13/01/2013 Gainsborough Lincs /Notts - Protests by anti Fracking groups including Vanessa Vine from Frack Free Sussex ( red flag carrier ) and Tina Rothery , Residents Action on Fylde Fracking ( holding Not for Shale board ) outside the Island Gas Site near Gainsborough - also Nodding Donkeys at Beckingham run by Igas
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En un polémico giro a la política energética de los últimos años, el Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha puesto sobre la mesa la explotación de gas natural no convencional mediante la técnica de fracturación hidráulica, mejor conocida como fracking. Aunque el discurso oficial defiende esta medida como una vía para alcanzar la soberanía energética, advirtiendo que el gas natural es estratégico para el país, la comunidad científica y activistas han encendido las alarmas ante la inminente catástrofe ambiental y de salud pública que esta práctica desataría en el territorio nacional.

La justificación gubernamental se apoya en la fuerte dependencia del exterior: actualmente, las importaciones representan 75% de la demanda total de gas natural en México. Tan solo de los 6.8 MMpcd de gas importado en 2025, el 80% provino de Texas y el 20% de California. Frente a esto, el país cuenta con recursos prospectos monumentales, estimados en 141,494 MMMpc en campos no convencionales. Sin embargo, extraer este hidrocarburo de las rocas de lutitas exige un precio que el ecosistema mexicano no puede pagar.

Devastación hídrica en plena sequía

El impacto más agresivo del fracking recae directamente en el agua, un recurso que ya se encuentra en niveles críticos en el país. El proceso consiste en inyectar líquido a altísima presión para fracturar la roca subterránea. Según el especialista Alejandro Bezanilla Morlot, de la UNAM, cada pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. En esquemas de explotación masiva, como los utilizados en Estados Unidos, el consumo puede alcanzar hasta 120 millones de litros de agua dulce por instalación.

080426 Energía-Gas natural. Estrategia para fortalecer la soberanía energética

Esta colosal sustracción hídrica resulta insostenible, especialmente porque las principales reservas de gas no convencional se ubican en estados severamente castigados por las sequías, como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Un cóctel de tóxicos y riesgo a la salud pública

El agua inyectada en el subsuelo no va sola; se mezcla con hasta 750 tipos de productos químicos diferentes. Alejandra Jiménez, coordinadora de la Alianza Mexicana Contra el Fracking, advirtió en entrevista para MVS Noticias con Citlali Sáenz que estas sustancias incluyen compuestos tóxicos, cancerígenos y radiactivos.

El riesgo de que este peligroso «cóctel» se filtre y contamine irreversiblemente los mantos acuíferos es altísimo. La exposición a estos químicos tiene un impacto directo y documentado en la salud humana, elevando el riesgo de mutaciones genéticas y graves afectaciones al sistema nervioso en las comunidades aledañas a los pozos.

Sismicidad inducida y aceleración del cambio climático

A los riesgos hídricos y tóxicos se suma una grave amenaza geológica: los sismos inducidos. La alteración violenta del subsuelo a través del fracking ha provocado temblores en diversas regiones del mundo, con casos confirmados en Ohio, Alabama y Montana. La inyección de fluidos a alta presión desestabiliza las fallas geológicas, poniendo en riesgo la infraestructura y la seguridad civil.

Por otro lado, la técnica representa un retroceso monumental frente a los compromisos climáticos. La fracturación libera fugas incontrolables de metano, un gas de efecto invernadero exponencialmente más potente que el dióxido de carbono, lo que acelera de forma dramática el calentamiento global.

El mito del «fracking sustentable»

El Gobierno federal ha asegurado que buscará un bajo impacto en el uso del suelo, cuidado de los recursos hídricos mediante la reutilización de hasta el 80% del agua y cero riesgo de contaminación de acuíferos. Para ello, se integrará un Comité de científicos y especialistas en manejo de agua y medio ambiente que dará sus opiniones y recomendaciones en 2 meses.

No obstante, la sociedad civil califica esto como una ilusión. «No es posible… hay suficiente evidencia científica que muestra lo contrario. El consenso científico internacional y la misma ONU han dicho que los combustibles fósiles son los responsables de la actual emergencia climática», sentenció Alejandra Jiménez. Además, activistas cuestionan a quién beneficia realmente esta soberanía, señalando que el principal consumidor del gas no es el ciudadano común, sino la gran industria maquiladora transnacional.

Mientras entidades financieras como BBVA, a través de su economista en jefe Carlos Serrano, y Citi México ven con «buenos ojos» los beneficios macroeconómicos de emular el modelo texano, la realidad a ras de suelo advierte que el fracking dejará a su paso tierras áridas, agua envenenada y un daño ecológico irreversible.


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