En una de las operaciones más relevantes del sector energético de los últimos años, la firma española Cox Group ha adquirido la totalidad de los activos de generación de Iberdrola en México. El acuerdo, valuado en 4,200 millones de dólares, incluye 18 plantas de generación eléctrica —una mezcla de ciclos combinados y energías renovables—, una cartera de nuevos proyectos y la mayor empresa privada de suministro del país, que atiende a más de 500 grandes clientes industriales.
Con esta compra, Cox Group se convierte en un actor dominante en el mercado mexicano, controlando toda la cadena de valor: desde la generación hasta la distribución y comercialización de energía. La empresa, también de origen español, informó que la adquisición es «transformacional» y le permitirá adelantar su plan estratégico global por tres años, proyectando ventas cercanas a los 3,300 millones de dólares para 2025.
La operación integra además a más de 800 trabajadores de Iberdrola México, quienes ahora formarán parte de la nueva estructura de Cox. Sin embargo, la transacción todavía está sujeta a la aprobación final de las autoridades regulatorias mexicanas.
Un adiós anunciado entre señales contradictorias
La salida de Iberdrola no es una sorpresa. Desde hace meses, reportes de medios internacionales, como el diario español El Confidencial, señalaban que la compañía preparaba su retirada ante lo que sus directivos consideraban un entorno de «inseguridad jurídica». Las constantes modificaciones regulatorias y la presión del gobierno durante el sexenio anterior habrían afectado la viabilidad de sus inversiones a largo plazo.
Esta percepción contrasta radicalmente con la visión de Cox Group, que califica a México como un «mercado estratégico» con «sólidos fundamentos macroeconómicos» y «altas oportunidades de crecimiento». En su comunicado oficial, Cox destacó la estabilidad del país y su calificación crediticia como factores clave para su decisión de invertir.
En medio de estas dos posturas, el gobierno mexicano ha fijado su posición. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó recientemente que Iberdrola no tenía razones para abandonar el país, sosteniendo que México ofrece plenas garantías para la inversión privada, siempre que se cumplan las reglas. Sheinbaum señaló que parte de las operaciones de la eléctrica se amparaban en figuras de autoabasto consideradas ilegales, un esquema que permitía vender energía a terceros utilizando la red de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) sin la contraprestación adecuada.
El futuro energético: inversión y colaboración con CFE
Más allá de la compra, Cox Group ha revelado un agresivo plan de inversión en México que asciende a 10,700 millones de dólares para el periodo 2025-2030. Esta cifra incluye la adquisición recién anunciada, más de 4,600 millones para nuevas plantas eléctricas, y hasta 1,700 millones para proyectos de infraestructura hídrica.
De manera destacada, la compañía planea destinar parte de estos recursos para coinvertir en nuevos proyectos de generación directamente con la CFE, abriendo un nuevo capítulo de colaboración público-privada en un sector que busca satisfacer una demanda eléctrica en constante crecimiento. Con esta estrategia, Cox no solo toma el relevo de Iberdrola, sino que redefine su apuesta por México, pasando de ser un actor relevante a un socio estratégico para el desarrollo energético del país.

