Fotografía: Cole Tomas Allen, un premiado profesor y desarrollador de videojuegos, ocultó armas largas y dejó una perturbadora carta a su familia.
Compartir

Estaba destinada a ser una de las noches más prestigiosas del calendario político y periodístico de Estados Unidos, una velada para celebrar la Primera Enmienda. Sin embargo, a las 20:36 horas del sábado 25 de abril, el gran salón del hotel Washington Hilton se convirtió en el escenario de un caos sin precedentes. Donald Trump, quien asistía por primera vez a la Cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca durante uno de sus mandatos, fue evacuado de urgencia tras desatarse un tiroteo a escasos 50 metros de su mesa.

El responsable ha sido identificado como Cole Tomas Allen, un joven californiano de 31 años que logró burlar un control de seguridad armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos. El saldo: un agente del Servicio Secreto herido, pánico entre los más de 2,600 asistentes y una nación nuevamente sacudida por la violencia política.

La noche en que el poder se agachó bajo las mesas

A los pocos minutos de haber comenzado el evento, un fuerte estruendo interrumpió la gala. «En segundos todos estábamos bajo la mesa», relató un asistente. El presidente Trump, su esposa Melania, y el vicepresidente JD Vance se encontraban en la mesa principal. En un principio, el mandatario pensó que se trataba de «la caída de una bandeja llena de platos», según relató este domingo en una entrevista para el programa 60 Minutes de la cadena CBS.

Las cámaras de seguridad del recinto captaron el momento exacto en que Allen, vestido de civil, corrió por los pasillos del semisótano intentando esquivar el control de metales. Los agentes vestidos de esmoquin desenfundaron sus armas de inmediato. Hubo un intercambio de entre cinco y ocho disparos. El tirador fue interceptado antes de ingresar al salón principal y neutralizado sin sufrir heridas de bala. Las imágenes posteriores publicadas en redes sociales mostraron al sospechoso boca abajo, esposado y con el torso desnudo.

Un agente del Servicio Secreto recibió un disparo a quemarropa, pero el chaleco antibalas contuvo el impacto de los perdigones. Tras ser evaluado en el hospital, fue dado de alta esa misma noche en «buen estado».

¿Quién es Cole Tomas Allen? De profesor premiado a tirador

Lejos del estereotipo habitual, el perfil de Cole Tomas Allen apunta a un profesional con alta formación técnica. Residente de Torrance, un suburbio al suroeste de Los Ángeles, se graduó como ingeniero mecánico en el prestigioso Instituto Tecnológico de California (CalTech) en 2017 y obtuvo una maestría en Ciencias de la Computación en la Universidad Estatal de California en 2025.

En su cuenta de LinkedIn se describe como desarrollador independiente de videojuegos, ingeniero y profesor. Desde 2020, laboraba a tiempo parcial en la empresa de tutorías C2 Education, donde fue nombrado «profesor del mes» apenas en diciembre de 2024. Quienes lo conocían lo describían como un joven inteligente, enfocado en el método científico, aunque en los últimos meses sus familiares notaron una radicalización en su discurso político y su fijación por «arreglar los problemas del mundo».

Las autoridades confirmaron que Allen adquirió su arsenal de forma legal entre 2023 y 2025 en la armería Cap Tactical Firearms, escondiéndolo en casa de sus padres. Planeó el ataque con meticulosidad: viajó en tren y autobús desde California hasta Chicago, y luego a Washington, registrándose en el hotel Hilton desde el viernes para evadir los controles perimetrales desplegados el día del evento.

El Manifiesto: «No permitiré que un pedófilo ensucie mis manos»

El FBI y el Servicio Secreto tienen en su poder un manifiesto de aproximadamente 1,100 palabras que Allen envió a su familia, específicamente a su hermana Avriana, minutos antes de iniciar el ataque. En el perturbador texto, el tirador se autodenomina el «asesino federal amable» y desgrana un escalofriante plan de acción jerarquizado.

«Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes», sentenció Allen en el documento, apuntando directamente al presidente. Aclaró que su objetivo principal eran «los miembros del Gobierno, priorizados del de mayor rango al de menor», excluyendo extrañamente al director del FBI, Kash Patel.

En su retorcida lógica, Allen detalló sus «reglas de enfrentamiento»: solicitó disculpas a su familia por mentirles sobre el viaje, aseguró que utilizaría perdigones en lugar de balas sólidas para evitar atravesar paredes y dañar a inocentes, y especificó que los empleados del hotel, la Guardia Nacional y los invitados no eran su blanco. A los agentes del Servicio Secreto planeaba «incapacitarlos de forma no letal».

