Fotografía: La entrega del premio de manos del rey Felipe VI se dará cuando las relaciones entre ambos países han estado en su más bajo nivel.
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Una crónica de Juan Cruz en el Diario El País, encuentra a Gonzalo Celorio con la alegría de encontrar a Cortázar al ser notificado ganador del Premio Cervantes 2025. El escritor, ensayista, novelista y editor mexicano Gonzalo Celorio fue distinguido este lunes con el más importante premio de las letras en español, anunció en Madrid el ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun. «A lo largo de más de cinco décadas, Gonzalo Celorio ha consolidado una voz literaria de notable elegancia y hondura reflexiva, en la que conjuga la lucidez crítica con una sensibilidad narrativa que explora los matices de la identidad, la educación sentimental y la pérdida», explicó el funcionario al anunciar el galardón.

Entre las obras más reconocidas del autor de 77 años se encuentran las novelas Amor propio, El viaje sedentario, Y retiemble en sus centros la tierra, El metal y la escoria y Mentideros de la memoria, así como los ensayos Los subrayados son míos y Cánones subversivos.

SE SUMA CELORIO A CARPENTIER, BORGES, VARGAS LLOSA…

El Cervantes, con una dotación de 125.000 euros, empezó a otorgarse en 1976, y ha recaído en grandes nombres como Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Guillermo Cabrera Infante, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Nicanor Parra, Sergio Ramírez y Rafael Cadenas. Celorio recibirá el premio de manos del rey Felipe VI el 23 de abril en el paraninfo de la Universidad de Alcalá, cerca de Madrid, donde se celebra el solemne acto en el aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, el autor de Don Quijote de la Mancha, en 1616. Doctor en Lengua y Literaturas Hispánicas y especializado en Literatura Hispanoamericana con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el escritor ha desarrollado una extensa labor académica y docente.
Celorio, que nació en Ciudad de México en 1948, es actualmente profesor de literatura hispanoamericana en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde dirige la cátedra Maestros del exilio español.

LA LITERATURA ES COMPAÑÍA

Convencido de que la literatura es compañía, ha trabajado la memoria propia yendo y viniendo a los lugares de los que provienen los suyos. Gonzalo Celorio, durante una entrevista para El País, en 2022, en su casa en el sur de la Ciudad de México con Iñaki Malvido lo retrata, “déjenme decirlo, el mejor contador de historias que ha dado la literatura de esta lengua al menos en los años fértiles de la generación que representa este mexicano de tantos sitios. Cualquier cosa que ocurra en su escritura, volátil y animada a la vez, tiene la esencia de su primer descubrimiento grande, el que aconteció cuando Julio Cortázar lo despertó a la ficción y él agarró esta como si él estuviera conviviendo con Julio. Es un premio que recae en el ensayista, escritor y crítico “por su excepcional obra literaria, profunda y sostenida a la cultura hispánica”, ha señalado el jurado, que destaca que Celorio “conjuga una lucidez crítica que explora la identidad sentimental y la pérdida”. Celorio se alza así con el máximo galardón de la literatura en lengua castellana.

UN PREMIO AL MARGEN DE AMLO

La entrega del galardón al escritor mexicano parece un nuevo gesto cultural hacia México, cuando las relaciones entre ambos países han estado en horas bajas tras el reclamo del expresidente Andrés Manuel López Obrador de un perdón por parte de España por los excesos de la conquista. La Fundación Princesa de Asturias entregó a mediados de octubre el reconocimiento a la Concordia al Museo Nacional de Antropología y de las Artes a la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide. El trabajo del reportero de El País, retrata a Celorio como uno de los ensayistas, narradores y académicos más destacados de la literatura mexicana contemporánea. Su obra se caracteriza, como él mismo lo ha reconocido, por un profundo amor a la lengua y una mirada melancólica sobre la memoria. Celorio ha definido sus obras como “novelas memoriosas”, porque en ellas ahonda en la historia familiar, pero también sobre la vida y las creaciones de escritores con los que se ha relacionado.

