Fotografía: El ingreso de civiles y medios rompió la cadena de custodia de presuntas pruebas clave del cártel, desatando una indagatoria interna.
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La Fiscalía General de la República (FGR) reconoció oficialmente que el lugar donde fue capturado y posteriormente abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no fue asegurado de manera inmediata. Esta omisión permitió el ingreso de personas no autorizadas, lo que derivó en la alteración de la escena y la posible invalidación de evidencias críticas.

A través de un comunicado, la dependencia justificó que durante el operativo militar en un exclusivo fraccionamiento de Tapalpa, Jalisco, no existían las «condiciones mínimas de seguridad» para el resguardo del personal ministerial y pericial.

Tras el intenso enfrentamiento armado en campo abierto, la prioridad de las fuerzas federales fue el traslado inmediato del capo —quien resultó gravemente herido y falleció en el trayecto médico— y la reubicación de los agentes tácticos para contener posibles represalias del grupo criminal. No fue sino hasta que la zona se pacificó cuando la FGR solicitó a un juez la orden de cateo para ingresar legalmente a seis inmuebles.

Pruebas en duda y cadena de custodia rota

Antes de que los peritos de la FGR pudieran procesar el lugar, diversos medios de comunicación e individuos ajenos a la investigación ingresaron a las cabañas del Tapalpa Country Club. Durante estas incursiones civiles se difundió públicamente el hallazgo de supuestos documentos confidenciales, mapas tácticos y nóminas del cártel.

Ante esto, la FGR fue tajante: no es posible confirmar si dichos objetos realmente se encontraban en el sitio original ni si fueron preservados bajo los protocolos legales. «Existe una alta probabilidad de contaminación del lugar de los hechos, situación que será valorada para determinar las acciones legales», señaló la institución, confirmando la apertura de una investigación para sancionar a los servidores públicos que resulten responsables por no preservar la escena.

El rastreo que llevó al capo

La caída del narcotraficante de 59 años, por quien se ofrecían millonarias recompensas en México y Estados Unidos, fue producto de una sofisticada labor de inteligencia. De acuerdo con información revelada por autoridades y agencias internacionales, el cerco sobre Oseguera Cervantes se cerró el 20 de febrero de 2026, cuando agentes detectaron a una de sus parejas sentimentales dirigiéndose al complejo en Tapalpa.

El monitoreo de drones confirmó la presencia del líder criminal interactuando con su familia, lo que detonó la intervención táctica menos de 48 horas después.

El operativo, encabezado por Fuerzas Especiales del Ejército, la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea Mexicana, enfrentó una feroz resistencia de los escoltas del CJNG. El saldo del despliegue, que incluyó bloqueos carreteros y quemas de vehículos en Jalisco, fue de decenas de bajas, incluyendo presuntos delincuentes y elementos de las fuerzas armadas.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo indicó que será la propia Fiscalía la encargada de deslindar responsabilidades sobre el resguardo del predio, mientras las investigaciones para esclarecer el mayor golpe al narcotráfico de los últimos años continúan su curso.


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