En una victoria judicial sin precedentes para la conservación ambiental en México, las ballenas del Golfo de California, reconocidas en los tribunales como quejosas y sujetas de derechos, han logrado detener el avance de la industria de exportación de gas fósil. Un juzgado federal en Sonora otorgó una suspensión definitiva que impide el acceso y tránsito de los megabuques metaneros vinculados al ecocida «Proyecto Saguaro», salvaguardando, de forma temporal, uno de los ecosistemas marinos más biodiversos del planeta.
Esta medida cautelar, que se mantendrá vigente hasta que se dicte una sentencia final, es el resultado directo de la primera demanda en el país promovida a nombre de los propios cetáceos, impulsada en septiembre de 2025 por la organización Nuestro Futuro A.C. en conjunto con activistas, académicos y comunidades locales. El objetivo fundamental es la revocación de los permisos ambientales otorgados a la empresa Mexico Pacific y la declaratoria de la región como Hábitat Crítico por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
El gigante que amenaza el «Acuario del Mundo»
El Proyecto Saguaro pretende convertirse en la terminal de gas natural licuado (GNL) más grande de México, ubicada en Puerto Libertad, Sonora. Su diseño contempla un gasoducto de 800 kilómetros para transportar gas extraído en Texas y licuarlo en las costas sonorenses, con el fin de exportar más de 15 millones de toneladas anuales hacia el mercado asiático.
Sin embargo, el costo ambiental recaería directamente sobre el Golfo de California, hogar del 39% de las especies de mamíferos marinos del mundo y del 80% de las especies presentes en México. De acuerdo con información recabada por la agencia EFE y Aristegui Noticias, así como por Mariana L. Martínez de Infobae, el principal peligro radica en la inmensa escala del tráfico marítimo propuesto.
La disparidad física entre las embarcaciones y la fauna marina es letal. Datos técnicos presentados por el Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (PRIMMA) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), revelan que un buque metanero moderno alcanza los 345 metros de longitud (casi el doble que la Torre Latinoamericana) y navega a velocidades de 19.5 nudos. En contraste, una ballena azul, el animal más grande del planeta, mide en promedio 27 metros y se desplaza a apenas 4.3 nudos.
«La causa número uno de muertes de ballenas en el mundo es la colisión con megabuques de GNL», advirtió el doctor Omar García Castañeda, investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM y miembro de la Sociedad Mexicana de Mastozoología Marina, en declaraciones recogidas por Marco Antonio Martínez para La Silla Rota y Ernesto Méndez de Excélsior. «Estos barcos son tan grandes y tan pesados que si colisionan con una ballena, la tripulación ni lo siente. Permitir ese tránsito de gran escala, impactaría gravemente en la supervivencia de las ballenas y la del ecosistema entero».
Los modelos de probabilidad de PRIMMA-UABCS son contundentes: la mayor fuente de riesgo de mortalidad para estos gigantes marinos son precisamente las embarcaciones tipo LNG (como las de la Gasera Saguaro).
Contaminación acústica: el enemigo invisible
Más allá del riesgo físico de colisión, los buques metaneros traen consigo una amenaza silenciosa para los humanos, pero ensordecedora para el ecosistema marino: el ruido. Los cetáceos utilizan el sonido como su principal forma de comunicación.
El documento técnico de PRIMMA detalla que el ruido generado por estas enormes embarcaciones enmascara las señales acústicas naturales. Esto provoca sensibilidad auditiva, estrés fisiológico y alteraciones conductuales graves que afectan directamente sus funciones vitales: les impide encontrar alimento, aparearse, amamantar a sus crías, descansar y seguir sus rutas migratorias naturales. Al introducir estas «moles» de acero en un estrecho tan conservado como el Mar de Cortés, se estaría fragmentando irremediablemente su ecosistema.
Un impacto a la economía y al clima global
La defensa de las ballenas no es únicamente un tema de conservación biológica, sino también de supervivencia económica y climática. Ernesto Méndez en Excélsior y Natalia Estrada García para Enfoque Noticias, han documentado que los impactos de proyectos como Saguaro perjudicarían drásticamente a la economía local.
Según datos de Semarnat citados por PRIMMA, tan solo el avistamiento de ballenas azules y jorobadas generó ingresos por 1,145,361,561 pesos mexicanos para los estados costeros entre 2013 y 2023. Además, el valor ecológico de estos mamíferos es incalculable en la lucha contra el cambio climático. Una ballena azul adulta es capaz de capturar entre 70 y 90 toneladas de CO2 a lo largo de su vida. Su enorme biomasa fertiliza el océano con nitrógeno, fósforo e hierro, reciclando nutrientes que elevan la productividad marina y sostienen la base de las pesquerías de la región.
La lucha legal: exigencia de transparencia y protección
La resolución judicial actual es un respiro, pero la batalla en los tribunales continúa. Nora Cabrera, directora de Nuestro Futuro A.C., explicó que el proyecto inicial de Saguaro se presentó en 2008, pero en 2018 sufrió una modificación elaborada bajo sigilo para fragmentarlo y ocultar su verdadero impacto ambiental, sin consultar a los pobladores locales ni a la comunidad de la Isla Tiburón.
«Hoy, esta región es una zona libre de la industria gasera de exportación y tenemos que seguir luchando en tribunales para que así se mantenga», enfatizó Cabrera. La abogada adelantó que, si la Semarnat llegara a fallar a favor de la empresa, llevarán el caso hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Las organizaciones también alertan sobre el efecto acumulativo de otros desarrollos impulsados en la opacidad. Señalan directamente el caso de «AMIGO GNL», otro proyecto de exportación de gas que careció de transparencia durante su proceso de consulta, ocultando anexos vitales en su manifestación de impacto ambiental.
«Esto no es el final, es solo un paso, porque la amenaza sigue ahí. Se trata de resistir desde una alianza entre lo humano y lo no humano… aleta y mano juntas», declaró Carlos Mancilla, director de BCsicletos.
La exigencia actual hacia la titular de la Semarnat, Alicia Bárcena, es clara: aplicar el principio precautorio y ejercer la facultad de declarar al Golfo de California como un Hábitat Crítico. Esta figura de protección reforzada, contemplada en la Ley General de Vida Silvestre, es la única herramienta capaz de frenar de tajo la industrialización ecocida del Mar de Cortés, asegurando que el santuario de las ballenas siga siendo un patrimonio natural vivo y no una simple autopista para la exportación de gas fósil.

