El hallazgo sin vida de Dafne Evelin Meneses Galindo no trajo el cierre que su familia esperaba, sino el inicio de una exigencia desesperada: justicia. Confirmado oficialmente como el primer feminicidio de 2026 en el país, el caso se encuentra estancado en la impunidad, pues a días de la localización del cuerpo, el feminicida sigue libre y las autoridades no han presentado detenidos.
Dafne, de 24 años, desapareció el 29 de diciembre de 2025 tras avisar que acudiría a la zona de La Marquesa para encontrarse con una expareja sentimental. Pese a que existe este indicio claro sobre con quién estuvo la joven antes de perder la vida, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) mantiene silencio sobre el paradero del sospechoso.
Indicios claros, nula acción
La familia de la víctima no se quedó de brazos cruzados. Lograron intervenir el teléfono para rastrear la última ubicación de Dafne el 30 de diciembre y encabezaron las brigadas de búsqueda en zonas de pastizales. Sin embargo, la respuesta institucional ha sido lenta.
Aunque el caso se investiga bajo el protocolo de feminicidio, la falta de aprehensiones ha encendido las alarmas de activistas y sociedad civil. No hay presuntos implicados tras las rejas, ni explicaciones sobre por qué, teniendo identificado al último contacto de la víctima, no se ha procedido con mayor contundencia.
Disputa territorial vs. Justicia real
Mientras el asesino continúa en libertad, la narrativa pública se ha distraído en detalles geográficos. El cuerpo fue hallado en el paraje «La Sabaleta», y aunque inicialmente se ubicó en Ocoyoacac, la Colectiva Erinias Veterinaria aclaró que el sitio corresponde a los límites de Huixquilucan.
“Esta distorsión no es menor: oculta la grave situación de inseguridad… y contribuye a desviar la responsabilidad institucional”, sentenció la colectiva, advirtiendo que la discusión sobre fronteras municipales no debe servir de excusa para la inoperancia policial.
«No es normal vivir con miedo»
El caso de Dafne es un recordatorio brutal del peligro que corren las mujeres en la periferia de la Ciudad de México. Ella salió vestida con tenis blancos y una sudadera roja, con la confianza de ver a alguien conocido, y fue asesinada.
Hoy, la exigencia es una sola: que el caso no se convierta en una carpeta más archivada. «¡Justicia para Dafne y para todas las víctimas!», claman las colectivas, recordando que mientras no haya castigo para quien le arrebató la vida, el Estado falla en su deber más básico de protección.

