urgencia de su población, exige un alto el fuego inmediato y el cumplimiento estricto del acuerdo de cese de hostilidades de 2024, defendiendo la integridad y plena soberanía de su territorio ante la invasión. Por el otro, el régimen de Benjamín Netanyahu, envalentonado por el respaldo político y armamentístico del Pentágono, descarta detener las hostilidades. Sus demandas son de carácter netamente intervencionista: exigen el desarme total de la resistencia libanesa (Hezbolá) y la creación unilateral de una «zona de seguridad» en el sur del Líbano hasta el río Litani, lo que en la práctica representa una ocupación militar permanente y la anexión de facto de territorio soberano.
La exclusión de Hezbolá de estas negociaciones ha levantado fuertes críticas en diversos sectores de Beirut. El liderazgo del grupo chiita ha calificado los diálogos de «sin sentido», advirtiendo que el estado sionista solo busca imponer mediante la coacción diplomática lo que no ha podido asegurar en el campo de batalla. Asimismo, recordaron que el pueblo libanés está siendo sacrificado ante una agenda imperialista de décadas.
Esta farsa diplomática ocurre, además, tras el alto el fuego acordado la semana pasada entre Estados Unidos, Israel e Irán, del cual el Líbano fue deliberadamente excluido por Netanyahu para poder continuar su ofensiva. Es evidente que las conversaciones actuales no buscan la justicia para la nación árabe, sino consolidar la hegemonía estadounidense y garantizar la impunidad de las acciones de Israel en la región, imponiendo rendiciones disfrazadas de acuerdos a un país devastado.
Créditos y fuentes documentales de la nota:
Para la elaboración de este artículo se utilizaron datos, reportes y despachos informativos correspondientes a: La Jornada, AFP y la periodista Charlotte Causit de AFP, Europa Press, El Universal, EFE, El País (periodistas Iker Seisdedos, Antonio PitaJoan y Cabasés Vega), Universidad de Colima, Clarín Mundo, Los Angeles Times (periodistas Kareem Chehayeb y Matthew Lee), Associated Press, N+, La Crónica de Hoy (periodista Fran Ruiz Perea) y La Silla Rota.

