Fotografía: La guerra de Estados Unidos, Israel en contra de Irán paraliza el tránsito comercial en el Estrecho de Ormuz.
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El fantasma de una crisis energética sin precedentes desde la década de 1970 se ha materializado este fin de semana. Los recientes reportes de bombardeos israelíes y estadounidenses a depósitos de petróleo en Irán han profundizado la guerra en Medio Oriente, desatando el pánico en los mercados globales. Como respuesta inmediata, el precio del crudo se disparó por encima de los 100 dólares por barril, una barrera psicológica e inflacionaria que no se cruzaba desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022.

En la apertura de las operaciones asiáticas de este lunes, el pánico de los inversionistas quedó evidenciado en las cifras. El barril de West Texas Intermediate (WTI), de referencia en Estados Unidos, escaló más de un 27 por ciento para cotizar en los 115.91 dólares. Por su parte, el Brent del Mar del Norte avanzó un 25.22 por ciento, alcanzando los 116.10 dólares, igualando el costo de ambas mezclas y confirmando la gravedad de la disrupción del suministro mundial.

El cuello de botella que asfixia al mundo

El epicentro de esta turbulencia económica se encuentra en el Estrecho de Ormuz. Aunque bajo el derecho internacional no ha sido clausurado oficialmente, la amenaza constante de misiles y drones ha reducido el tráfico de buques cisterna a un simple goteo.

Por esta vía marítima transita habitualmente el 20 por ciento del petróleo mundial —unos 15 millones de barriles diarios— y una quinta parte del gas natural licuado. Sin la capacidad de exportar su crudo, grandes productores de la región han comenzado a colapsar internamente.

Irak, el segundo mayor productor de la OPEP, se vio obligado a recortar la extracción en sus tres yacimientos principales en un 70 por ciento debido a que sus instalaciones de almacenamiento llegaron a su límite. Kuwait anunció reducciones preventivas, mientras que los Emiratos Árabes Unidos ajustan drásticamente su producción en altamar. A esta parálisis se suma la advertencia del ministro de Energía de Qatar, quien estima que, de continuar el conflicto, las exportaciones del Golfo podrían detenerse por completo en semanas, empujando el crudo hasta los 150 dólares por barril.

Mercados en sangría y el efecto dominó

La incertidumbre bélica ha provocado un «lunes negro» en las plazas bursátiles internacionales. En Asia, el índice Kospi de Corea del Sur se desplomó un 8.1 por ciento, mientras que el Nikkei de Japón retrocedió un 7.3 por ciento, arrastrando a gigantes tecnológicos y automotrices. Wall Street no escapó del pesimismo, con caídas en sus futuros del S&P 500 y el Dow Jones ante el temor de que un aumento prolongado del combustible reviva la inflación y neutralice los esfuerzos de los bancos centrales por recortar las tasas de interés.

En México, la aversión al riesgo golpeó fuertemente a la moneda nacional. El peso rompió la barrera de las 18 unidades por dólar, un nivel que no se veía desde principios de año, operando con una depreciación superior al 1.3 por ciento. Pese al entorno adverso, la mezcla mexicana de exportación cerró la semana en 83.64 dólares por barril, lo que representaría ingresos excedentes multimillonarios para las arcas públicas del país, aunque con el costo inherente de la presión inflacionaria global.

«Un pequeño precio a pagar»

En el terreno geopolítico, la respuesta de Washington ha sido tajante. Ante el repunte de los precios de la gasolina en Estados Unidos —que ya promedia los 3.45 dólares por galón— el presidente Donald Trump minimizó el impacto económico. A través de su red Truth Social, el mandatario calificó el alza de los combustibles como «un precio muy pequeño a pagar» a cambio de destruir definitivamente la amenaza nuclear iraní, advirtiendo que «solo los tontos pensarían diferente».

No obstante, un encarecimiento sostenido del costo de vida podría convertirse en un desafío político monumental para Trump y el Partido Republicano de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de este año.

Un escenario impensable

Analistas y expertos coinciden en la magnitud histórica de este evento. Gabriela Siller, directora de análisis de Banco Base, advirtió que la guerra amenaza con prolongarse meses, comprometiendo severamente la oferta global. Por su parte, Daniel Yergin, historiador especializado en energía, fue lapidario: «Estamos ante la que es, con diferencia, la mayor interrupción de la historia mundial en términos de producción diaria de petróleo».

Mientras el gobierno chino ordena la suspensión de exportaciones de diésel y gasolina para blindar su consumo interno, y Japón evalúa liberar sus reservas estratégicas, el mundo observa con tensión un Medio Oriente en llamas. Si el grifo de Ormuz no se reabre pronto, la economía global deberá prepararse para una nueva y prolongada era de recesión e inflación.

Nota de la Redacción: Este artículo fue elaborado por el equipo de Diario Huellas de México con información recopilada al 8 de marzo de 2026. Se publicará en nuestra edición impresa correspondiente al lunes 9 de marzo.

Créditos de información y fuentes documentales:

Clara Zepeda (La Jornada); El Financiero / Bloomberg; Auzinea Bacon y David Goldman (CNN Dinero y Economía); Reuters; AFP / Infobae; Sin Embargo; Aristegui Noticias / EFE; José Manuel Arteaga (La Silla Rota); Marcos Olvera (El Economista); El CEO; The Wall Street Journal; Agencias / El Universal. Declaraciones de expertos: Gabriela Siller (Banco Base), Bruce Kasman (JPMorgan), Felipe Mendoza (EBC Financial Group) y Daniel Yergin.


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