En una escalada sin precedentes de las medidas de control fronterizo, la administración del presidente Donald Trump comenzó este miércoles la instalación de un masivo “muro flotante” sobre el cauce del Río Bravo. La barrera física se extenderá por más de 800 kilómetros, reviviendo y amplificando la polémica estrategia de boyas que generó tensiones diplomáticas en el pasado.
El anuncio fue oficializado desde la frontera entre Brownsville, Texas, y Matamoros, Tamaulipas, por la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem. La funcionaria detalló que esta infraestructura busca dificultar físicamente el cruce de migrantes indocumentados e inhibir el tráfico de drogas hacia territorio norteamericano.
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— Homeland Security (@DHSgov) January 7, 2026
Una barrera de escala monumental
Durante la conferencia de prensa, Noem ilustró la magnitud del proyecto comparando su longitud con la distancia que existe entre la capital estadounidense, Washington D.C., y la ciudad de Nashville, Tennessee (aproximadamente 644 millas).
“Estas barreras son financiadas con fondos contenidos en el ‘Gran y Hermoso Proyecto de Ley’ del presidente Trump. Más de 130 millas (209 kilómetros) ya fueron asignadas bajo contrato y estarán listas para ser desplegadas empezando el día de hoy”, afirmó la secretaria.
Tecnología «anti-cruce»
A diferencia del polémico plan piloto impulsado por el gobierno de Texas en 2023, que cubría apenas 303 metros con boyas esféricas y que desató un conflicto diplomático con el entonces gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el nuevo muro flotante presenta una evolución técnica agresiva.
El jefe de la Patrulla Fronteriza, Mike Banks, explicó que el nuevo diseño consiste en tubos cilíndricos y rodillos flotantes de color naranja, con un diámetro de entre 1.2 y 1.4 metros. Su estructura lisa y rotatoria está diseñada específicamente para complicar que las personas puedan treparlos, mientras que su anclaje impide el paso por debajo del agua, incorporando lo que denominó «tecnología de punta».
Tensión diplomática latente
La reactivación de este proyecto a gran escala plantea un nuevo desafío para la relación bilateral. Cabe recordar que, en su etapa experimental, el muro de boyas fue calificado por México como una violación al Tratado de Aguas de 1944 y a la soberanía nacional, postura que también fue respaldada en su momento por la actual presidenta Claudia Sheinbaum durante su etapa como aspirante presidencial, quien condenó el riesgo humanitario que estas estructuras representan para los migrantes.
Con el inicio de las obras este 7 de enero, la administración Trump concreta una de sus promesas de campaña más visibles, transformando el paisaje del Río Bravo en una fortaleza flotante.

