En una audiencia que marca el fin de una era para el narcotráfico en México, Joaquín Guzmán López, alias «El Güero», se declaró culpable este lunes de cargos de narcotráfico y crimen organizado ante la Corte de Distrito del Norte de Illinois. Sin embargo, lo que sacudió los cimientos del crimen organizado no fue solo la admisión de tráfico de fentanilo, sino la confesión detallada de su traición: el secuestro y entrega de Ismael «El Mayo» Zambada.
El hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán, de 39 años, rompió el silencio sobre los eventos de julio de 2024, confirmando ante la jueza Sharon Johnson las especulaciones que desataron una guerra civil en el norte de México.
La crónica de una emboscada
Según los documentos judiciales revelados y la narración expuesta en la corte, la caída del capo que nunca había pisado una cárcel en 50 años fue meticulosamente planeada por su propio ahijado. Guzmán López atrajo a Zambada a una supuesta reunión a las afueras de Culiacán con el pretexto de «resolver diferencias políticas» y una disputa local.
La encerrona ocurrió en una habitación preparada para el crimen: se habían retirado los cristales de las ventanas para facilitar el asalto. Una vez dentro, hombres armados irrumpieron, sometieron a «El Mayo», lo ataron y le cubrieron la cabeza. Posteriormente, Guzmán López le suministró una bebida mezclada con sedantes antes de subirlo a la fuerza a un avión privado con destino a Texas.
Y otra línea clave:
Se confirma la COOPERACIÓN TOTAL del hijo del Chapo con fiscales de Illinois, California y Washington en investigaciones criminales.
Este caso apenas se está abriendo. Y podría sacudir alianzas, lealtades y pactos históricos en el narco.
Lo platicaremos… pic.twitter.com/TlPWiwaFbo
— Enrique Hernández Alcázar (@EnriqueEnVivo) December 1, 2025
Una moneda de cambio fallida
El acuerdo de culpabilidad revela las motivaciones detrás de la operación. Guzmán López admitió haber coordinado el secuestro «con la esperanza de recibir crédito de cooperación» por parte del gobierno estadounidense, tanto para él como para su hermano, Ovidio Guzmán, quien ya se había declarado culpable en julio pasado.
No obstante, el Departamento de Justicia fue tajante en el documento presentado: Estados Unidos no solicitó, no aprobó y no condonó el secuestro. Aunque se confirmó la «cooperación total» de «El Güero» con fiscales de Illinois, California y Washington en diversas investigaciones criminales, las autoridades subrayaron que no recibirá beneficios legales específicos por el acto de secuestrar a Zambada.
El fin de la dinastía y la guerra en Sinaloa
Con esta declaración, Joaquín se convierte en el segundo hijo de «El Chapo» en colaborar formalmente con la justicia estadounidense, siguiendo los pasos de Ovidio. Ambos han aceptado su rol en la supervisión del envío de cantidades industriales de cocaína, metanfetamina y fentanilo, sustancias que han alimentado la crisis de salud pública en EE.UU.
La confirmación judicial de la traición valida la carta que «El Mayo» Zambada difundió tras su arresto, donde negaba una entrega voluntaria. Este cisma provocó una fractura irreparable en el Cártel de Sinaloa, dividiendo a la organización en dos facciones —Chapitos y Mayitos— que han convertido a Culiacán en un campo de batalla desde mediados de 2024, debilitando la estructura del cártel y abriendo paso a rivales como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Mientras «El Chapo» cumple cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad, sus hijos ahora apuestan todo a la cooperación para evitar el mismo destino, cerrando así el capítulo de los herederos del imperio criminal más poderoso de México.

