This image shows state-owned Petrobras' Gabriel Passos refinery in Betim, Minas Gerais state, Brazil, on March 20, 2026. (Photo by Douglas MAGNO / AFP)
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El panorama energético de América Latina podría estar a las puertas de una reconfiguración histórica. El Gobierno de México se encuentra estudiando una posible alianza estratégica entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y la estatal brasileña Petrobras, una propuesta impulsada directamente por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. El objetivo central: la exploración y producción conjunta de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México.

La propuesta, que trascendió la semana pasada tras un evento del mandatario brasileño en la refinería Gabriel Passos, fue confirmada este martes por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, durante su habitual conferencia de prensa matutina. Aunque aclaró que el Estado mexicano aún no ha tomado una decisión definitiva, la mandataria anunció que en abril recibirá a la directora ejecutiva de Petrobras, Magda Chambriard, para evaluar los alcances técnicos y financieros de esta potencial sociedad.

«Sí, me lo propuso en la llamada de teléfono que tuvimos (…) Petrobras se ha especializado mucho en aguas profundas, entonces me propuso que por qué no hacíamos una alianza con Pemex. Pero no lo hemos decidido», detalló la jefa del Ejecutivo.

La agenda de Chambriard en territorio mexicano incluirá reuniones de alto nivel con el director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, y la titular de la Secretaría de Energía (Sener), Luz Elena González Escobar.

El gigante del ‘Pre-sal’ y el reto financiero de Pemex

La propuesta de Brasil llega en un punto de inflexión para la industria petrolera nacional. Actualmente, el Gobierno mexicano concentra sus esfuerzos en el saneamiento financiero de Pemex, catalogada como una de las petroleras más endeudadas del mundo a nivel corporativo. Bajo la administración actual, la empresa productiva del Estado busca revertir la caída histórica en su producción, manteniéndola en un margen de 1.6 millones de barriles diarios, con un tope establecido de 1.8 millones por criterios de sostenibilidad y raciocinio ambiental.

Si bien Pemex es considerado un gigante en la extracción en aguas someras y campos terrestres, sus operaciones en aguas profundas han sido limitadas durante la última década. Los altos costos de inversión y el prolongado tiempo de maduración de los proyectos —que pueden tardar hasta diez años en dar resultados comerciales— provocaron el rezago de la paraestatal en este rubro específico.

Es aquí donde la figura de Petrobras cobra relevancia geomarítima. La petrolera sudamericana es un líder global indiscutible en la materia. Tras el descubrimiento de la región del Presal en 2006 —yacimientos ubicados bajo gruesas capas de sal en el lecho marino—, Brasil experimentó un auge sin precedentes. Hoy en día, es el mayor productor de América Latina con 3.95 millones de barriles diarios, de los cuales el 70% proviene de campos en aguas profundas que superan los 2,500 metros bajo la superficie.

Además, Petrobras no es ajena a la geología del Golfo de México. Desde 2018, mantiene una exitosa alianza con Murphy Oil, controlando el 20% de participación en bloques frente a las costas de Luisiana, Estados Unidos, un área donde la producción ronda los 2 millones de barriles diarios. Del lado mexicano, la extracción comercial en aguas profundas es, hasta el momento, inexistente.

Asociaciones estratégicas: El camino de Pemex hacia el futuro

El marco legal vigente permite a Pemex establecer alianzas con firmas internacionales para optimizar su capacidad de extracción, una herramienta que busca fortalecer el concepto de empresas conjuntas. Recientemente, la petrolera mexicana inició trabajos de exploración en el yacimiento Trión, a 180 kilómetros del Puerto de Altamira, Tamaulipas, en sociedad con la australiana Woodside Energy, quien posee el 60% del proyecto con proyecciones de extraer el primer barril en 2028.

Otros esfuerzos similares incluyen el acuerdo firmado en 2024 con Grupo Carso para reactivar el campo de gas natural Lakach, y la colaboración con Harbour Energy y Talos México en el megayacimiento Zama. Sin embargo, la incursión de un socio estatal del calibre de Petrobras aportaría no solo capital, sino una transferencia tecnológica de Estado a Estado invaluable para la soberanía del sector.

Más allá del crudo: La revolución de los biocombustibles

La convergencia entre México y Brasil no se limita a las plataformas petroleras. La visión de la presidenta Sheinbaum apunta hacia una diversificación integral de la matriz energética. Durante su intervención, enfatizó el interés del Gobierno federal en la avanzada industria brasileña de los biocombustibles.

«Nos interesa mucho el tema del etanol, de la producción de etanol con caña», subrayó la mandataria. Además, reveló un área de oportunidad específica para la ciencia mexicana: «Ellos tienen un laboratorio muy especializado de producción de biomasa con maguey en Brasil. Entonces nos interesa hacer alianzas con investigadores mexicanos que puedan trabajar el mismo tema». Esta línea de investigación abre la puerta para capitalizar especies endémicas de México en la generación de energías limpias y alternativas.

Regulación del mercado interno

Mientras la diplomacia energética avanza, la administración federal también mantiene el foco en el mercado de hidrocarburos a nivel nacional. Al margen de la posible alianza internacional, el Ejecutivo anunció una inminente reunión entre la Secretaría de Energía, el director de Pemex, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y los representantes del sector gasolinero.

El motivo de la convocatoria responde al alza detectada en los precios del diésel y la gasolina premium durante giras de trabajo recientes. El mensaje del Gobierno es claro: no se permitirá que las fluctuaciones del mercado internacional se utilicen como pretexto para incrementos injustificados, recordando que los distribuidores nacionales cuentan con el respaldo de incentivos fiscales a través del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).

El mes de abril será, sin duda, un momento definitorio. La mesa de trabajo entre Pemex y Petrobras dictará si América Latina será testigo del nacimiento de una de las sinergias petroleras y tecnológicas más potentes del hemisferio occidental, delineando el futuro energético de las próximas décadas.

CRÉDITOS Y FUENTES INFORMATIVAS:

Este reportaje ha sido elaborado mediante la síntesis y el cruce de datos periodísticos e información de agencias proporcionados originalmente por: Sonia Corona (El País), Ricardo Lara (Imagen Radio), Alejandro Suárez (El Sol de México), Agencias Reuters y EFE, Bloomberg, El Financiero, DF SUD, Global Energy, Europa Press, Proceso, N+, El Soberano y la Universidad de Colima.


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