Fotografía: Su obra revolucionó el análisis de la antropología social al desentrañar el impacto de las dinámicas urbanas.
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Rossana Reguillo Cruz, una de las mentes más lúcidas y voces más críticas de las ciencias sociales en América Latina, falleció a los 70 años, dejando un legado invaluable para la investigación académica y el entendimiento de la compleja realidad mexicana. El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), su alma máter y casa de estudios por casi cinco décadas, fue el encargado de confirmar el deceso que enluta al ámbito intelectual del país.

Hija de la tradición oral chiapaneca y del exilio republicano español, Reguillo construyó una sensibilidad única que articuló la memoria política con la escucha social. Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Antropología Social, se consolidó como investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) e integrante fundamental de la Academia Mexicana de Ciencias.

Su obra rompió paradigmas al transformar la mirada institucional sobre los jóvenes. En lugar de juzgarlos, Reguillo se dedicó a comprender sus prácticas, narrativas y resistencias, plasmando sus hallazgos en obras referenciales como Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto. Con el paso de los años, su pluma se adentró en la oscuridad del tejido social mexicano, acuñando conceptos vitales como la “narcomáquina” y la “necromáquina” para explicar la brutal articulación entre poder, economía y muerte en contextos de violencia estructural.

De las calles a la revolución digital

Siempre a la vanguardia de los fenómenos sociales, Reguillo comprendió antes que muchos el impacto del internet en la vida pública. En 2016 fundó Signa Lab ITESO, un laboratorio interdisciplinario y pionero en México dedicado a rastrear cómo fluye la información en plataformas digitales. Desde ahí, diseccionó el comportamiento de los algoritmos, la polarización, las redes de desinformación y las nuevas formas de movilización ciudadana, advirtiendo sobre las amenazas a la democracia en la era del «scroll».

Un adiós entre el reconocimiento y la gratitud

La partida de la doctora Reguillo generó una profunda ola de consternación en la esfera académica, periodística y de defensa de los derechos humanos. El Centro Cultural Universitario Tlatelolco y el Centro Prodh destacaron su incansable activismo, recordando que su rigor intelectual siempre caminó del lado de las víctimas y las causas justas.

A los homenajes se sumaron la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la Universidad de Guadalajara y figuras del periodismo y la cultura como Salvador Camarena, Sergio Aguayo, Denise Dresser y Alma Delia Murillo, quienes honraron no solo su brillante trayectoria —que le valió el Premio Nacional de Antropología en 1995—, sino su calidez, su sonrisa y su vocación por proteger y enseñar a las nuevas generaciones.

Con su fallecimiento, México pierde a una investigadora indispensable, pero hereda un mapa teórico imprescindible para seguir cuestionando, analizando y resistiendo frente a las violencias contemporáneas.


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