Fotografía: Dejó atrás su estatus de símbolo global para liderar una cruzada en favor de los derechos de los animales, una misión que definió su segunda vida. Crédito de la imagen a Fondation Brigitte Bardot
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Brigitte Bardot, el mito viviente que escandalizó y sedujo al mundo en los años 50 y 60, falleció este domingo a los 91 años de edad. Aunque el cine la recordará eternamente como la mujer que bailó mambo descalza y con la melena alborotada en Y Dios creó a la mujer, su legado más apasionado no se encuentra en las pantallas, sino en su lucha incansable por aquellos que no tienen voz: los animales.

De símbolo sexual a activista radical

En 1973, en la cúspide de su belleza y fama, Bardot tomó una decisión que dejó atónita a la industria: se retiró del cine a los 38 años. Hastiada de la persecución de los paparazzis y de ser tratada como un objeto de consumo, «BB» encontró un nuevo propósito.

«Les di mi belleza y mi juventud a los hombres. Voy a darles mi sabiduría y experiencia a los animales», declaró famosamente al iniciar su segunda vida.

Lo que comenzó como una excentricidad para la opinión pública de la época, se convirtió en un movimiento pionero. En 1977, Bardot viajó a los hielos de Canadá para protestar contra la matanza de focas, logrando imágenes icónicas que dieron la vuelta al mundo y cambiaron la percepción sobre la crueldad animal.

Una vida dedicada a la protección

En 1986 creó la Fundación Brigitte Bardot, subastando sus joyas y recuerdos personales para financiarla. Desde esa trinchera, luchó contra:

  • La tauromaquia y las corridas de toros.
  • El consumo de carne de caballo.
  • La experimentación en laboratorios.
  • El sacrificio de animales callejeros.
  • Para Bardot, los animales fueron su refugio ante una humanidad que a menudo la decepcionó. Su amor por ellos fue tal que llegó a generar fricciones en su vida personal; su relación con su único hijo, Nicolas, fue distante y dolorosa, llegando a decir en sus memorias que hubiera preferido «parir a un perrito», una frase que evidenció sus profundas heridas emocionales y su rechazo a la maternidad tradicional.

    Luces y sombras de un ícono

    La figura de Bardot fue compleja hasta el final. Si bien el presidente de Francia la despidió calificándola como una «existencia francesa» y un «resplandor universal», sus últimos años estuvieron marcados por la polémica.

    Su reclusión en «La Madrague», su famosa casa en Saint-Tropez, vino acompañada de un giro hacia la extrema derecha política. Bardot fue condenada en múltiples ocasiones por incitación al odio racial debido a sus comentarios sobre la inmigración, el Islam y la comunidad homosexual. Sin embargo, ella se mantuvo fiel a su personalidad: sin filtros, provocadora y rebelde.

    Brigitte Bardot se ha ido, pero deja dos legados imborrables: la liberación sexual de la mujer en la posguerra y la certeza de que la fama puede utilizarse como un arma poderosa para proteger a la naturaleza.


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