Fotografía: El legislador no solo defendió la adquisición como un acto legítimo, sino que contraatacó exhibiendo la presunta opacidad de líderes de oposición, a quienes calificó de "pobrecitos" por no reportar bienes.
Compartir

En el corazón de Tepoztlán, Morelos, se levanta una propiedad de 1,200 metros cuadrados que se ha convertido en el epicentro de un debate nacional. Su dueño es Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y una de las voces más estridentes de la Cuarta Transformación. Su valor: 12 millones de pesos, una cifra que choca frontalmente con el pilar de la «austeridad republicana» que enarbola su movimiento.

Fuente: emequis/ Declaración patrimonial del senador Noroña

Tras la revelación de su declaración patrimonial, Noroña no tardó en responder, pero su estrategia no fue la de un político acorralado, sino la de un polemista en su elemento. «Con mi ingreso como senador y mi ingreso en YouTube, yo estoy pagando un crédito», afirmó, insistiendo en la legitimidad de una compra que, según él, hizo pública desde mayo.

La mejor defensa: exhibir al contrario

En una rueda de prensa que se tornó en un acto de ofensiva política, Noroña desvió los reflectores de su patrimonio para apuntarlos directamente a sus adversarios. Armado con copias de declaraciones patrimoniales, se lanzó a una exhibición sarcástica de la presunta «pobreza» de la oposición.

«Me llama mucho la atención que el gremio periodístico no revise las declaraciones de mis compañeros», dijo antes de empezar el desfile de nombres: Alejandro Moreno, líder del PRI, «pobrecito, se viene en Uber, no tiene ningún bien inmueble». Marko Cortés, exlíder del PAN, «otro que llega en Didi», pero que, según Noroña, compró de contado un inmueble de 12 millones de pesos. Ricardo Anaya y Lilly Téllez, quienes, afirmó, tampoco reportan bienes.

«Voy a promover que les regalen, aunque sea, unas mesas y unas sillas. Se me ha partido el corazón de saber la bárbara austeridad personal en que viven», ironizó, pintando un cuadro de hipocresía en el que él es el transparente y sus críticos, los que ocultan.

Redefiniendo la austeridad: «No tengo obligación personal de ser austero»

Más allá del ataque, Noroña ha sido claro en su postura ideológica: la austeridad es una política de gobierno, no un voto de pobreza personal. «Yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero», sentenció, argumentando que la «justa medianía» juarista significa vivir de acuerdo a los ingresos que la ley permite.

Bajo esa lógica, sus dos camionetas Volvo de lujo, sus viajes a Europa y hasta el cobro de la Pensión del Bienestar son, a sus ojos, actos defendibles. «Resulta que tienes que vivir en una choza con piso de tierra porque si no no puedes estar con el pueblo comprometido», ha espetado a sus críticos.

Sin embargo, este estilo de vida genera un ruido inocultable. Mientras el discurso oficial enaltece la sencillez, uno de sus más altos representantes exhibe un patrimonio que, aunque legal, contrasta con la imagen del «hijo del pueblo» que alguna vez fue.

La casa de Tepoztlán se erige así como un monumento a la gran contradicción de la 4T. Para Noroña, es el fruto legítimo de su trabajo que está pagando a crédito. Para una parte de la ciudadanía, es la prueba de que la «justa medianía» se ha vuelto un concepto tan elástico que ahora puede albergar una residencia millonaria, mientras se exige austeridad al resto del país.


Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *