Fotografía: La Habana niega negociaciones en curso pero deja la puerta abierta a una relación civilizada, advirtiendo que la isla "no está sola".
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En un escenario marcado por la incertidumbre económica y la escalada de tensiones diplomáticas en la región, el presidente de Cuba y primer secretario del PCC, Miguel Díaz-Canel, rompió el silencio este jueves. Vestido de civil —con un traje oscuro que contrastaba con el verde olivo habitual en momentos de crisis militar—, el mandatario ofreció una extensa comparecencia ante medios nacionales y extranjeros donde trazó una línea roja y una mano extendida: Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos, pero simultáneamente actualiza sus directrices para pasar a un «estado de guerra» si la agresión escala.

La intervención se produce en un momento crítico para la isla, asediada por apagones de hasta 20 horas y una crisis de combustible agudizada tras las recientes acciones de Estados Unidos contra Venezuela, que han interrumpido el flujo vital de petróleo hacia La Habana.

«Sin presiones ni condicionamientos»

Frente a la narrativa de la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump aseguró recientemente que ya existían «conversaciones a alto nivel», Díaz-Canel fue categórico. Si bien su viceministro de Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, aclaró a EFE que el diálogo «no ha empezado», el presidente subrayó la disposición histórica de la Revolución para sentarse a la mesa.

«Les puedo asegurar que Cuba no está sola», sentenció Díaz-Canel. «Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos sobre cualquier tema, siempre y cuando sea sin condiciones, sin presiones, con respeto a nuestra soberanía, independencia y autodeterminación. Se puede construir una relación civilizada entre vecinos».

Sin embargo, el líder cubano matizó que bajo la coerción actual es imposible negociar. Rechazó tajantemente la etiqueta de «país terrorista» impuesta por Washington y devuelta a la palestra por la administración republicana. «No hay fuerzas militares ni bases militares en La Habana de otros países. La única base militar de otra nación que hay en Cuba es la que tiene Estados Unidos [Guantánamo]», aseveró, respondiendo a las acusaciones de que la isla sirve de refugio a grupos extremistas.

La sombra del colapso y la «Resistencia Creativa»

El reconocimiento de la crisis interna fue uno de los puntos más álgidos de la jornada. Según reportes de BBC News Mundo y El País, la isla ha dejado de recibir crudo de Venezuela desde finales del año pasado, y las presiones de Washington sobre México han cerrado otras vías de suministro.

«El país debe ser capaz de sostenerse con las fuentes de energía que tiene. Nos hemos estado preparando para eso», admitió Díaz-Canel, citando un plan de emergencia ante el desabastecimiento agudo. Aunque destacó avances en energías renovables —con 1.000 MW aportados por parques fotovoltaicos—, el mandatario no ocultó que se avecinan «tiempos difíciles».

Retomando la retórica de la «resistencia creativa», el gobierno cubano apela a la resiliencia de una población que, en palabras del presidente, nació y vivió bajo el bloqueo. «El colapso está en la filosofía imperial, pero no en la mentalidad de los cubanos», dijo, intentando desmarcarse de la teoría del «Estado fallido» que promueve la vocería de la Casa Blanca, encabezada por Karoline Leavitt.

Preparativos para la defensa

Quizás el mensaje más contundente, recogido por Proceso y AP, fue la confirmación de que la isla se prepara para el peor escenario. Aunque Díaz-Canel insistió en que «Cuba es un país de paz», reveló que se han actualizado las directivas defensivas.

«No lo escondemos, nos estamos preparando para si hay que pasar al estado de guerra en algún momento», declaró. Esta afirmación surge tras la operación militar estadounidense del 3 de enero contra el liderazgo venezolano, un hecho que ha encendido las alarmas en el Palacio de la Revolución sobre una posible intervención directa o un bloqueo naval total.

Reacciones internacionales y el factor Venezuela

El mandatario aprovechó para agradecer la solidaridad internacional, mencionando apoyos de Rusia, China y movimientos sociales en México, según documentó La Jornada. Respecto a la alianza con el chavismo, Díaz-Canel aseguró que la cooperación se mantendrá «en la medida que se pueda», desmintiendo una ruptura, pero reconociendo las limitaciones logísticas actuales.

Mientras los analistas consultados por El Mundo señalan la falta de reformas estructurales profundas ante la pobreza extrema, el gobierno cubano apuesta por resistir el embate externo sin ceder en su modelo político, dejando la pelota en el tejado de Washington: asfixia o diálogo entre iguales.

CRÉDITOS Y FUENTES

Esta nota fue elaborada a partir de reportes de:

  • La Jornada (Luis Hernández Navarro)
  • BBC News Mundo (Ángel Bermúdez)
  • El País (Carla Gloria Colomé / Macarena Vidal Liy)
  • Proceso / AP
  • El Mundo (Daniel Lozano)
  • Universidad de Colima / EFE

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