Fotografía: La administración Trump acusa a México de violar acuerdos aéreos y de crear un mercado injusto.
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El cielo que une a México y Estados Unidos se ha nublado por una disputa de alto vuelo. La administración del presidente Donald Trump asestó un golpe directo a la aviación comercial al ordenar este lunes la disolución de la empresa conjunta que desde 2016 mantenían las aerolíneas Delta y Aeroméxico. La decisión, que revoca su inmunidad antimonopolio, obliga a las compañías a deshacer su acuerdo para fijar precios y rutas coordinadas, una medida que, según el gobierno estadounidense, es una respuesta directa a las «acciones anticompetitivas» de México.

El secretario de Transporte de EE.UU., Sean Duffy, fue contundente al justificar la medida, afirmando que el gobierno mexicano ha incumplido el Acuerdo de Transporte Aéreo de 2015. «Tras años aprovechándose de Estados Unidos y de nuestras aerolíneas, necesitamos ver acciones definitivas por parte de México que igualen las reglas del juego y restablezcan la equidad», sentenció Duffy.

El centro del conflicto radica en las políticas aeroportuarias implementadas en México, específicamente la decisión de prohibir las operaciones de carga en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) para trasladarlas al nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), y la subsecuente reducción de slots (espacios de operación) en el AICM. Para Washington, estas acciones han creado una «ventaja injusta» para la alianza Delta-Aeroméxico, los competidores dominantes en el mercado binacional.

México y las aerolíneas lamentan la decisión

La respuesta no se hizo esperar. Aeroméxico expresó en un comunicado que «lamenta» la orden del USDOT, argumentando que la decisión «pasa por alto los beneficios que la alianza ha brindado a la conectividad, el turismo y a los consumidores en México». Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, defendió las acciones de su gobierno, calificando el traslado de operaciones de carga al AIFA como una «decisión técnica» necesaria para descongestionar el saturado AICM por motivos de seguridad.

Ambas aerolíneas han luchado contra esta amenaza desde que se perfiló en julio, argumentando que no es justo castigarlas por decisiones gubernamentales. Advierten que el fin de su empresa conjunta podría poner en riesgo una veintena de rutas y generar pérdidas de hasta 800 millones de dólares en beneficios económicos asociados al turismo y al empleo en ambos países.

¿Qué significa para los pasajeros?

Aunque la orden es drástica, Aeroméxico ha garantizado que sus clientes no se verán afectados de inmediato y que los acuerdos de código compartido seguirán vigentes, permitiendo la conectividad. Sin embargo, la disolución de la alianza antes del 1 de enero de 2026 impedirá que ambas compañías puedan coordinar precios, horarios y capacidad, lo que podría traducirse en cambios en la oferta de vuelos y tarifas a mediano plazo.

Por ahora, Delta mantendrá su participación del 20% en Aeroméxico, pero la colaboración estrecha que ha definido el mercado aéreo más grande para los viajeros estadounidenses —con más de 40 millones de pasajeros el año pasado— enfrenta un futuro incierto. Mientras las aerolíneas evalúan sus próximos pasos, la industria observa con atención las repercusiones de una disputa que va más allá de los aeropuertos y se convierte en un nuevo frente en las complejas relaciones comerciales entre México y Estados Unidos.


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