Fotografía: Su defensa denuncia un acto "absurdo e inhumano", mientras compañeras se suman a la protesta en solidaridad.
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«Cuando se trata de una cuestión de humanidad, de que simplemente necesitaba despedirme de mi mamá, me lo niegan». Con la voz entrecortada por el dolor, la defensora indígena amuzga Kenia Inés Hernández Montalván notificó desde el penal femenil de Nezahualcóyotl la decisión que la ha empujado a una huelga de hambre: una jueza le ha negado el permiso para asistir al funeral de su madre, Inés Montalván, fallecida este domingo en Xochistlahuaca, Guerrero.

La noche del domingo, a las 21:30 horas, Kenia Hernández inició la protesta extrema tras enterarse de la muerte de su madre. La respuesta a su solicitud extraordinaria de salida por razones humanitarias llegó este lunes por parte del Juzgado de Ejecución de Sentencias de Nezahualcóyotl. La jueza María Leticia Olvera Medina resolvió la petición como improcedente, argumentando que la distancia entre el penal y la comunidad guerrerense hacía «inviable» el traslado.

Esta justificación fue calificada como «absurda e inhumana» por Antonio Lara Duque, abogado del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero y defensor de Kenia. El litigante denunció una grave contradicción en el sistema, pues mientras se alegan incapacidades operativas para un acto humanitario, sí existen los recursos y convenios para trasladar a la activista a otras entidades cuando se trata de vincularla a nuevos procesos judiciales.

«Es un hecho que no van a llevar a Kenia a despedirse de su mamá. Es un golpe profundamente doloroso e injusto», lamentó Lara Duque, señalando que aunque la resolución puede combatirse legalmente, los tiempos no permitirían llegar al sepelio.

Considerada una presa política por diversas organizaciones no gubernamentales, Kenia Hernández está por cumplir cinco años privada de su libertad. Enfrenta nueve causas penales en distintos estados, la mayoría por el delito de «ataques a las vías de comunicación», derivado de protestas en casetas de peaje en defensa de derechos humanos. Su abogado subraya que, al no ser delitos graves, la ley contempla acuerdos reparatorios que podrían darle la libertad, pero ninguno de sus procesos ha llegado a juicio.

En un mensaje difundido en redes sociales, la activista expresó su angustia no solo por el duelo, sino por el futuro de sus hijos, quienes estaban bajo el cuidado de su abuela. «Mi madre era la que les preparaba los almuerzos, revisaba sus tareas y ahora no sé qué va a pasar con ellos», manifestó.

Como un gesto de sororidad, nueve de sus compañeras de reclusión se han sumado a la huelga de hambre, una medida de presión que, hasta ahora, no ha logrado sensibilizar a las autoridades. Kenia Hernández definirá en los próximos días si mantendrá esta protesta que busca visibilizar lo que su defensa y ella consideran un acto de crueldad por parte del Estado.


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