Lo que fue convocada como la gran protesta de la «Generación Z» se ha convertido en una encarnizada batalla por la narrativa política. La marcha del pasado 15 de noviembre, que inicialmente unió a miles bajo consignas legítimas de seguridad y justicia tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo, terminó descarrilada por la violencia, la infiltración política y un saldo de guerra: más de 120 lesionados, un centenar de ellos policías, y 40 personas detenidas.
Ahora, el movimiento enfrenta su mayor crisis: una fractura expuesta entre quienes asistieron, los políticos que buscan capitalizarla y los colectivos juveniles originales, que denuncian una «instrumentalización» y llaman a una nueva movilización este 23 de noviembre, la que, aseguran, será la «verdadera» protesta de su generación.
La jornada del sábado comenzó con miles de personas, muchas de ellas jóvenes, congregándose con demandas claras: un fin a la impunidad y justicia por el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, cuya figura se ha vuelto un símbolo de hartazgo. Sin embargo, al llegar al Zócalo, la protesta se desbordó. Un grupo de encapuchados derribó las vallas metálicas que resguardan Palacio Nacional, desatando un enfrentamiento directo con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC).
El secretario de la SSC, Pablo Vázquez, detalló la gravedad del saldo: «Más de 100 policías resultaron heridos, 40 de ellos requirieron traslado a hospitales, cuatro con traumatismos que requieren atención especializada». Además, se reportaron 20 civiles lesionados y 20 personas fueron puestas a disposición de la Fiscalía General de Justicia por «actos violentos», mientras otras 20 fueron remitidas por faltas administrativas.
El caos en la plancha del Zócalo no solo dejó heridos, sino que abrió la puerta a una guerra de declaraciones que domina hoy la agenda nacional.
La narrativa oficial: «Guerra sucia» de la oposición
La respuesta del oficialismo fue inmediata y contundente. La presidenta Claudia Sheinbaum, quien días antes había calificado la convocatoria de «inorgánica» y «pagada desde el extranjero», reiteró desde Tabasco su rechazo a la violencia y aseguró que su gobierno mantiene un «vínculo firme con la ciudadanía» que resiste «intentos de desestabilización».
«Somos uno solo, pueblo y gobierno. Jamás nos vamos a separar del pueblo de México», afirmó Sheinbaum, quien insistió en que la presencia juvenil fue menor y que «no hay fuerza que pueda detenernos».
Pero fue la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, quien puso nombre y apellido a los supuestos responsables. Alcalde acusó directamente a la oposición de orquestar la marcha, minimizando la participación juvenil a solo un 10%. «Era una marcha que estaba empujada por la oposición», declaró.
Según la líder de Morena, la protesta fue una farsa magnificada por «más de ocho millones de bots e influencers». Señaló la presencia de figuras como Guadalupe Acosta Naranjo, Fernando Belaunzarán, Pedro Ferriz de Con y Emilio Álvarez Icaza, quienes, dijo, «de jóvenes no tienen absolutamente nada, pero de opositores todo».
Alcalde incluso denunció la participación de consultores de la «derecha internacional» ligados a Javier Milei y Jair Bolsonaro, en un intento de «manipular y aprovechar tragedias para sacar raja política».
En la misma línea, la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, condenó la violencia y cuestionó: «¿Esa es la manera en la que van a participar políticamente quienes no estén de acuerdo con este movimiento?». Brugada aseguró que su gobierno no caerá en provocaciones y no reprimirá, pero advirtió: «Quienes cometan delitos tendrán que responder».
La otra batalla: «Nos robaron la marcha»
Mientras el gobierno centra sus ataques en la oposición tradicional, desde las propias filas de los convocantes originales surge una narrativa paralela e igualmente potente: la de la cooptación.
Colectivos juveniles y voceros del movimiento que se organizó en redes sociales han salido a deslindarse de la violencia y, sobre todo, de la instrumentalización política que, denuncian, vino tanto de la oposición como de grupos infiltrados.
