Fotografía: Omar García Harfuch confirma que el esquema mexiquense es base para la Estrategia Nacional contra la Extorsión.
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Lo que comenzó en noviembre de 2024 como una ofensiva local para limpiar las instituciones municipales en el Estado de México, se ha consolidado hoy como el referente de seguridad más exitoso del país. La «Operación Enjambre», iniciativa insignia del gobierno de Delfina Gómez Álvarez, ha trascendido las fronteras estatales para convertirse en el modelo a seguir en la lucha contra la corrupción y la extorsión.

Este despliegue, ejecutado por la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) y basado en trabajos de inteligencia de alto nivel, ha logrado desarticular redes de protección institucional al crimen organizado. El saldo es contundente: 60 personas detenidas, entre servidores públicos en funciones y exfuncionarios, quienes operaban ilícitamente en 18 municipios de la entidad.

Resultados tangibles, no solo promesas

A diferencia de operativos pasados, «Enjambre» ha demostrado eficacia en los tribunales. Las investigaciones no se han quedado en la captura mediática; hasta el momento, se han conseguido 19 sentencias condenatorias contra 17 personas catalogadas como objetivos prioritarios, enviando un mensaje claro de que el fuero o el cargo ya no son garantía de impunidad.

El «Modelo EDOMEX» se exporta

El éxito de la estrategia mexiquense ha sido reconocido por el Gobierno Federal. Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, destacó la coordinación entre los tres órdenes de gobierno como la clave de estos resultados.

Bajo la instrucción de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo de fortalecer la Estrategia Nacional contra la Extorsión, el modelo de inteligencia y operación conjunta probado en el Estado de México ya está dando frutos en otras latitudes. Prueba de ello fue la reciente detención de un alcalde en el estado de Jalisco, operativo que replicó la metodología de «Enjambre» tras diversas denuncias ciudadanas.

Coordinación: la clave de la paz

Las autoridades estatales y federales coinciden en que las Mesas de Paz y el intercambio de información sensible han permitido limpiar las corporaciones policiacas y administrativas desde adentro. La «Operación Enjambre» se perfila así no solo como una acción policial, sino como una política de estado que busca devolver la tranquilidad a las comunidades atacando la raíz del problema: la colusión entre autoridades y delincuentes.


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