Fotografía: La maquinaria de guerra israelí ignora el alto al fuego y asesina a 13 palestinos, bombardeando a familias que dormían en Jabalia y Jan Yunis. Crédito de la imagen a: Al Mayadeen Español.
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La promesa de paz se ha convertido, una vez más, en una sentencia de muerte para el pueblo palestino. Este domingo 15 de febrero de 2026, la Franja de Gaza amaneció teñida de sangre en lo que organismos de derechos humanos han calificado como una «masacre a cielo abierto». A pesar del supuesto cese al fuego vigente desde octubre, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desataron una feroz ofensiva aérea y terrestre que cobró la vida de al menos 13 personas, atacando deliberadamente zonas de refugio y violando, con impunidad absoluta, los acuerdos internacionales.

Mientras las bombas caían sobre los cuerpos de mujeres y niños en Gaza, en los despachos de Tel Aviv se perpetraba otro crimen: la legalización del despojo. El régimen de Benjamín Netanyahu aprobó medidas inéditas desde 1967 para el registro de tierras en la Cisjordania ocupada, oficializando la anexión del territorio palestino bajo la mirada complaciente de la administración estadounidense de Donald Trump.

Bombardeos contra los sueños: «Nos matan mientras dormimos»

La brutalidad se ensañó este domingo con el norte de la Franja. Según reportes de la Defensa Civil Palestina y confirmados por La Jornada, uno de los ataques más atroces tuvo lugar en el campamento de refugiados de Jabalia. Allí, un misil israelí impactó directamente contra una tienda de campaña donde familias desplazadas intentaban descansar.

Cinco palestinos fueron asesinados en ese ataque, incluido Iyad Abu Askar, hijo de un mártir de la resistencia. La desesperación se apoderó de los sobrevivientes entre los escombros humeantes. «Israel no entiende lo que es un alto el fuego o una tregua. Llevamos meses viviendo bajo una supuesta paz, pero nos atacan mientras dormimos. Dicen una cosa y hacen otra», denunció entre lágrimas Osama Abu Askar, tío de una de las víctimas, a la agencia AFP.

La carnicería no se detuvo ahí. En el sur, en la devastada Jan Yunis, y en Beit Lahia, drones israelíes cazaron a grupos de civiles. Los hospitales Al Shifa y Naser, ya colapsados tras años de bloqueo, volvieron a llenarse de sudarios blancos. CNN Mundo y la cadena Al Aqsa informaron también sobre el asesinato selectivo de Sami al-Dahdouh, miembro de la Yihad Islámica, en un intento de Israel por decapitar la resistencia palestina bajo el pretexto de «seguridad».

Mahmoud Basal, portavoz de la Defensa Civil, alertó que la cifra de muertos de este domingo es «marcadamente superior» al promedio, elevando a más de 600 el número de palestinos asesinados desde que supuestamente entró en vigor la tregua el pasado 10 de octubre de 2025.

La excusa de la «Línea Amarilla» y la impunidad

Para justificar la matanza, el ejército de ocupación alegó, según recogió La Silla Rota, que las víctimas habían cruzado la «Línea Amarilla», una frontera arbitraria impuesta por Israel dentro del propio territorio gazatí. El jefe militar israelí, Eyal Zamir, describió cínicamente las operaciones como un «despeje sistemático de infraestructura terrorista», reafirmando que su objetivo sigue siendo la desmilitarización total de la resistencia.

Sin embargo, para el portavoz de Hamas, Hazem Qassem, la realidad es otra: «Israel ha cometido una masacre al atacar a personas desplazadas en sus tiendas, en una grave violación del acuerdo de cese del fuego».

Las cifras del genocidio son escalofriantes. Según datos del Ministerio de Sanidad citados por EFE y TeleSur, desde el inicio de la agresión en 2023, más de 72,060 gazatíes han sido exterminados, entre ellos más de 20,000 niños, en lo que constituye uno de los capítulos más oscuros de la historia moderna.

Cisjordania: El robo final de la tierra

Paralelamente al derramamiento de sangre en Gaza, el sionismo avanza en su plan de colonización total en Cisjordania. TeleSur y agencias internacionales alertaron este domingo sobre la aprobación del gobierno israelí para reabrir el proceso de registro de tierras, algo no visto desde la Guerra de los Seis Días.

Esta maniobra administrativa tiene un fin claro: transferir la propiedad de la tierra palestina al Estado de Israel de forma «vinculante y definitiva». El ministro extremista Bezalel Smotrich celebró la medida como una «revolución en Judea y Samaria», utilizando la terminología bíblica para borrar la identidad palestina del territorio.

Organizaciones como Peace Now y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) han denunciado esto como una «anexión de facto» y una violación flagrante de la Resolución 2334 de la ONU. Se trata de una estrategia para liquidar la viabilidad de un Estado Palestino, legalizando el robo de tierras y dando carta blanca al ejército y a los colonos armados para expulsar a la población nativa.

La sombra de Washington

Esta escalada coordinada —bombardeos en Gaza y leyes de anexión en Cisjordania— ocurre en un momento político clave: días antes de la primera reunión de la «Junta de Paz» impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Analistas internacionales consultados por DW y La Sexta sugieren que Netanyahu, envalentonado tras su reciente visita a Washington, busca imponer hechos consumados sobre el terreno antes de cualquier negociación, sabiendo que cuenta con el respaldo incondicional de la Casa Blanca. Mientras el mundo habla de «paz», Israel continúa reescribiendo el mapa de Medio Oriente con sangre y fuego, consolidando un régimen de apartheid que, pese a las condenas, sigue operando sin freno.


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