Esa varicela que muchos padecieron en la infancia deja un «legado» silencioso en el cuerpo: el virus Varicella-zoster, que puede permanecer inactivo en el sistema nervioso durante décadas para «despertar» años más tarde como herpes zóster, una enfermedad comúnmente conocida como «culebrilla» que se caracteriza por un dolor agudo y lesiones en la piel.
Así lo explicó el investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del IPN, Jesús Miguel Torres Flores, quien subrayó la importancia de buscar atención médica inmediata ante los primeros síntomas para evitar complicaciones severas y, en ocasiones, incapacitantes.
«El tratamiento temprano puede acortar la duración de la infección y disminuir la posibilidad de complicaciones», afirmó el experto. Este tratamiento consiste en antivirales recetados por un médico, ya que, al ser una enfermedad viral, los antibióticos son completamente inútiles.
¿Quiénes están en riesgo y cuáles son los síntomas?
El virus aprovecha una baja en las defensas para reactivarse. Si bien puede ocurrir a cualquier edad, los grupos más vulnerables son los adultos mayores de 60 años, personas con un sistema inmunitario debilitado por enfermedades como el VIH o cáncer, pacientes bajo tratamientos inmunosupresores o individuos sometidos a estrés crónico.
El primer síntoma no es la erupción, sino una sensación de picazón, comezón y ardor en una zona específica del cuerpo. Posteriormente, aparecen las lesiones características: una franja de ampollas llenas de líquido que provocan un dolor muy intenso.
El verdadero peligro: el dolor que no se va
Una de las complicaciones más temidas del herpes zóster es la neuralgia postherpética. El investigador del IPN, quien también forma parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), detalló que incluso después de que las ampollas se secan y desaparecen, muchos pacientes continúan experimentando una sensación de quemazón y un dolor agudo en los nervios afectados.
«El dolor puede ser constante o intermitente. En algunos casos, puede ser tan intenso que resulta incapacitante, afectando profundamente la calidad de vida de los pacientes», recalcó Torres Flores.
La prevención es la mejor herramienta
El especialista concluyó que la mejor estrategia es la prevención. Existen dos vacunas clave:
Vacuna contra la varicela: Se aplica en la infancia (primera dosis entre los 12-15 meses y refuerzo a los 4-6 años) para evitar la infección inicial.
Vacuna contra el herpes zóster: Recomendada para adultos mayores de 50 años, ayuda a prevenir la reactivación del virus en etapas posteriores de la vida.
Es importante recordar que una persona con herpes zóster puede contagiar de varicela (no de «culebrilla») a quien no haya padecido la enfermedad ni esté vacunado.