Un comunicado del colectivo «COMUNICADO GEN Z» (sic), que circula en redes, confirma esta fractura. El texto reconoce que la marcha del 15 de noviembre partió de «consignas legítimas», pero fue «promovida y también instrumentalizada por la oposición electoral, incluyendo al expresidente V. Fox».
Esta facción, que se asume como apartidista, denuncia que las redes «oficiales» del movimiento Gen Z fueron secuestradas por un nuevo grupo «con vínculos con el PRI», marginando a los organizadores originales. «En Revolución consideramos que la variedad es nuestra fortaleza, la de un frente unido en México que busca luchar en un sistema político y económico que favorece unos cuantos», señala el comunicado.
Analistas y participantes en la marcha, como el colectivo «Frente Memero Subversivo» (FMS), reforzaron esta idea. «Ayer se desmontaron varias consignas sobre la marcha de la Generación Z: 1) La mayoría no eran jóvenes. 2) No eran ‘ni de izquierda ni de derecha’. 3) No eran apartidistas», publicaron. El FMS, que se define como «en contra del avance del neo-fascismo» y no «Pro / Anti 4T», señaló que la presencia de viejas élites y figuras de la derecha fue evidente.
Esta visión pinta un panorama complejo: jóvenes con demandas reales sobre seguridad y violencia, cuyo enojo fue capitalizado por figuras políticas que vieron en la tragedia de Carlos Manzo una oportunidad de golpeteo político.
La analista Carla Escoffié también señaló las contradicciones de la protesta, destacando la «brutalidad policial» que se ejerció. «Lo novedoso es que algunos que antes celebraban que ‘les dieran su merecido a esos revoltosos’ ahora sí comprenden que no está chido celebrar… Ojalá no sea efímera esa aparente empatía», escribió, apuntando a la hipocresía de sectores de clase alta que solo condenan la represión cuando les afecta.
La verdadera marcha: la cita del 23
Deslindados de la violencia y de la cooptación partidista, los colectivos que se consideran la «verdadera» Generación Z ya han puesto una nueva fecha. El objetivo es doble: retomar sus demandas originales y demostrar que su movimiento es auténtico y apartidista.
La nueva convocatoria está fijada para el próximo sábado 23 de noviembre. El «COMUNICADO GEN Z» es explícito en su plan de acción: «Apoyar al Frente Nacional x las 40hrs este 23 de Noviembre».
Esta nueva movilización, que coincidirá con las demandas por una jornada laboral digna, es presentada por estos grupos como el verdadero ejercicio de la Generación Z, enfocado en «círculos de estudio», «cooperación entre colectivos disidentes» y la lucha por cambios estructurales, lejos de la «propaganda» del 15 de noviembre.
Las demandas que se perdieron en el caos
En medio de la batalla campal, tanto física como discursiva, las demandas originales que encendieron la mecha social parecen haberse perdido. La primera convocatoria, difundida por la cuenta @generacionz_mx, listaba exigencias que iban más allá de un simple «fuera Morena».
El pliego petitorio original, que detonó el enojo social, incluía:
Irónicamente, la marcha que exigía participación sin manipulación terminó siendo el ejemplo perfecto de cómo las demandas legítimas pueden ser devoradas por intereses políticos.
La protesta del 15 de noviembre expuso las profundas fracturas de México. Demostró que existe un hartazgo social real y palpable que el gobierno no debe ignorar. Pero también exhibió la debilidad de un movimiento juvenil que fue fácilmente infiltrado y cooptado por figuras de la oposición, desacreditando sus propias causas ante la opinión pública.
Mientras la Fiscalía capitalina trabaja en las carpetas de investigación contra los 40 detenidos y los hospitales atienden a los policías heridos, la Ciudad de México se prepara para un segundo round.
La cita del 23 de noviembre será crucial. Será la oportunidad para que la Generación Z demuestre si puede organizarse de forma pacífica y autónoma, o si su ímpetu, como tantos otros movimientos en la historia del país, terminará siendo solo pólvora para los cañones de la «propaganda» política, sin importar de qué lado disparen.

