En medio de la madrugada y cobijados por la luz de cientos de velas, las bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) clausuraron este domingo las Jornadas Nacionales e Internacionales Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos. A siete años del asesinato del comunicador y defensor del territorio Samir Flores Soberanes, el reclamo de los pueblos originarios resuena con una advertencia clara: «Si no nos organizamos mejor, la tormenta será peor».
Las movilizaciones, que se extendieron del 19 al 22 de febrero tanto en México como en el extranjero, tuvieron su epicentro en los diversos Caracoles zapatistas, entre ellos Oventik, Morelia, La Garrucha, La Realidad, Nueva Jerusalén y Roberto Barrios. A la orilla de las carreteras y en las plazas comunitarias, los manifestantes corearon consignas que responsabilizan a las esferas del poder político y económico por el crimen perpetrado el 20 de febrero de 2019 en Amilcingo, Morelos.
Siete años de impunidad y resistencia
Samir Flores fue acribillado a las puertas de su casa apenas tres días antes de la consulta impulsada por el gobierno federal para justificar la reactivación del Proyecto Integral Morelos (PIM), obra a la que el activista se oponía rotundamente por sus impactos ambientales.
“Sabemos que fue asesinado por los mismos planes y leyes de los grandes ricos y los tres niveles de gobierno. Desde la muerte del compañero Samir nunca hubo justicia. Sigue la impunidad”, sentenciaron los voceros del movimiento rebelde. Durante los actos, los zapatistas lanzaron duros señalamientos contra el actual régimen, coreando frases como: «La cuarta transformación te asesinó a traición» y «La campaña de odio fue la sentencia de muerte para nuestro compañero».
Autodeterminación frente al saqueo
Acompañados por el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua, el EZLN emitió un enérgico pronunciamiento donde denuncian una estrategia global de «terror y saqueo». Advirtieron que el gran capital y las políticas de Estado buscan justificar la militarización para apropiarse de los bienes naturales de las comunidades, tales como el litio, el oro, el petróleo y el agua.
Ante este panorama, el llamado del movimiento zapatista es a rechazar las vías institucionales que históricamente les han fallado. “Samir es un símbolo de resistencia y rebeldía, no esperemos que la justicia la hagan los de arriba, los del poder; la justicia vendrá desde abajo, de los pueblos organizados”, concluyeron, reivindicando el derecho inalienable a la autodeterminación para defender a la «madre tierra».
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