Detrás de la fachada de alta tecnificación y productividad de los invernaderos canadienses, donde se cultivan frutas, verduras, flores e incluso cannabis, se esconde una realidad de explotación laboral que afecta a miles de personas campesinas mexicanas. Expertos académicos han calificado la situación como una forma de «esclavitud moderna», con jornadas que pueden duplicar el estándar legal.
Durante el conversatorio “El presente y futuro de la migración y el trabajo en los invernaderos de alta tecnología en México y Canadá”, Luz María Hermoso Santamaría, profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de Chapingo, alertó que, si bien las jornadas formales son de ocho horas, en la práctica «se extienden a 12 y hasta 16 horas». Esta situación afecta a parte de los aproximadamente 30 mil mexicanos que, según Aaraón Díaz Mendiburo, investigador del Centro de Investigaciones de América del Norte de la UNAM, laboran en Canadá bajo el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT).
Olivia Doggett, de la Universidad de Toronto, fue contundente al afirmar que Canadá «depende de la fuerza laboral temporal extranjera», a la que se somete a esta «esclavitud moderna» en los invernaderos. «Hay una gran explotación y quieren que trabajen como máquinas», sentenció, refiriéndose a un colectivo laboral compuesto mayoritariamente por personas de 25 a 40 años.
Díaz Mendiburo, doctor en Antropología, explicó que México se sumó al PTAT en 1974 y, aunque el programa ha sido descrito como ejemplar, presenta contradicciones. Los migrantes, dijo, son clasificados como de «bajas habilidades» pese a dominar sus labores y realizar tareas especializadas. Son «estructuralmente indispensables e irremplazables por empleados canadienses», pero su condición de indispensables deriva de su origen en el sur global. Recordó que, en marzo de 2020, en plena pandemia, el gobierno canadiense cerró fronteras, pero tres días después autorizó la entrada de estos trabajadores, evidenciando su crucial importancia.
La explotación, sin embargo, no es exclusiva de Canadá. Marcela Juárez Morales, profesora de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, señaló que abusos similares ocurren en México, como en Sinaloa, donde prevalece el «acasillamiento» –trabajadores permanentemente adscritos a una hacienda– y una preocupación empresarial mayor por la tecnificación que por las condiciones laborales. En Querétaro, añadió, impera la rotación de personal, la carencia de apoyos de vivienda y salarios bajos, aun cuando se amplían sus actividades. «Los incentivos a la productividad son sobre el salario mínimo y se cuenta por fruta o cultivo cosechado, en condiciones muy precarias», sostuvo.
Hermoso Santamaría añadió que en Canadá existen unas 200 mil granjas donde, a pesar del uso de energía eólica y monitores para controlar la productividad, los trabajadores del sur global, incluyendo mexicanos, laboran en condiciones difíciles. Detalló que, vía el PTAT, se contrata a 27,318 personas (97% hombres) con salarios que fluctúan entre 15 y 18 dólares canadienses por hora, cifra que contrasta con las denuncias de explotación.

