Lo que comenzó el pasado 28 de diciembre como un reclamo de comerciantes y ciudadanos ante la asfixiante inflación en los bazares de Teherán, se ha transformado en un escenario de guerra civil no declarada. Organizaciones de derechos humanos denunciaron este domingo que la represión gubernamental en Irán ha derivado en una «masacre en proceso», con un saldo que supera el medio millar de muertos, mientras la comunidad internacional observa con alarma la escalada retórica y militar entre el régimen de los ayatolás y la administración de Donald Trump.
La organización civil Human Rights Activists News Agency (HRANA), que opera desde Estados Unidos, elevó este domingo a 538 la cifra de muertes confirmadas en el marco de las protestas que ya abarcan más de cien ciudades iraníes. Según el desglose de la ONG, 490 de los fallecidos son manifestantes que desafiaron a las fuerzas de seguridad, mientras que 48 bajas corresponden a efectivos del régimen.
El reporte es devastador: las detenciones alcanzan a 10,675 personas, de las cuales al menos 160 son menores de edad y decenas son estudiantes universitarios. Otras organizaciones, como Iran Human Rights (IHRNGO), con sede en Noruega, mantienen un conteo más conservador de 192 fallecidos, pero advierten que el número real podría ser mucho mayor. «La matanza de manifestantes en los últimos tres días, en particular tras el apagón nacional de internet, podría ser incluso más extensa de lo que imaginamos», declaró Mahmood Amiry-Moghaddam, director del grupo.
«Masacre en proceso» y hospitales colapsados
El Centro para los Derechos Humanos en Irán (CHRI) calificó la situación directamente como una masacre. Según relatos de testigos presenciales recopilados por la BBC y otros medios internacionales restringidos en la zona, los hospitales están «abrumados». Médicos en Teherán y Rasht reportan morgues saturadas, escasez crítica de reservas de sangre y un patrón alarmante de heridos con disparos deliberados en los ojos y el rostro.
Miles de personas han sido asesinadas en Irán.
¿Greta Thunberg? Silencio.
¿Sánchez, Starmer y Macrón? Silencio.
¿La ONU? Silencio.
¿Los medios? Silencio.
¿Las universidades? Silencio.
¿Los activistas de DDHH? Silencio.
No jews, no news.pic.twitter.com/KGnaGScg88
— Isaac (@isaacrrr7) January 11, 2026
«El mundo debe actuar ahora para prevenir más pérdidas de vidas», alertó el CHRI. Sin embargo, la verificación de los hechos enfrenta un obstáculo monumental: el régimen ha impuesto un bloqueo de internet que, según la organización Netblocks, ya supera las 60 horas. «La medida de censura representa una amenaza directa para la seguridad y el bienestar de los iraníes», afirmó el organismo de ciberseguridad.
A pesar del cerco digital, videos verificados por BBC Verify y agencias como AFP muestran escenas de caos en Mashhad y Teherán: manifestantes enmascarados levantando barricadas con contenedores en llamas, el sonido incesante de disparos de munición real y cánticos que piden la caída del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años.
La amenaza de Trump y el Derecho Internacional
La crisis interna de Irán ha reactivado las tensiones geopolíticas al más alto nivel. Desde Washington, el presidente Donald Trump afirmó este domingo que Estados Unidos está «listo para ayudar» al pueblo iraní y confirmó que su administración evalúa «opciones muy fuertes», incluyendo acciones militares, si el régimen persiste en «matar gente».
«Irán busca la libertad, quizás como nunca antes. ¡EE.UU. está listo para ayudar!», escribió Trump en redes sociales. Según fuentes consultadas por CNN y The Wall Street Journal, el mandatario ha recibido informes sobre posibles ataques aéreos, ciberataques contra infraestructura del régimen y nuevas sanciones a los sectores energético y bancario. Trump incluso mencionó planes para coordinar con Elon Musk el despliegue de internet satelital Starlink para burlar el bloqueo informativo.
Sin embargo, expertos en geopolítica y derecho recuerdan que cualquier intervención militar unilateral de Estados Unidos en territorio iraní constituiría una flagrante violación al derecho internacional y a la soberanía de los estados, estipulada en la Carta de las Naciones Unidas, salvo que exista una resolución del Consejo de Seguridad o un argumento válido de legítima defensa, condiciones que actualmente no se cumplen. A pesar de esto, la retórica de la Casa Blanca sugiere una disposición a actuar al margen de los consensos multilaterales.
Teherán responde: «Objetivos legítimos»
La respuesta de la República Islámica no se hizo esperar. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, lanzó una advertencia directa: «En caso de un ataque contra Irán, tanto el territorio ocupado [en referencia a Israel] como todos los centros, bases y barcos militares estadounidenses en la región serán nuestros objetivos legítimos».
Durante la sesión parlamentaria, legisladores corearon «¡Muerte a América!», reafirmando la postura de línea dura del régimen. El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, quien llegó al poder con una plataforma reformista, ha quedado alineado con los sectores conservadores, culpando a «criminales terroristas urbanos» y a la injerencia extranjera de los disturbios.
«El enemigo ha traído terroristas entrenados al país», declaró Pezeshkian a la televisión estatal, instando a la población a una «marcha nacional de resistencia» para contrarrestar las protestas. Por su parte, el ayatolá Alí Jamenei desestimó las demandas populares calificando a los manifestantes de «un puñado de vándalos» que buscan complacer a Trump.
El factor Israel y la oposición en el exilio
Israel, que ha elevado su nivel de alerta, sigue de cerca los acontecimientos. El primer ministro Benjamin Netanyahu, tras conversar con el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, declaró que «el mundo entero está asombrado ante el tremendo heroísmo de los ciudadanos de Irán» y prometió que, de caer el régimen, ambas naciones volverían a ser «aliados leales».
Mientras tanto, desde el exilio, Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, se ha posicionado como una figura central de la oposición. En un video publicado en la plataforma X, Pahlavi aseguró que las fuerzas de seguridad enfrentan una «grave escasez de mercenarios» y llamó a una huelga general, afirmando estar listo para regresar y liderar una transición. «Sé que pronto estaré a su lado», prometió a los manifestantes.
De la economía a la revolución
Lo que distingue a estas protestas de las ocurridas en 2017, 2019 o la revolución de «Mujer, Vida, Libertad» en 2022, es la convergencia de factores. Iniciadas por los poderosos bazaaris (comerciantes tradicionales aliados históricos del clero) debido al colapso del rial y la inflación del 70% en alimentos, las manifestaciones mutaron rápidamente hacia un rechazo total al sistema teocrático.
El analista Saeed Laylaz advirtió días antes del estallido que «la República Islámica ha llegado a su nivel más bajo de legitimidad». Ahora, con una economía paralizada, hospitales desbordados y una amenaza de guerra cerniéndose sobre la región, Irán atraviesa sus horas más oscuras y decisivas.
La comunidad internacional, desde la ONU hasta la Unión Europea, ha pedido «máxima moderación», pero en las calles de Teherán, donde el fuego y los disparos no cesan, la moderación parece haber desaparecido.

