Fotografía: El municipio de Paraíso enfrenta una severa emergencia ecológica, económica y de salud pública tras registrarse tres incidentes ligados al crudo en menos de un mes.
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El municipio de Paraíso, en el estado de Tabasco, se ha convertido en el epicentro de una contingencia ambiental multifactorial. En un lapso de menos de un mes, la región ha sido golpeada por tres incidentes consecutivos relacionados con el manejo de hidrocarburos, desencadenando una crisis que amenaza tanto la biodiversidad local como el sustento de cientos de familias que dependen de la pesca y el turismo.

El primer evento alarmó a la región desde finales de febrero, cuando grandes manchas de crudo recalaron en las playas de Veracruz y Tabasco, afectando severamente a comunidades como Sánchez Magallanes. Sobre este caso, la presidenta Claudia Sheinbaum aclaró en su conferencia matutina que el origen provino de una embarcación privada y no de las operaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex). La mandataria confirmó que la Fiscalía General de la República (FGR) ya interviene en el caso, el cual es perseguido como un delito penal, exigiendo que la empresa responsable resarza los daños.

La situación escaló a tragedia el pasado 17 de marzo. En el marco de las fuertes lluvias originadas por el frente frío número 41, se registró un derrame seguido de una explosión al interior de las instalaciones de Dos Bocas. El siniestro, originado presuntamente en piscinas de tratamiento de combustible, cobró la vida de cinco trabajadores.

En entrevistas para MVS Noticias, conducidas por los periodistas Pamela Cerdeira y Luis Cárdenas —y con la participación del periodista independiente Juan Manuel Ramírez y analistas como Gonzalo Monroy y Pedro Tello—, se expuso que los empleados ya habían reportado de manera persistente olores intensos y riesgos de derrames en la zona. Sin embargo, los testimonios indican que las advertencias fueron minimizadas por los supervisores bajo la narrativa de que «todo estaba bien».

El tercer frente de esta crisis se focaliza en el Río Seco, un cuerpo de agua vital que atraviesa Paraíso. Durante el reciente fin de semana, un nuevo derrame alertó a la Secretaría de Marina (Semar), obligando a restringir la navegación. Pemex informó que, entre el 20 y el 22 de marzo, sus equipos recuperaron 549 metros cúbicos de hidrocarburo y 240 kilogramos de residuos sólidos impregnados.

A través de un comunicado, la paraestatal aseguró que mantiene a más de 450 especialistas operando tres frentes de trabajo, apoyados con más de 50 barreras marinas, equipo skimmer y embarcaciones de recuperación. Pemex enfatizó que el incidente en el río está bajo control, acotado a «condiciones climatológicas extraordinarias», y descartó categóricamente cualquier relación con la operación de la refinería Olmeca. Instituciones como Semarnat, Profepa y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) supervisan la zona, exigiendo a la petrolera una Investigación de Causa Raíz.

A pesar del despliegue técnico, el daño colateral en la economía local es inminente. A escasos días de la temporada vacacional, los pescadores reportan la destrucción de sus artes de pesca y la contaminación de especies comerciales clave, como el ostión y la mojarra. Mientras las autoridades estatales minimizan el riesgo alimentario —con el gobernador sugiriendo que el consumo de mariscos es seguro, provocando incredulidad en la población—, la comunidad de Paraíso exige transparencia, reparación de daños y el cese de la narrativa de que «no pasa nada» frente a una de las peores emergencias ecológicas recientes en el Golfo de México.


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