En su más reciente libro, Ese montón de espejos rotos (Tusquets), el escritor ha decidido hablar de su propia vida, en unas memorias en las que ahonda en su vocación literaria, su formación intelectual y su trabajo académico. El título de la obra, explica el autor en su prólogo, es un verso de Borges que para él “define con acierto la memoria”. Celorio narra: “Este libro amontona recuerdos dispersos que son reflejos de algunos tramos de mi vida. Y solo reflejos, porque el lenguaje, ineludible y paradójicamente, distorsiona lo que se propone retener en la memoria, más aún si aquello que intenta preservar ocurrió en tiempos remotos. Pero de ninguna manera he pretendido hacer una autobiografía; si acaso, apenas registrar ciertos aspectos significativos de mi vida”. Es, agrega, un compendio de lo que define como sus “exultantes pasiones”: “La palabra, la literatura, el teatro, la música popular, la fiesta, la celebración, los rituales domésticos, el barroco, la arquitectura, el magisterio, la amistad, el amor y sus simulacros”. El libro inicia justamente con una evocación melancólica de la edad adulta, a los 72 años, ese “invierno tan temido”. Recuerda a su padre, fallecido a los 70 años. “Ahora yo soy más viejo de lo que él nunca fue. Es cierto que, a semejanza suya, me paso la mayor parte de la vida en soledad, sentado a mi escritorio, pergeñando textos inútiles, rumiando lecturas empolvadas o inventando fabulaciones que seguramente ya escribieron otros”, escribe de forma lírica o “poética”, como ha definido algunos expertos su estilo. A pesar de haber llegado a ese “invierno” de la adultez, Celorio recuerda que sigue activo, impartiendo cursos académicos —“absorbiendo la sangre juvenil de mis alumnos”, acota— y escribiendo. “No me he jubilado ni pienso hacerlo hasta que desfallezcan mis fuerzas o mi lucidez, que tengo más proyectos en la cabeza que capacidad para realizarlos”, advierte el escritor que practica tai chi y que, cuenta, “todos los días me baño, me rasuro y me visto, aunque no tenga que salir de casa”.

Celorio y la alegría de encontrar a Cortázar. Es el entusiasmo por la vida y la curiosidad que depara cada día de este académico formado en Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde ha sido profesor, director de la Facultad de Filosofía y Letras y miembro del Instituto de Investigaciones Filológicas. Celorio ha dedicado su vida a pensar y enseñar la literatura mexicana. Es también director de la Academia Mexicana de la Lengua, desde donde ha impulsado el cuidado y la renovación del idioma. El escritor alcanzó amplio reconocimiento con Amor propio (1992) y Y retiemble en sus centros la Tierra (1999), novelas de tono autobiográfico que combinan ironía, memoria y crítica social. Dedicó su trilogía Una familia ejemplar a sus orígenes, ahondando en ese pasado desde “el minarete del anonimato en el que me colocó el undécimo lugar que ocupó en la prolífica descendencia de mis padres. Inevitablemente, he narrado, en primera persona, varios episodios de mi infancia y algunos de mi juventud, pero no soy el protagonista de estas obras”. Se trata, dicen sus críticos, de una prosa culta y elegante que oscila entre la erudición y la confesión personal.

LA IRONÍA PRESENTE EN SU OBRA

La ironía no solo está presente en su obra, también en los comentarios que hace de su quehacer: “He tenido la fortuna de dedicarme a la literatura, que no sirve para nada, pero que ha sido un lujo que he disfrutado a lo largo de mi vida”, dijo en 2010 al diario mexicano La Jornada. Una pasión por la literatura que inició desde su niñez: “Creo que todo escritor es antes que otra cosa un lector y tuve la fortuna de ser un lector precoz desde muy niño; tuve un gusto por la palabra dicha y escrita”, recordó. “Alterné el gusto por la lectura y el entusiasmo por la escritura. Me he dedicado a esto que –como digo– no sirve para nada, pero es realmente un lujo maravilloso, al cual por fortuna he tenido la posibilidad de dedicarme de por vida”, afirmó.

Los dos últimos años, el Cervantes lo recibieron autores españoles, algo que rompió la tradicional alternancia entre autores españoles e iberoamericanos, que en la última década ha pasado a ser cada dos años. Los dos premiados anteriores a Luis Mateo Díez fueron el poeta venezolano Rafael Cadenas (2022) y la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi (2021). En las ediciones de 2020 y 2019 ganaron los poetas españoles Francisco Brines y Joan Margarit, respectivamente, mientras que en 2018 y 2017 lo obtuvieron la poeta uruguaya Ida Vitale y el nicaragüense Sergio Ramírez. Los candidatos a este galardón son propuestos por el pleno de la Real Academia Española, por las Academias de la Lengua de los países de habla hispana y por los ganadores de pasadas ediciones. Las candidaturas de este año se cerraron el 21 de octubre.


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