Fotografía: La cadena de cines es señalada por cobrar un "cargo por servicio" a través de una misteriosa firma externa llamada BowEight Technologies LLC.
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Un cargo por servicio de apenas seis pesos en la compra de boletos en línea de Cinépolis ha destapado una compleja controversia que apunta a una presunta estrategia de evasión fiscal y simulación laboral por parte de la gigante del cine. La polémica se centra en BowEight Technologies LLC, una opaca firma de outsourcing que, según los propios términos y condiciones de Cinépolis, es la encargada directa de cobrar esta comisión, deslindando a la cadena de cines de cualquier responsabilidad.

Esta estructura, expuesta por el abogado Ángel Sau en su cuenta de X (@angeeelsau), ha encendido las alarmas entre consumidores y expertos. La investigación revela que BowEight Technologies parece ser una empresa de papel: su rudimentaria página web muestra a Cinépolis como su único cliente y, el dato más contundente, su líder es Luis Orozco, quien en su perfil de LinkedIn figura como Director de Finanzas (CFO) de Cinépolis USA.

Este vínculo directo sugiere que Cinépolis no está tercerizando un servicio, sino que podría estar utilizando una entidad propia, con sede en el extranjero, para gestionar los cobros digitales y así eludir responsabilidades fiscales y laborales en México. Esta práctica, conocida como outsourcing de personal, fue prohibida en la reforma laboral de 2021 y es considerada un delito de defraudación fiscal.

Una Presunta Simulación Laboral y Fiscal
La estrategia de Cinépolis queda expuesta en sus propios términos y condiciones. En el documento, la empresa afirma que el «cargo por compra o reserva de boletos […] es un servicio proporcionado directamente por la sociedad BowEight Technologies LLC, en consecuencia, no es un servicio prestado por Cinépolis».

Esta cláusula tiene dos implicaciones clave:

Evasión de responsabilidad: Si un usuario tiene problemas con el cobro, fallas en la app —como cargos dobles o boletos no entregados, que han sido reportados masivamente—, Cinépolis se deslinda y lo dirige a reclamar a BowEight, una entidad desconocida para el consumidor.

Fragmentación fiscal: Al separar el cobro del servicio del costo del boleto, se dificulta la fiscalización. De hecho, para obtener una factura por esos seis pesos, el cliente debe solicitarla directamente a un correo de BowEight, no a Cinépolis.

Como señala el abogado Ángel Sau, «ellos te están obligando a ‘contratar un servicio’ con un proveedor externo, que desconoces». Esta práctica podría contravenir las reformas que buscan precisamente evitar que las grandes empresas simulen operaciones para reducir su carga tributaria y diluir sus obligaciones patronales.

Violación a los derechos del consumidor y el silencio de Profeco

Más allá de la posible evasión fiscal, la práctica de Cinépolis atenta directamente contra los derechos de los consumidores. Sau, quien presentó una denuncia ante la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) desde enero y apenas recibió una respuesta preliminar, subraya que se viola el Artículo 7 BIS de la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC).

«La ley es clara», explica Sau. «El precio debe incluir en el precio final TODOS los costos asociados a la venta del producto o servicio. Cinépolis te muestra un precio, y al final te cobra otro».


La frustración de los usuarios se ha hecho sentir en redes sociales, donde denuncian no solo el cobro «oculto», sino la pésima calidad de un servicio por el que están pagando extra. Las constantes caídas de la aplicación, como la ocurrida durante la preventa de ‘Demon Slayer’ el pasado 15 de agosto, y las fallas en las transacciones, han generado una ola de críticas y quejas ante una Profeco que, según los afectados, «bien gracias, comiéndose los mocos».

Mientras Cinépolis se ampara en una estructura corporativa cuestionable, los consumidores quedan atrapados en medio: pagando más por un servicio deficiente y con un riesgo latente de filtración de datos, sin que la autoridad competente actúe con celeridad para protegerlos.


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