Fotografía: Las compras de grano estadounidense superaron los 3.9 millones de toneladas impulsadas por la caída de la producción nacional.
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Durante los primeros dos meses de 2026, México registró una cifra sin precedentes en la importación de maíz proveniente de Estados Unidos, alcanzando los 3 millones 952 mil 249 toneladas, en su gran mayoría amarillo y transgénico. Este fenómeno ocurre en un contexto de intensa sequía que ha golpeado el campo nacional y bajo la persistente vigilancia del gobierno estadounidense en el marco del T-MEC.

De acuerdo con un reporte del diario La Jornada, sustentado en cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), este volumen representa un incremento del 11 por ciento respecto al mismo periodo de 2025. Para la industria agroalimentaria estadounidense, el envío masivo se tradujo en un jugoso negocio de 895.8 millones de dólares, un repunte interanual del 9 por ciento, afianzando a México como el comprador número uno del mundo, muy por encima de Japón o Corea del Sur.

La avalancha de grano importado responde a una crisis interna. Las severas sequías que azotaron a los principales estados productores, como Sinaloa y Chihuahua, provocaron una merma considerable en la cosecha nacional. Sin suficiente producción local, el país tuvo que volcarse a las fronteras terrestres y puertos para satisfacer la demanda de la industria forrajera y de alimentos procesados, frenando momentáneamente los planes de autosuficiencia alimentaria del Gobierno federal.

Tensiones comerciales y dominio corporativo

Pese al dinamismo de las compras, la fricción persiste. La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) insiste en que México mantiene barreras no arancelarias al maíz biotecnológico. Aunque en febrero de 2025 México revocó el polémico decreto que restringía el uso del grano modificado genéticamente tras perder un panel de controversias del T-MEC, Washington advirtió que continuará monitoreando de cerca el libre acceso al mercado mexicano.

Aunado a la controversia diplomática, especialistas señalan el control monopólico del sector. Ana de Ita, directora del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, explicó que el multimillonario mercado –que anualmente supera los 5 mil millones de dólares– está acaparado por firmas transnacionales como Bayer, Cargill y Bunge. Estas gigantes controlan desde el financiamiento hasta la infraestructura, marcando las pautas de precios tanto locales como internacionales.

México capitaliza el distanciamiento EU-China

El volumen de compras de maíz es solo un reflejo de una integración económica mucho más amplia. Mientras el comercio de Estados Unidos con el resto del mundo cayó un 4.5% en el primer bimestre del año, las transacciones con México crecieron un 6.8%, totalizando 147 mil 322 millones de dólares, según información de la Oficina del Censo estadounidense.

En este periodo, las exportaciones mexicanas subieron un 4.2%, mientras que las importaciones desde la Unión Americana saltaron un 10.6%. Este auge contrasta drásticamente con el desplome del 39.9% en el comercio entre Estados Unidos y China, que alcanzó su nivel más bajo desde la Gran Recesión de 2009. El reacomodo geográfico-comercial evidencia que la economía mexicana continúa capitalizando el desacoplamiento entre Washington y Beijing, ganando mayor participación en el mercado norteamericano.


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