En un movimiento que redefine la relación entre el Estado mexicano y la industria extractiva, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció este lunes la recuperación de más de 200 concesiones mineras que actualmente se encuentran en manos de empresas privadas. El anuncio se da en una coyuntura de alta tensión geopolítica y económica, apenas unos días después de que se hiciera público un plan de acción conjunto con Estados Unidos para el comercio de minerales estratégicos.
Durante su conferencia matutina, la mandataria fue enfática al establecer los límites de la cooperación bilateral: México no modificará su legislación minera, no otorgará nuevas concesiones a cielo abierto y mantendrá una soberanía absoluta sobre la exploración de su subsuelo.
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TIERRAS RARAS EN MÉXICO
"Tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU"
Porfirio Díaz Mori.
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-Mientras los estadounidenses entran en desesperación por las tierras raras de CHINA,en México:
-Existen depósitos de tierras raras en… pic.twitter.com/Tb5DWSh8p1— GEOPOLÍTICA (@Geopolitik_2030) October 16, 2025
“Les adelanto: se van a regresar más de 200 concesiones mineras al Estado mexicano”, declaró Sheinbaum. La recuperación de estos activos no responde a un acto de expropiación autoritaria, sino a un acuerdo de devolución voluntaria. Se trata de títulos que, según explicó la Presidenta, no se encontraban en fase de producción. “Si no estaban en producción, mejor que se regresen”, sentenció, marcando un alto a la especulación inmobiliaria sobre los recursos de la nación.
Según datos del último Prontuario Estadístico de la Minería de la Secretaría de Economía, en México existen más de 22,000 concesiones vigentes que abarcan cerca de 14 millones de hectáreas. La devolución de estos 200 títulos representa el primer paso tangible de la nueva administración para reordenar el sector, tarea que detallará próximamente el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
«No hay nada firmado»: La barrera ante Washington
El contexto de este anuncio es crucial. La semana pasada, la Casa Blanca y el Gobierno de México esbozaron un «plan de acción» para asegurar el suministro de minerales críticos —materias primas esenciales para la tecnología, la transición energética y la seguridad nacional—. Este acercamiento levantó suspicacias sobre una posible apertura indiscriminada del territorio mexicano a los intereses estadounidenses.
Sin embargo, Sheinbaum Pardo desactivó las especulaciones. “Primero, no hay nada firmado. Lo que vamos a hacer es comenzar pláticas”, aclaró. La Presidenta subrayó que el documento preliminar respeta la soberanía de cada nación bajo una lógica simple: “Estados Unidos investiga en su país y nosotros hacemos nuestra exploración en nuestro país; no es conjunta”.
La postura de México responde a una necesidad de equilibrio. Por un lado, se busca aprovechar la integración económica de América del Norte frente a la revisión del T-MEC; por otro, se rechaza el modelo extractivista tradicional. “Tenemos muy claro que los recursos naturales no se entregan”, insistió la mandataria, respondiendo indirectamente a las presiones de Washington, que busca desesperadamente crear un bloque comercial que excluya a China de la cadena de suministro de minerales críticos.
La geopolítica de las Tierras Raras
El interés estadounidense no es gratuito. El representante comercial de la Casa Blanca, Jamieson Greer, ha impulsado estas negociaciones con el objetivo de reducir vulnerabilidades. Pero, ¿qué está en juego realmente?
La disputa se centra en los llamados «minerales críticos» y las «tierras raras». No existe una definición única global; la clasificación varía según las necesidades industriales de cada país. Para México, metales como el oro y la plata siguen siendo vitales, pero para la industria tecnológica global, el foco está en un grupo de 17 elementos químicos metálicos (lantánidos, escandio e itrio) que son el corazón de la modernidad.
Estos elementos, a menudo mal llamados «tierras» debido a su clasificación en los siglos XVIII y XIX, son fundamentales para la fabricación de imanes permanentes, pantallas de smartphones, turbinas eólicas, vehículos eléctricos y, crucialmente, armamento avanzado.
Según estimaciones globales, China controla más del 60% de las reservas y el procesamiento de estos minerales. Ante la guerra comercial, Estados Unidos ve en México a un socio indispensable para diversificar sus fuentes. El plan bilateral contempla, por ahora, armonizar estándares regulatorios y compartir información cartográfica, pero el Gobierno mexicano ha sido claro: la información geológica se comparte, pero el territorio no se entrega.
Entre la crítica ambiental y el desarrollo
El anuncio del plan con EE. UU. encendió las alarmas de colectivos ecologistas como Cambiémosla Ya, una agrupación de comunidades y académicos que temen que la presión internacional reactive proyectos mineros devastadores, incluyendo el fracturamiento hidráulico (fracking) o la minería a cielo abierto en zonas protegidas.
Sheinbaum respondió directamente a estas críticas desdeñando la idea de un giro neoliberal en su política. “No vamos a entrar a un proceso destructivista ni estamos entregando los recursos naturales, nada de eso”, aseguró. La estrategia oficial parece apostar por la eficiencia de las explotaciones existentes y el reciclaje de concesiones ociosas, en lugar de la expansión territorial de la minería.
De acuerdo con la Cámara Minera de México, las empresas ya operando han concentrado sus inversiones recientes en expandir operaciones en marcha —con 225 proyectos en explotación y otros 225 en exploración— en lugar de abrir nuevos frentes, una tendencia que se alinea con la política de «no nuevas concesiones» del actual sexenio.
El futuro del T-MEC y la minería
El reloj avanza hacia la revisión del tratado de libre comercio en 2026. México y Estados Unidos se han dado un plazo de dos meses para definir qué minerales deben ser considerados «estratégicos» para la región y cómo crear cadenas de suministro resilientes.
El secretario Marcelo Ebrard ha adelantado que México también ampliará el diálogo hacia Canadá, Japón y la Unión Europea en los próximos 60 días, buscando diversificar alianzas y evitar una dependencia exclusiva del vecino del norte.
La recuperación de las 200 concesiones es, por tanto, un mensaje político tanto interno como externo: el Estado mexicano retoma el control administrativo de su riqueza mineral y llega a la mesa de negociaciones con Estados Unidos con la casa en orden, dispuesto a comerciar, pero no a ceder el control de su subsuelo.
Fuentes consultadas y créditos: Información sintetizada a partir de reportes de: Carlos Carabaña (El País), Néstor Jiménez y Alonso Urrutia (La Jornada), Salvador Corona y Pedro Villa y Caña (El Universal), Arturo Rojas (El Economista), Universidad de Colima / EFE, Nora Bucio (MVS Noticias) y redacción de Nación 321.

