La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, estableció este lunes la línea gubernamental frente a las investigaciones del trágico descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec: esperar el dictamen científico de la Fiscalía General de la República (FGR) y diferenciar las responsabilidades políticas de las técnicas.
Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, y ante la presión de una denuncia penal interpuesta por el Partido Acción Nacional (PAN), la mandataria fue enfática al delimitar las funciones de Gonzalo López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, en el megaproyecto ferroviario. Si bien aseguró que en su gobierno “no se cubre a nadie”, sostuvo que cualquier fallo estructural o de vía recaerá sobre los expertos técnicos, no en los asesores honorarios.
Sheinbaum dice que el hijo de AMLO, Gonzalo López Beltrán, sí participó en el Tren Interoceánico, pero solo de manera "honorifica" y solo "cuidaba" los plazos. ⏳
Entonces me pregunto: con que alguien le dijera: "sí, cumplimos en tiempo", ya él aprobaba? Eso no es peor? pic.twitter.com/o47mNcZk19
— buendiadam76 (@buendiadam76) January 19, 2026
“Si hay un asunto técnico relacionado con la vía, son los ingenieros que supervisaron el tren quienes tendrían una responsabilidad y habría deslinde de responsabilidades”, declaró Sheinbaum, marcando una clara distancia entre la supervisión de obra civil y las decisiones operativas que llevaron al siniestro.
La “Caja Negra” y la reparación del daño
El accidente, ocurrido el pasado 28 de diciembre de 2025 en el kilómetro Z-230+290 de la Línea Z (tramo Oaxaca), dejó un saldo doloroso de 14 personas fallecidas y 98 heridas. A tres semanas del suceso, la incertidumbre sobre las causas exactas continúa, pero el silencio oficial está por romperse.
Sheinbaum informó que Ernestina Godoy, titular de la FGR, le notificó que el primer dictamen pericial estará listo esta misma semana o, a más tardar, la próxima. Este documento es la pieza clave no solo para fincar responsabilidades penales, sino para activar los mecanismos de indemnización.
“Con este primer dictamen de la causa del accidente, ya viene la reparación integral del daño para todas las personas que iban en el tren y se van a empezar a citar a cada una de ellas”, explicó la jefa del Ejecutivo.
La investigación se centra en el análisis de la “caja negra” de la locomotora, un dispositivo crucial que registró las velocidades, la aplicación de frenos y las condiciones mecánicas del convoy segundos antes de que los dos primeros vagones se precipitaran por un terraplén de 6.5 metros de altura en la comunidad de Nizanda, municipio de Asunción Ixtaltepec.
El factor López Beltrán y la ofensiva opositora
El caso ha trascendido la nota roja para instalarse en la arena política. El pasado 6 de enero, legisladores panistas presentaron una denuncia ante la FGR contra Gonzalo López Beltrán, conocido como «Bobby», acusándolo de presuntos delitos de corrupción, tráfico de influencias y homicidio culposo. La oposición argumenta que su rol en el proyecto no fue meramente simbólico.
Ante esto, Sheinbaum desestimó la necesidad de la denuncia partidista, argumentando que la carpeta de investigación se abrió de oficio tras el accidente. Sin embargo, aprovechó para blindar la figura del hijo del exmandatario.
“Él (López Beltrán) jugó un papel honorífico en la revisión, más bien de los tiempos de construcción. La supervisión técnica de construcción del tren estuvo a cargo de ingenieros”, reiteró la presidenta. Según la narrativa oficial, las atribuciones de López Beltrán se limitaban a verificar el avance del cronograma, careciendo de injerencia en la calidad de los materiales o la seguridad de la vía.
No obstante, la oposición, encabezada también por figuras como Alejandro Moreno (PRI), ha exigido una auditoría externa e independiente, señalando que la corrupción y la premura en la entrega de obras emblemáticas son los verdaderos responsables de la tragedia.
Infraestructura bajo la lupa: curvas, pendientes y trenes viejos
Más allá de las declaraciones políticas, el contexto técnico del Tren Interoceánico presenta focos rojos que habían sido advertidos con anterioridad. Reportes de La Silla Rota y documentos de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) indican que la ruta presenta desafíos de diseño críticos, como curvas pronunciadas y pendientes considerables que dificultan la operación de trenes pesados.
A esto se suma la controversia sobre el material rodante. El gobierno federal, a través del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec (FIT), invirtió cerca de 65 mil millones de pesos en el proyecto. Sin embargo, parte de esta inversión se destinó a la compra de equipos con hasta 50 años de antigüedad, adquiridos tras salir de circulación en Inglaterra y Estados Unidos.
La Línea Z, que conecta Coatzacoalcos, Veracruz, con Salina Cruz, Oaxaca, recorre 212 kilómetros de orografía compleja. Previo al accidente, el Fideicomiso para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec (FIDIT) había destinado más de 7 mil 831 millones de pesos para corrección de trazos y modernización de vías. Irónicamente, 120 millones se asignaron específicamente para estabilizar taludes en el tramo Chivela-La Mata, zona aledaña al siniestro.
Lo que sigue
Mientras las familias de las víctimas esperan justicia y reparación, el gobierno federal se enfrenta a la tarea de demostrar que la investigación será transparente y ajena a conflictos de interés. La promesa de Sheinbaum de «investigar todo» se pondrá a prueba cuando el peritaje de la FGR revele si el descarrilamiento fue producto de un error humano, una falla mecánica de los trenes «reciclados» o una deficiencia estructural en una vía supervisada por ingenieros, pero impulsada políticamente bajo una presión de tiempos que vigilaba el hijo del expresidente.
Por ahora, la moneda está en el aire y la «caja negra» tiene la última palabra.

