Lo que está ocurriendo en Chablekal, Yucatán, debería ser un escándalo nacional, una afrenta que indigne y movilice. En pleno siglo XXI, una comunidad maya está siendo sistemáticamente despojada y su entorno devastado por la voracidad inmobiliaria, ante la aparente e inexplicable indiferencia de las autoridades que deberían protegerla. A pesar de una resolución explícita de un tribunal agrario que prohibía la deforestación en su territorio, maquinaria pesada ha entrado a Misné Balam, el último monte que les queda, arrasando vegetación y, peor aún, dañando vestigios arqueológicos irremplazables.
Chablekal, un pueblo originario maya ubicado en la periferia norte de Mérida, ha quedado literalmente ahogado por la especulación inmobiliaria. Esa zona «ideal para inversión» que se promociona cerca de la playa, ha significado para ellos el encierro. Han sido tantos los desarrollos y la privatización de sus tierras ancestrales que hoy, simple y dolorosamente, no tienen hacia dónde crecer. La situación es tan crítica que ampliar su panteón para dar descanso digno a sus difuntos se ha vuelto una imposibilidad física.
¿Cómo se ha llegado a este punto? Pobladores denuncian una red de intereses donde empresarios yucatecos, ajenos a la comunidad, habrían logrado cooptar a autoridades ejidales y del Ayuntamiento de Mérida. La aberración es tal, señalan, que existen «empresarios blancos ricos de Mérida reconocidos como ejidatarios en Chablekal», con voz y voto en decisiones que aniquilan el futuro del pueblo maya.
Desde hace tiempo, los habitantes de Chablekal decidieron alzar la voz y organizarse para defender lo poco que les queda. Su lucha actual se centra en Misné Balam, no solo un monte, sino un símbolo de resistencia y el último pulmón verde y refugio de su historia. Y que nadie se equivoque: no se trata de una disputa entre particulares con iguales derechos. Los comuneros denuncian que muchas asambleas ejidales donde se habrían aprobado estas ventas y cambios de uso de suelo se realizaron de forma ilegal, viciadas de origen. Pero el argumento más contundente es la existencia de una orden judicial de un tribunal agrario que ya había ordenado detener cualquier deforestación en Misné Balam.
La evidencia es brutal y reciente: fotografías y videos tomados por los propios pobladores muestran la deforestación activa, incluso en áreas con clara presencia de vestigios arqueológicos. Este patrón de ilegalidad, tolerado y a menudo propiciado por autoridades de los tres órdenes de gobierno –sin importar el partido político–, es el cimiento sobre el que se sostiene gran parte de la rapaz industria inmobiliaria en Yucatán. Es el gobierno, denuncian, quien autoriza dónde deforestar, dónde construir, dónde colocar esos «famosos lotes de inversión» que engullen selva y cultura.
La gente de Chablekal, sintiéndose ignorada por los medios tradicionales y desamparada por las instituciones como el INAH (referido en denuncias como «Lina», en alusión a quien debería proteger el patrimonio), la Profepa, el Ayuntamiento de Mérida y el propio Tribunal Agrario que emitió la resolución incumplida, está pidiendo desesperadamente el apoyo ciudadano. Piden hacer viral esta situación, visibilizarla, generar la presión social que obligue a las autoridades a actuar y detener este atropello.
Y la pregunta resuena, dirigida con urgencia a la sociedad yucateca y meridana: ¿Realmente vamos a seguir normalizando este despojo sistemático a los pueblos mayas? ¿Continuaremos aceptando la deforestación, el daño ambiental irreversible, la pésima y corrupta planeación urbana, y el alarmante calentamiento que todo esto genera en nuestras ciudades? ¿En verdad creemos que este modelo de «desarrollo» es viable o justo?
Desde este espacio, toda la solidaridad, admiración y cariño para la valiente gente de Chablekal que, con dignidad y coraje, defiende no solo su tierra, sino un patrimonio que es de todos los mexicanos. Su lucha es un espejo de una realidad que no puede ni debe ser ignorada.