Sin embargo, su escrito también muestra una profunda frialdad: advirtió que pasaría por encima de cualquier persona si fuera «absolutamente necesario», bajo la premisa de que quienes decidieron escuchar a un «traidor» eran cómplices de la administración. Asimismo, reinterpretó la doctrina religiosa al afirmar que «poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es cristiano, sino complicidad con los crímenes del opresor».

Trump exige un «Búnker» y se defiende en televisión
La reacción del mandatario no se hizo esperar. En una conferencia de prensa de madrugada en la Casa Blanca, Trump catalogó al atacante como un «loco depravado» y un «lobo solitario». Sugirió, además, que el móvil del ataque era un «fuerte odio anticristiano», aunque el manifiesto subraya un profundo rechazo a sus políticas administrativas y alude a acusaciones personales.

Durante su entrevista en 60 Minutes, la periodista Norah O’Donnell le leyó textualmente el fragmento del manifiesto donde se le acusa de abusos. Visiblemente molesto, el presidente atajó: «No soy un violador. No violé a nadie. No soy un pedófilo. Leíste esa basura de una persona enferma […] Fui totalmente exonerado».

El incidente ha reavivado una de las más recientes controversias en Washington: la construcción del «Militarily Top Secret Ballroom», un gigantesco salón de baile de alta seguridad valorado en 400 millones de dólares en los terrenos de la Casa Blanca. «Este suceso nunca habría ocurrido con el Salón de Baile top secret», publicó Trump el domingo en su red Truth Social. «El ridículo pleito contra el salón debe ser retirado de inmediato. Nada debería interferir con su construcción».

Fallas de seguridad y el peso de la historia

El intento de magnicidio ha puesto nuevamente bajo la lupa al Servicio Secreto, una agencia ya cuestionada tras los atentados que Trump sufrió en Pensilvania en julio de 2024 y, posteriormente, en su club de golf en Florida.

Las autoridades buscan entender cómo Allen logró introducir armas largas al hotel. El propio sospechoso se mofó de esto en su carta: «Parecía que nadie había pensado qué pasaba si alguien se registraba el día anterior. Este nivel de incompetencia era demencial». Además, resulta irónico y tétrico que el escenario elegido sea el mismo Washington Hilton donde, en 1981, Ronald Reagan sobrevivió a un atentado perpetrado por John Hinckley Jr.

Condena internacional unánime

La noticia ha provocado una cascada de reacciones globales en repudio a la violencia política. Desde Europa, el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente francés, Emmanuel Macron, calificaron el hecho de «inaceptable». Por su parte, el canciller alemán, Friedrich Merz, subrayó contundentemente: «Decidimos por mayorías, no por pistolas», expresando su alivio por la seguridad del gabinete estadounidense.

En América, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, se sumaron a las condenas, enfatizando que la violencia no tiene cabida en una democracia.

Lo que sigue en la corte

Mientras el FBI concluye los cateos en la residencia de la familia Allen en California y analiza el historial de donaciones del sospechoso —que incluye una pequeña contribución a la plataforma demócrata ActBlue en 2024—, Cole Tomas Allen permanece bajo custodia sin cooperar con los interrogatorios.

El fiscal general interino, Todd Blanche, y la fiscal federal Jeanine Pirro confirmaron que este lunes Allen será presentado ante un tribunal federal del Distrito de Columbia. Inicialmente enfrentará dos cargos federales de peso: uso de un arma de fuego durante un delito violento y agresión a un agente federal con arma peligrosa. Sin embargo, el Departamento de Justicia no descarta sumar el cargo de intento de asesinato a medida que avance la investigación de un caso que, una vez más, ha demostrado la vulnerabilidad del poder en el corazón de la política estadounidense.

Créditos y Fuentes Consultadas para la elaboración de este reportaje:
Reporte unificado basado en los despachos informativos de: BBC News Mundo (Jaroslav Lukiv, Emma Pengelly, BBC Verify), The New York Times (Jin Yu Young), France 24 (William Gazeau), Euro News (Evelyn Ann-Marie Dom), Forbes España (Zachary Folk), Agencia EFE, Milenio, El País (Iker Seisdedos), AFP (Ben Sheppard, Daniel Stublen), Europa Press, Aristegui Noticias, Infobae (Román Lejtman), La Jornada y Sin Embargo (Denisse Torres Hernández).


Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *