Entregó más de dos décadas de su vida a la línea de producción y, a cambio, la negligencia patronal le arrebató los brazos. Él es Marcos, conocido con afecto por sus compañeros como «Chicharrón», un obrero de la Compañía Hulera Tornel cuya tragedia personal se ha convertido en el símbolo de la precarización laboral que hoy mantiene a cuatro plantas de la empresa en huelga.
En diciembre de 2025, durante su jornada en la planta de Tultitlán, Marcos operaba una máquina ensamblada de forma irregular. Las fallas no eran un secreto; él mismo había reportado en repetidas ocasiones que el equipo era inseguro. La empresa decidió ignorar las advertencias para no afectar la producción.
El desenlace fue devastador: la maquinaria atrapó su brazo derecho. En un intento desesperado por liberarse, Marcos presionó el botón de emergencia con la mano izquierda, pero el mecanismo falló, empeorando la situación al atrapar también su otra extremidad. Durante diez agónicos minutos, sus gritos de auxilio fueron ahogados por el estruendo de la fábrica, hasta que sus compañeros lograron socorrerlo frente a una escena tan cruenta que provocó desmayos entre los presentes.
El traslado al IMSS tardó dos horas. Tras casi un mes de hospitalización en estado grave, los médicos confirmaron la doble amputación. El impacto también le provocó severas heridas faciales y la pérdida de sus dientes inferiores.
A casi tres meses del siniestro, la directiva de Tornel no solo evade su responsabilidad por las fallas de seguridad, sino que ha retrasado el trámite de la pensión de Marcos, culpando cínicamente a la huelga actual por la demora. Sin embargo, el trabajador tiene claro quién es el responsable y hoy, desde su convalecencia, respalda firmemente el paro laboral de su sindicato.
La base obrera ratifica el paro
La tragedia de Marcos no es un hecho aislado, sino la consecuencia más brutal de un sistema donde las ganancias se priorizan sobre la vida humana. Este hartazgo se reflejó en las urnas el pasado domingo 22 de marzo.
En un recuento organizado por el Tribunal Laboral Federal de Asuntos Colectivos, la base del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Compañía Hulera Tornel ratificó la huelga estallada el 23 de febrero. Con una participación casi total, 883 obreros votaron a favor de mantener el movimiento, frente a solo 113 en contra.
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El secretario general del sindicato, Gerardo Alberto Meneses Ávila, destacó que la votación —supervisada por la jueza Graciela Treviño Garza— dota de total validez legal al pliego petitorio del gremio. La consulta tuvo que adelantarse tras los violentos hechos del 18 de marzo, cuando un grupo armado atacó a balazos a cuatro obreros que realizaban una guardia nocturna en la planta de Tultitlán.
Las exigencias en la mesa de negociación
Con el respaldo arrollador de los trabajadores de las cuatro plantas (ubicadas en Azcapotzalco, Miguel Hidalgo y Tultitlán), el sindicato se prepara para retomar las audiencias conciliatorias este martes.
La plantilla laboral exige condiciones dignas: la reducción de la jornada a 40 horas semanales, aumentos salariales pactados del 7% y 5% para 2025 y 2026, el pago de 44 días de aguinaldo, y que la empresa asuma el costo del Seguro Social, una obligación que actualmente se descuenta de los salarios obreros.
Mientras la compañía Hulera Tornel no ofrezca una resolución que garantice los derechos, la seguridad y la dignidad de su plantilla —y justicia para casos como el de Marcos—, las banderas rojinegras seguirán ondeando.

