Fotografía: Autoridades admiten que ni la Guardia Nacional ni la policía local detectaron la actividad ilícita previa al estallido.
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La incertidumbre terminó, pero la preocupación aumenta. Autoridades estatales confirmaron este jueves que las dos explosiones que sacudieron ayer al municipio y obligaron a decenas de familias a huir por sus vidas no fueron un accidente fortuito, sino el resultado directo del huachicoleo.

Laureano Carrillo Rodríguez, secretario de Seguridad Ciudadana de Baja California, informó que los peritajes realizados tras sofocar el incendio en el Ejido Lázaro Cárdenas corroboraron que se trató de un intento de perforación ilegal en un ducto de Petróleos Mexicanos (Pemex).

«El día de ayer se trató de un intento de una toma clandestina donde se abre de manera irresponsable el ducto, lo que provoca este incendio», sentenció el funcionario, descartando fallas técnicas en la infraestructura de la paraestatal.

Infraestructura vulnerable y falta de vigilancia

El incidente ha puesto en la mira la fragilidad de la seguridad en la zona. A pesar de que los ductos que conectan el Centro de Almacenamiento y Distribución hacia Tijuana y Ensenada son vitales, en este tramo la tubería se encuentra a menos de un metro de profundidad, lo que la hace un blanco fácil para los grupos criminales.

Lo más alarmante, según reconocen reportes extraoficiales, es que esta actividad ilícita se estaba llevando a cabo cerca de dos fraccionamientos y un mercado, sin ser detectada por los rondines de la Policía Municipal, la Guardia Nacional o el Ejército, hasta que sobrevino el estallido.

Carrillo Rodríguez admitió que el robo de hidrocarburos sigue latente en la entidad: «Lamentablemente se sigue presentando el robo de hidrocarburos. Este año ya se han registrado dos situaciones similares en la zona», puntualizó, asegurando que se reforzará la coordinación con Seguridad Física de Pemex mediante el operativo «Proteo».

El costo humano del delito

Mientras las autoridades explican las causas técnicas, los habitantes de Rosarito intentan recuperarse del susto. El huachicoleo estuvo a punto de cobrar vidas inocentes la tarde del miércoles.

Testimonios como el de Jesús, un vecino del sector, reflejan el terror vivido: al escuchar las detonaciones y sentir cómo los vidrios de su casa vibraban por la onda expansiva, tomó a su bebé de seis meses y corrió a su auto. «Sentí un calor no habitual, era el fuego», narró. En su escape, tuvo que auxiliar a otra mujer que corría con su hijo en brazos por la carretera, huyendo de las llamas que, hoy se sabe, fueron encendidas por la delincuencia organizada.

Las investigaciones ahora quedan en manos de la Fiscalía General de la República (FGR) por tratarse de un delito federal, mientras la zona permanece bajo resguardo para evitar la reactivación de tomas en el perímetro.


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