Lo que inicialmente se reportó como un trágico accidente automovilístico en la sierra de Chihuahua ha escalado a un conflicto diplomático y de seguridad nacional. Los dos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos que perdieron la vida la madrugada del domingo 19 de abril, al desbarrancarse su vehículo, eran en realidad agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que participaban en una operación antinarcóticos encubierta, revelaron los diarios The Washington Post y The New York Times.
En el percance, ocurrido en una remota cañada cuando el convoy regresaba de una misión, también fallecieron Pedro Román Oseguera Cervantes, director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua, y su escolta, Manuel Genaro Méndez Montes.
La noticia destapó una grave fractura en la coordinación de seguridad en México. La mañana de este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirmó que su administración no fue notificada de la presencia ni de la actuación de los elementos de inteligencia estadounidenses en territorio mexicano, advirtiendo que este tipo de acuerdos bilaterales sin aval federal son inconstitucionales.
Contradicciones y un megalaboratorio
De acuerdo con la información filtrada por fuentes estadounidenses y confirmada en la mañanera, el convoy regresaba de desmantelar uno de los laboratorios clandestinos de metanfetamina más grandes registrados, con una extensión de 850 metros cuadrados divididos en cinco áreas de procesamiento en la zona montañosa cerca de Guachochi.
Dos funcionarios de la embajada de Estados Unidos que murieron en un accidente en Chihuahua trabajaban para la Central Intelligence Agency como parte de un papel ampliado en la lucha contra el narcotráfico informó el diario The Washington Post.
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— La Silla Rota (@lasillarota) April 21, 2026
Sin embargo, las versiones sobre el papel de los agentes extranjeros chocan. César Jáuregui Moreno, fiscal general de Chihuahua, aseguró en un primer momento que los estadounidenses sólo estaban impartiendo un curso sobre manejo de drones en la comunidad de Polanco y que, por cuestiones de logística, «pidieron un aventón» a la caravana policial antes de la fatal volcadura.
Esta narrativa fue desmentida por reportes de la prensa internacional y local. Periodistas especializados, como Luis Chaparro, sostienen que los elementos de la CIA operaron de manera clandestina durante los dos días que duró el operativo, al grado de portar uniformes oficiales de la AEI de Chihuahua para ocultar su identidad y evadir los protocolos de la Ley de Seguridad Nacional.
Tensión binacional y «extrañamiento» diplomático
El papel de la CIA en México ha cobrado un renovado protagonismo bajo las presiones de la administración de Donald Trump para endurecer el combate a los cárteles. Según The Washington Post, bajo la dirección de John Ratcliffe, la CIA ha ampliado el intercambio de inteligencia, el entrenamiento táctico y el uso de drones en el país. Curiosamente, el actual embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, cuenta con un amplio historial dentro de la CIA como enlace de operaciones especiales.
Ante esta injerencia, Sheinbaum Pardo fue tajante: «La relación es federal, no estatal. Ellos deben tener autorización de la Federación para esta colaboración». La mandataria advirtió que la Fiscalía General de la República (FGR) ya investiga los hechos. De corroborarse que los agentes de EU participaron de manera activa y conjunta con las fuerzas estatales, el Gobierno de México emitirá un extrañamiento formal a la Casa Blanca y exigirá sanciones por la violación a la soberanía nacional.
Por ahora, ni la Embajada de Estados Unidos —que se limitó a enviar condolencias— ni la CIA han emitido declaraciones oficiales que expliquen qué hacían exactamente sus agentes de inteligencia infiltrados en la sierra Tarahumara.

