Mientras el mundo concentraba su indignación en las atrocidades cometidas en París, Nueva York o la infame isla caribeña de Little St. James, el desierto del suroeste estadounidense guardaba un secreto monumental. Una palaciega mansión de casi 2,800 metros cuadrados, erigida sobre cientos de hectáreas en el árido paisaje de Nuevo México, funcionó durante 26 años como uno de los refugios más impenetrables y menos investigados del delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein: el Rancho Zorro.
Hoy, el velo de impunidad comienza a rasgarse. Espoleados por recientes desclasificaciones del Departamento de Justicia y testimonios que hielan la sangre, legisladores estatales acaban de conformar una «comisión de la verdad» bipartidista, dotada de poder de citación, para escarbar en el oscuro legado de la propiedad.
JEFFREY EPSTEIN ZORRO RANCH
Zorro Ranch was an 8,000-acre New Mexico property where Jeffrey Epstein was accused of trafficking, recruiting, sexual abuse, and much more. pic.twitter.com/KtDlYgbsDL
— Redpill Drifter (@RedpillDrifter) January 2, 2024
Denuncias de muerte y el silencio federal
El renovado escrutinio tiene un catalizador perturbador. En 2019, el mismo año en que Epstein murió bajo custodia federal, una denuncia anónima de un presunto exempleado del rancho alertó a las autoridades locales: el financiero habría ordenado enterrar los cuerpos de dos niñas, víctimas de abuso, en las colinas aledañas a la propiedad.
Aunque los abogados de Epstein confirmaron en correos electrónicos que los investigadores federales no registraron la propiedad hasta diciembre de 2019, el FBI se ha negado reiteradamente a aclarar si alguna vez investigó de forma específica la pista de los cadáveres.
«Debería haber habido más condenas relacionadas con conductas en Nuevo México», reclamó Héctor Balderas, exfiscal general del estado. En 2019, mientras Balderas avanzaba en interrogatorios locales, fiscales federales del Distrito Sur de Nueva York le pidieron detenerse para que ellos lideraran el caso. Un año después, frustrado por la inacción, Balderas envió una carta exigiendo confiscar los bienes de Epstein, argumentando que el rancho facilitó el «tráfico de menores». Nunca obtuvo respuesta.
La Tierra del Encanto y la ceguera institucional
¿Cómo logró Epstein operar una mansión equipada con pista de aterrizaje privada y hangar sin levantar sospechas? La respuesta, según los propios residentes, radica en la idiosincrasia del estado. «Los neomexicanos dejamos a la gente en paz», explica Mike Anaya, excomisionado del condado que creció cerca del rancho.
Epstein compró el terreno en 1993 a la familia de Bruce King, tres veces gobernador de Nuevo México. Fiel a su modus operandi, se codeó con la élite política, incluyendo al fallecido exgobernador Bill Richardson. Además, aprovechó las indulgentes leyes locales de registro de delincuentes sexuales para evadir el escrutinio tras sus condenas previas en Florida. Stephanie Garcia Richard, comisionada de tierras públicas, lo resume con contundencia: «Tengo la impresión de que se eligió Nuevo México específicamente por su opacidad».
El hermetismo era tal que los locales solo veían el deslumbrante resplandor nocturno y el tráfico aéreo. Algunos, como el artista Jim Sloan, de 90 años, se negaron a trabajar allí tras ser presionados para firmar estrictos acuerdos de confidencialidad, tildando el ambiente de «sospechoso».
El reloj en contra y un nuevo dueño
La representante estatal Andrea Romero, quien lidera la nueva Comisión de la Verdad, tiene una misión clara: «Tenemos que averiguar cómo pudo actuar sin rendir cuentas». El Fiscal General del estado se ha sumado al esfuerzo, anunciando la reapertura de una investigación archivada tras la muerte del magnate.
Sin embargo, el tiempo es el peor enemigo de la justicia. La propiedad cambió de manos en 2023. El nuevo dueño, el exsenador de Texas y magnate inmobiliario Don Huffines, rebautizó el lugar como Rancho San Rafael y planea convertirlo en un retiro cristiano. Aunque Huffines asegura estar dispuesto a cooperar con las autoridades, confirmó que, hasta la fecha, nadie le ha solicitado acceso oficial para buscar evidencias.
Abogadas de las víctimas temen que la inacción del FBI en 2019 haya permitido la destrucción de material biológico esencial. A medida que la maquinaria legal de Nuevo México vuelve a encenderse, la pregunta persiste: ¿Cuántos secretos más yacen enterrados bajo la árida tierra del Rancho Zorro?
Créditos y Reconocimientos:
Este reportaje ha sido elaborado con información recopilada, verificada y adaptada de las investigaciones originales de Reis Thebault y fotografías de Paul Ratje para The New York Times; reportes de Ángeles Núñez para El Horizonte; despachos de Anna Longares para Metro Ecuador; cobertura de Luis Miguel Pérez para UCV Radio Perú; reportes de la redacción de TMZ; e imágenes de archivo de Savannah Peters para AP.

