Brigitte Bardot, el mito viviente que escandalizó y sedujo al mundo en los años 50 y 60, falleció este domingo a los 91 años de edad. Aunque el cine la recordará eternamente como la mujer que bailó mambo descalza y con la melena alborotada en Y Dios creó a la mujer, su legado más apasionado no se encuentra en las pantallas, sino en su lucha incansable por aquellos que no tienen voz: los animales.
De símbolo sexual a activista radical
En 1973, en la cúspide de su belleza y fama, Bardot tomó una decisión que dejó atónita a la industria: se retiró del cine a los 38 años. Hastiada de la persecución de los paparazzis y de ser tratada como un objeto de consumo, «BB» encontró un nuevo propósito.
«Les di mi belleza y mi juventud a los hombres. Voy a darles mi sabiduría y experiencia a los animales», declaró famosamente al iniciar su segunda vida.
⚫️La Fondation Brigitte Bardot annonce avec une immense tristesse, le décès de sa Fondatrice et Présidente, Madame Brigitte Bardot, actrice et chanteuse mondialement reconnue, qui a choisi d’abandonner sa carrière prestigieuse pour dédier sa vie et son énergie à la défense des… pic.twitter.com/OgKo2cYOF0
— Fondation Brigitte Bardot (@FBB_Officiel) December 28, 2025
Lo que comenzó como una excentricidad para la opinión pública de la época, se convirtió en un movimiento pionero. En 1977, Bardot viajó a los hielos de Canadá para protestar contra la matanza de focas, logrando imágenes icónicas que dieron la vuelta al mundo y cambiaron la percepción sobre la crueldad animal.
Una vida dedicada a la protección
En 1986 creó la Fundación Brigitte Bardot, subastando sus joyas y recuerdos personales para financiarla. Desde esa trinchera, luchó contra:
Para Bardot, los animales fueron su refugio ante una humanidad que a menudo la decepcionó. Su amor por ellos fue tal que llegó a generar fricciones en su vida personal; su relación con su único hijo, Nicolas, fue distante y dolorosa, llegando a decir en sus memorias que hubiera preferido «parir a un perrito», una frase que evidenció sus profundas heridas emocionales y su rechazo a la maternidad tradicional.
Luces y sombras de un ícono
La figura de Bardot fue compleja hasta el final. Si bien el presidente de Francia la despidió calificándola como una «existencia francesa» y un «resplandor universal», sus últimos años estuvieron marcados por la polémica.
Su reclusión en «La Madrague», su famosa casa en Saint-Tropez, vino acompañada de un giro hacia la extrema derecha política. Bardot fue condenada en múltiples ocasiones por incitación al odio racial debido a sus comentarios sobre la inmigración, el Islam y la comunidad homosexual. Sin embargo, ella se mantuvo fiel a su personalidad: sin filtros, provocadora y rebelde.
Brigitte Bardot se ha ido, pero deja dos legados imborrables: la liberación sexual de la mujer en la posguerra y la certeza de que la fama puede utilizarse como un arma poderosa para proteger a la naturaleza.

