Lo que comenzó como un grito contra el hambre en los bazares de Teherán se ha convertido en una carnicería. Mientras el régimen de los ayatolás intenta sofocar a sangre y fuego la mayor revuelta en décadas, la comunidad internacional observa con terror cómo Irán se desliza hacia un escenario de guerra civil e intervención extranjera. Este martes, el conflicto entró en una fase crítica: organizaciones de derechos humanos elevaron la cifra de muertos a más de 2,400, al tiempo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dinamitó cualquier puente diplomático instando a los iraníes a «tomar el control de sus instituciones».
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en EE. UU., actualizó su balance a 2,403 manifestantes muertos y más de 18,000 detenidos desde el 28 de diciembre. Sin embargo, el horror podría ser mayor: funcionarios del Ministerio de Salud iraní filtraron a medios internacionales, bajo anonimato, que los informes internos del gobierno ya contabilizan cerca de 3,000 fallecidos.
«Disparan a la cara»: El testimonio del horror
A pesar del bloqueo de internet que mantiene al país en una «oscuridad digital» desde hace cinco días, el restablecimiento parcial de líneas telefónicas ha permitido que el mundo escuche los gritos de auxilio. Testimonios recopilados por CNN y The New York Times describen hospitales desbordados donde los médicos deben decidir a quién salvar en medio del caos.
«Vi una situación de víctimas masivas. Parecía que se había dado la orden de usar munición real», relató un médico iraní que huyó del país. Según su testimonio, las fuerzas de seguridad han pasado de usar perdigones a emplear ametralladoras pesadas tipo Dushka y francotiradores en los techos, apuntando deliberadamente a los rostros de los civiles. «La vida está paralizada. Todos están atrapados en el miedo», sentenció.
La ONU y su Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, condenaron el uso de «fuerza letal» y advirtieron sobre la inminente ejecución de manifestantes detenidos, como el caso del joven Erfan Soltani, de 26 años, cuya sentencia de muerte estaría programada para este miércoles sin el debido proceso.
Trump: «La ayuda está en camino»
Lejos de buscar una desescalada, la Casa Blanca ha optado por echar gasolina al fuego. A través de su red Truth Social, Donald Trump canceló este martes cualquier reunión con funcionarios iraníes y lanzó un mensaje incendiario que bordea la declaración de guerra: «Patriotas iraníes, ¡SIGAN PROTESTANDO! (…) Guarden los nombres de los asesinos. La ayuda está en camino».
La administración estadounidense anunció además la imposición de aranceles del 25% a cualquier país que comercie con Irán, una medida de asfixia económica que golpea directamente a socios comerciales como China e India, y que amenaza con estrangular aún más a la población civil iraní, ya golpeada por la inflación.
Expertos en derecho internacional y diplomáticos en la ONU advierten que el llamado de Trump a «tomar las instituciones» y sus amenazas de intervención militar violan la soberanía estatal y la Carta de las Naciones Unidas. El embajador iraní ante la ONU acusó a Washington de «incitación a la violencia», mientras que el régimen de Teherán utiliza la retórica agresiva de Trump para justificar su represión interna, tildando a los manifestantes de «mercenarios extranjeros».
El mundo contiene el aliento
La gravedad de la situación ha movilizado a Europa. Países como Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos convocaron a los embajadores iraníes para exigir el fin de la matanza. En Berlín, el canciller Friedrich Merz fue contundente al señalar que el régimen carece de legitimidad y auguró su colapso ante la presión social, aunque la cohesión de la Guardia Revolucionaria sigue siendo el principal obstáculo para un cambio.
Mientras tanto, Israel espera en silencio, coordinando con Washington y elevando su preparación operativa. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha evitado declaraciones públicas directas por orden de su gabinete, dejando el protagonismo de la confrontación a Trump.
Para el ciudadano común en Irán, atrapado entre la brutalidad de su propio gobierno y la amenaza de bombas y sanciones estadounidenses, el futuro es desolador. «La gente está hambrienta y furiosa», confesó un residente de Teherán. «La vida es inalcanzable. Estamos solos».

