Un cargamento de más de 800 toneladas de ayuda humanitaria enviada desde México hacia Cuba se ha convertido en el epicentro de un choque de declaraciones. Pero mientras el ruido mediático y las tensiones diplomáticas acaparan los titulares, en las calles de La Habana y otras provincias la realidad es mucho más cruda: el pueblo cubano sigue atrapado entre la escasez, la inflación y el hambre.
La polémica estalló cuando reportes de la televisión mexicana (específicamente de TV Azteca) señalaron que los insumos donados, como el «frijol del bienestar», estaban siendo comercializados en dólares dentro de tiendas operadas por el Estado. Ante esto, el gobierno cubano emitió una enérgica respuesta para desmentir lo que calificaron como una campaña de desinformación con fines políticos.
La versión oficial: Importaciones vs. Donaciones
Eugenio Martínez Enríquez, embajador de Cuba en México, fue categórico al rechazar las acusaciones de la televisora. El diplomático aclaró que existe una mezcla engañosa en la información, pues los productos mexicanos que se exhiben en las tiendas minoristas y mayoristas de la isla corresponden a mercancía adquirida a través de operaciones comerciales legítimas.
Según la versión de las autoridades cubanas, tan solo en el último año, empresas de la isla importaron desde México decenas de millones de dólares en productos de la industria alimentaria, los cuales lógicamente se destinan a la venta.
Por otro lado, el embajador aseguró que la ayuda humanitaria enviada solidariamente por el gobierno mexicano no se está lucrando. «La ayuda se está distribuyendo de forma transparente y con sobradas evidencias a los sectores más vulnerables de la población, con prioridad para embarazadas, niños, enfermos y adultos mayores», puntualizó, recordando que la isla atraviesa un momento crítico derivado de las restricciones económicas que les impiden acceder a combustibles y servicios básicos.
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El fuego cruzado no alimenta al pueblo
A pesar de las aclaraciones diplomáticas, el debate político parece estar desconectado de la urgencia social. Para las familias cubanas, el origen de los productos en los estantes pasa a un segundo plano cuando la libreta de racionamiento no alcanza para cubrir las necesidades más básicas del mes.
El malestar ciudadano es palpable. En redes sociales, particularmente en grupos comunitarios como «Madres Cubanas Luchadoras», las mujeres documentan con frustración lo que realmente llega a sus manos tras el anuncio de la ayuda internacional.
“Hoy fui a buscar el famoso módulo y esto fue lo que me dieron: un jabón. A mi sobrina de tres años me dijeron que no le tocaba nada. Es una falta de respeto”, lamentó una madre desde el municipio de Regla. Otras voces se suman reportando entregas mínimas que consisten en un tubo de pasta dental o un rollo de papel sanitario para familias enteras.
Mientras los diplomáticos exigen retractaciones y las televisoras defienden sus investigaciones, los ciudadanos enfrentan tiendas vacías o establecimientos que cobran exclusivamente en dólares, una divisa inalcanzable ante la devaluación del peso cubano. Al final del día, el cruce de acusaciones no pone un plato de comida en la mesa, dejando al pueblo de Cuba como el único y verdadero perdedor en esta crisis.

