Fotografía: Washington y Tel Aviv desataron una ofensiva masiva que abatió al líder supremo Alí Jameneí y dejó decenas de civiles muertos en territorio persa. Crédito de la fotografía a quien corresponda.
Compartir

El tablero geopolítico de Medio Oriente ha saltado por los aires bajo el peso de los intereses occidentales. En lo que se perfila como un intento calculado por reconfigurar el equilibrio de poder en la región, Estados Unidos e Israel lanzaron este fin de semana una ofensiva coordinada y a gran escala contra Irán. Bajo la bandera de frenar el programa nuclear persa, las operaciones «León Rugiente» y «Furia Épica» no solo descabezaron a la cúpula política y militar del país con el asesinato del líder supremo Alí Jameneí, sino que han dejado un devastador rastro de sangre entre la población civil iraní.

Lejos de tratarse de una operación estrictamente defensiva, analistas internacionales coinciden en que la agenda de Washington y Tel Aviv busca eliminar a su mayor rival geopolítico en la zona, asegurando la hegemonía occidental y el control de las rutas energéticas. En contraparte, Irán ha respondido invocando su derecho a la legítima defensa, enfocando sus baterías hacia las bases militares estadounidenses que rodean su territorio, aunque la intensidad del fuego cruzado ya ha cobrado víctimas civiles en múltiples frentes.

El precio civil de la hegemonía occidental

Mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, celebraba desde su plataforma Truth Social la «desaparición de 48 líderes de un solo golpe» y prometía que los bombardeos se extenderán por al menos cuatro semanas, la realidad en las calles iraníes dibuja un panorama desolador de daños colaterales.

El ataque más cruento contra el pueblo iraní no ocurrió en una instalación militar, sino en una escuela primaria femenina en la localidad de Minab. Según confirmó el gobernador Mohammad Radmehr a la agencia oficial IRNA, los bombardeos israelíes y estadounidenses impactaron el colegio Shajareh Tayyibeh, dejando un saldo preliminar de 148 víctimas mortales, en su inmensa mayoría niñas, y al menos 95 heridos de gravedad. Este hecho ha sido catalogado por Teherán como un crimen de guerra.

«Trump ha hundido la región en el caos con sus falsas esperanzas (…) ha transformado su eslogan ‘América primero’ en ‘Israel primero’ y ha sacrificado soldados americanos para las ansias de poder de Israel», sentenció Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, descartando cualquier tipo de negociación con Washington. Para el nuevo presidente iraní, Masud Pezeshkian, el asesinato de Jameneí y los ataques a su pueblo representan una «declaración abierta de guerra contra los musulmanes», legitimando su derecho a la venganza.

La respuesta iraní: Fuego dirigido a los enclaves militares de EE. UU.

Ante la agresión masiva a su soberanía, la estrategia militar de Irán se centró en un objetivo claro: desestabilizar la red de bases militares que Estados Unidos mantiene en los países aliados del Golfo Pérsico y el Levante. El Ejército iraní y los Guardianes de la Revolución anunciaron el lanzamiento de cientos de misiles balísticos y drones suicidas.

Ali Larijani fue enfático respecto a la naturaleza de la represalia: “A los países de la región: No tenemos intención de agredirlos, pero cuando se utilizan bases en sus países contra nosotros y Estados Unidos opera en la región con esas mismas fuerzas, nosotros las atacaremos. Esas bases no son territorio de esos países, son territorio de Estados Unidos”.

Los misiles persas apuntaron a enclaves como la base aérea de Al Udeid en Qatar —la mayor instalación militar estadounidense en la región—, así como a bases en Kuwait y el Kurdistán iraquí. Asimismo, los Guardianes de la Revolución afirmaron haber atacado el portaviones estadounidense USS Abraham Lincoln, aunque el Pentágono negó que el buque fuera alcanzado. La contraofensiva ya ha cobrado la vida de al menos tres militares estadounidenses, cuyas muertes Trump ha prometido «vengar».

No obstante la intención declarada de atacar solo objetivos militares imperiales, la imprecisión de las armas y la magnitud del conflicto han provocado que la guerra alcance zonas civiles fuera de Irán. En Israel, un misil iraní impactó un edificio residencial en Beit Shemesh, dejando al menos nueve muertos y once desaparecidos. En los Emiratos Árabes Unidos, un dron alcanzó el icónico hotel Burj Al Arab en Dubái, y fragmentos interceptados mataron a tres trabajadores civiles asiáticos en Abu Dabi.

El control del crudo y el pretexto nuclear

El pretexto oficial para esta guerra preventiva impulsada por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y Donald Trump, recae en el programa nuclear iraní. Washington y Tel Aviv argumentaron que Teherán estaba a punto de lograr la capacidad de fabricar una bomba atómica, citando informes de inteligencia que situaban a Irán a solo «una semana» de obtener uranio de grado armamentístico.

Sin embargo, detrás de la retórica del desarme, subyace el control de una de las zonas económicas más vitales del planeta. Con el estallido de la guerra, Irán ha ordenado el cierre de facto del estrecho de Ormuz, paralizando el tránsito del 20% del petróleo mundial. Inmediatamente, el crudo Brent se disparó un 10%, rozando los 80 dólares por barril, golpeando la economía global y obligando a navieras internacionales a suspender sus operaciones en la zona.

La agenda de intereses occidentales queda en evidencia al observar el despliegue militar estadounidense previo, la utilización de bases aliadas y la rápida participación del Reino Unido, que prestó su base de Akrotiri en Chipre para apoyar los bombardeos, confirmando la naturaleza de coalición de esta ofensiva.

Un mundo al borde del abismo

El asesinato de Alí Jameneí y la brutal escalada militar marcan un punto de no retorno. Durante décadas, Irán resistió las sanciones económicas y el aislamiento impuesto por Occidente, logrando consolidar un bloque de resistencia regional. Hoy, con la muerte de su líder, el país se cohesiona en un triunvirato interino y unifica a sus fuerzas regulares con la Guardia Revolucionaria bajo una misma bandera de resistencia antiimperialista.

Mientras potencias como Rusia y Corea del Norte condenan la «violación cínica de la soberanía» iraní, y figuras globales como el Papa hacen llamados desesperados a la paz, la maquinaria de guerra avanza. Estados Unidos e Israel, priorizando su dominio geopolítico sobre la estabilidad mundial, han apostado por un «cambio de régimen» a la fuerza. Sin embargo, la historia contemporánea de Medio Oriente ha demostrado, desde Irak hasta Afganistán, que las invasiones forjadas por intereses foráneos rara vez terminan en los plazos prometidos, y siempre dejan tras de sí a un pueblo inocente pagando la factura con su propia sangre.


Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *