La imagen dio la vuelta al mundo en minutos gracias a la cadena BBC Mundo, pero su impacto resonará por décadas en la historia diplomática del continente: Nicolás Maduro, despojado de su investidura, vistiendo un chándal deportivo, esposado y con los sentidos bloqueados por gafas y auriculares de privación sensorial a bordo del buque de guerra USS Iwo Jima. Para Washington, es un trofeo en su cruzada política; para América Latina, es la confirmación gráfica y brutal de que la soberanía nacional ha quedado relegada a un segundo plano frente a los intereses de la Casa Blanca.
Este lunes 5 de enero, a las 12:00 horas, el juez Alvin K. Hellerstein, en la sala 26A del Tribunal del Distrito Sur de Manhattan, formalizará lo que organismos de derechos humanos y un creciente bloque de naciones han calificado como un secuestro de Estado. Sin embargo, el foco de la noticia trasciende el banquillo de los acusados; se centra en las ruinas humeantes que la operación dejó en el derecho internacional la madrugada del pasado sábado 3 de enero.
Un acto de guerra sin declaración
Lo ocurrido en el Fuerte Tiuna no fue una simple extracción policial. Fue un despliegue de fuerza letal en suelo extranjero sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU ni aprobación del Congreso de los Estados Unidos. Según fuentes citadas por Reuters, tropas de élite (Fuerza Delta) y la CIA habían ensayado la incursión en una réplica exacta de la residencia de Maduro desde agosto de 2025.
Levanten la mano quienes están de acuerdo que todos los cómplices de Nicolás Maduro también deben ser juzgados, encarcelados y embargados hasta el ultimo centavo. pic.twitter.com/wJ4EL9CfHN
— ᶠ ᵃ ⁿ De Antonio Laje (@LajeAntonio) January 4, 2026
El saldo humano de este aventurerismo militar es trágico. Mientras el embajador de EE. UU. en México, Ronald Johnson, celebraba en la red social X una operación «sin bajas estadounidenses», la realidad en el terreno era sangrienta. El gobierno venezolano confirmó el asesinato «a sangre fría» de 15 miembros de la seguridad presidencial.
A esto se suma un hecho que escala el conflicto a niveles geopolíticos mayores: la República Bolivariana confirmó la muerte de 32 combatientes cubanos durante el asalto. En un comunicado oficial emitido en las últimas horas, Caracas rindió homenaje a estos efectivos que «ofrendaron su vida cumpliendo tareas de protección y defensa institucional». El gobierno de Miguel Díaz-Canel, citado por medios locales, condenó el ataque, mientras Venezuela agradecía la «firmeza solidaria» de La Habana, evidenciando que la incursión estadounidense no solo atacó a un país, sino a una alianza regional.
El bloque diplomático responde: «Precedente peligroso»
Frente al unilateralismo de Washington, la respuesta diplomática ha sido contundente. En un movimiento coordinado que busca frenar la escalada, los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron este domingo 4 de enero un comunicado conjunto de alta trascendencia.
El documento de cuatro puntos rechaza las acciones militares por contravenir la Carta de las Naciones Unidas. «Estas acciones constituyen un precedente sumamente peligroso para la paz, la seguridad regional y ponen en riesgo a la población civil», reza el texto.
Lo más alarmante para este bloque de naciones —que incluye a aliados tradicionales de Occidente como España y Chile— es la motivación económica detrás de la incursión. El punto 4 del comunicado manifiesta una preocupación explícita ante «cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales», una referencia directa a las reservas petroleras venezolanas y a las declaraciones de funcionarios estadounidenses sobre la «administración» del país caribeño.
En Reunión Extraordinaria de Cancilleres de #CELAC plateé que:
"La vil y delictiva agresión militar de #EEUU contra instalaciones civiles y militares en Caracas y otras ciudades venezolanas y el secuestro delincuencial del presidente legítimo y constitucional de #Venezuela,… pic.twitter.com/AL4A4BR1z5
— Bruno Rodríguez P (@BrunoRguezP) January 5, 2026
La «Pax Americana» y el silencio de los cementerios
En Caracas, la prometida «liberación» no se siente como una fiesta, sino como un estado de sitio. Las calles de la capital amanecieron este domingo desiertas, patrulladas por los «colectivos» y fuerzas especiales, según reportes de la agencia DPA y BBC. No hubo celebraciones masivas; hubo miedo.
«La gente no celebra porque no hay seguridad de lo que viene», declaró a la prensa internacional Renata Segura, del International Crisis Group. La población teme una guerra civil. El impacto en la población civil ya es tangible: en La Guaira, una mujer de 80 años, Rosa Elena González, falleció tras el impacto de un misil estadounidense en su vivienda, según testimonios recogidos por medios locales. Además, la ministra de Salud, Magaly Gutiérrez, denunció que el bombardeo a almacenes de salud dejó sin insumos de diálisis a más de 12,000 pacientes renales.
Aunque el Tribunal Supremo de Justicia nombró a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como Presidenta Encargada —movimiento respaldado por el Ministro de Defensa Vladimir Padrino López—, la presión de Washington es asfixiante. Donald Trump, en entrevista con The Atlantic, lanzó una amenaza directa: «Si [Delcy Rodríguez] no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto».
Por su parte, el Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a CBS News y NBC que Estados Unidos mantendrá «palancas de presión» y confirmó que la política actual es, en la práctica, una administración tutelada desde el Norte, asegurando que «trabajarán con los líderes actuales si toman las decisiones adecuadas».
El «Corolario Trump» y la amenaza a México
La justificación de la captura —acusaciones de narcoterrorismo reveladas por el Departamento de Justicia y citadas por SinEmbargo— se basa en una reinterpretación agresiva de la Doctrina Monroe. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump promete «restaurar la preeminencia estadounidense».
Este enfoque ha encendido las alarmas en México. El mismo fin de semana de la invasión, Trump declaró que «los cárteles gobiernan México», una afirmación que, leída en el contexto venezolano, suena a advertencia. La UNAM y la UAM no tardaron en condenar la invasión, mientras que el EZLN y más de 300 colectivos advirtieron que esto es «el reinicio de las guerras de conquista del Gran Capital».
La batalla legal y el clamor internacional
Hoy, en la Corte de Nueva York, Maduro enfrentará cargos por conspiración para el narcotráfico. Sin embargo, fuera de la sala, la legalidad de su captura es cuestionada globalmente. Amnistía Internacional advirtió que la operación «muy probablemente constituye una violación del derecho internacional».
Simultáneamente, el Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas emitió una condena categórica, exigiendo el cese inmediato de las hostilidades y el retorno de Maduro. En su comunicado, denuncian que las declaraciones de Trump sobre «ocupar y gobernar» Venezuela son una «confesión de un claro plan de anexión».
Conclusión: ¿Quién sigue?
La captura de Nicolás Maduro puede haber satisfecho a la base electoral de Trump y a sectores radicales, pero ha abierto una caja de Pandora. Al dinamitar los principios de no intervención y soberanía, y al pasar por alto al Congreso (como señalaron críticos citados por The New York Times), Estados Unidos no ha hecho al mundo más seguro.
Como señaló el hijo del mandatario, Nicolás Maduro Guerra, en un audio filtrado: «La historia revelará quiénes fueron los traidores». Mientras tanto, la región observa con horror cómo la diplomacia del «Gran Garrote» vuelve a ser la norma, preguntándose qué nación será la próxima en ser «administrada» por la fuerza bajo la excusa de la seguridad nacional estadounidense.

