Fotografía: A partir del 1 de enero de 2026 la prohibición será absoluta. Crédito de la imagen a Animal Héroes,
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El sonido de las aves hacinadas, el olor penetrante de la fauna exótica mezclado con incienso y el miedo en la mirada de cachorros amontonados en jaulas oxidadas están por convertirse en un recuerdo —oscuro para unos, tradicional para otros— en la Ciudad de México. A partir del 1 de enero de 2026, ningún animal podrá ser vendido legalmente en el emblemático Mercado de Sonora. Sin embargo, el cambio ya ha comenzado: el último local dedicado a este giro ha bajado sus cortinas, marcando el fin de una batalla que duró más de un lustro.

Lo que durante décadas fue conocido popularmente como un centro de misticismo y abasto, pero catalogado por activistas como un «infierno» para las especies no humanas, atraviesa su transformación más radical desde su inauguración en 1957. La alcaldesa de Venustiano Carranza, Evelyn Parra Álvarez, confirmó la sentencia: a finales de 2025 no quedará ni un solo animal vivo a la venta. Quienes no acaten, perderán sus derechos sobre los locales.

La victoria de la sociedad civil: una lucha contra la corriente

El cierre definitivo no fue una concesión política voluntaria, sino el resultado de una extenuante guerra judicial. El Frente Ciudadano Pro-Derecho Animal (FRECDA) y la organización Va Por Sus Derechos lideraron la ofensiva. Desde 2018, estos colectivos documentaron las violaciones sistemáticas a las leyes de bienestar animal, logrando en 2020 una sentencia que prohibía la comercialización de seres sintientes en mercados públicos.

No obstante, la aplicación de la ley se topó con un muro de burocracia y resistencia. Según denuncias de FRECDA, la administración de la alcaldía utilizó recursos jurídicos y tácticas dilatorias —calificadas por los activistas como «chicanadas»— para proteger a los comerciantes y postergar el cumplimiento del fallo.

«La corrupción de la alcaldesa Evelyn Parra puso a todo su personal jurídico a defender a los comerciantes», sentenció el colectivo en un comunicado reciente. Fue necesaria la promoción de tres amparos distintos ante la presunta complicidad dentro del propio Tribunal de Justicia Administrativa.

El punto de quiebre llegó entre 2023 y 2024, cuando los recursos legales se volvieron definitivos. El ultimátum fue claro: o la alcaldía aplicaba la ley y clausuraba la venta de animales, o la titular de la demarcación enfrentaría la remoción de su cargo. Bajo esta presión, la intervención del Instituto de Verificación Administrativa (INVEA) se volvió inevitable.

El horror tras las jaulas: las razones del cierre

Para entender la magnitud de esta resolución, hay que mirar dentro de los pasillos del mercado. Organizaciones como Igualdad Animal México, dirigida por Dulce Ramírez, han expuesto durante años las condiciones infrahumanas en las que operaba este comercio.

Los reportes son estremecedores: perros mutilados, animales enfermos pintados con tintes tóxicos para aparentar ser de razas puras, especies exóticas en peligro de extinción como monos araña y grandes felinos, y el hacinamiento extremo que convertía al lugar en una bomba de tiempo sanitaria.

El incendio del 4 de noviembre de 2021 fue el evento que expuso ante la opinión pública nacional la gravedad del asunto. Las llamas revelaron no solo la falta de protección civil, sino el abandono y el maltrato flagrante que sufrían miles de animales atrapados en las llamas.

Además, el Mercado de Sonora no solo vendía mascotas. Históricamente, ha sido un punto neurálgico para la adquisición de animales destinados a rituales de santería y magia (gallinas, cabras, palomas) e incluso para el consumo humano bajo prácticas insalubres, como el sacrificio in situ, conocido como «pollo recién matado», un foco de infección que violaba todas las normas sanitarias vigentes.

Incertidumbre económica: el colapso de una cadena productiva

Mientras los defensores de los derechos animales celebran un triunfo histórico, al otro lado de la moneda se vive un drama económico. La prohibición ha generado un efecto dominó que golpea no solo a los locatarios del mercado, sino a una extensa red de productores en los pueblos aledaños a la Ciudad de México.

Criadores de aves, cabras y cerdos reportan que sus ventas han caído hasta en un 80% tras las clausuras progresivas. Argumentan que la medida pone en riesgo el sustento de miles de familias que dependen de esta actividad.

«La ganancia promedio por ave es de entre 2 y 10 pesos. Seguir manteniéndolas sin venderlas nos llevará irremediablemente a la quiebra», señalaron representantes del sector productivo. Rechazan tajantemente las acusaciones de maltrato generalizado, alegando que su negocio depende de la salud de los ejemplares: «Si estuvieran enfermos, no habría compradores».

Ante este escenario, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha prometido un acompañamiento institucional. En conferencias recientes, aseguró que, aunque la venta de animales en vía pública y mercados es un delito que debe perseguirse, su administración buscará acuerdos para apoyar a los locatarios en la transición hacia nuevos giros comerciales.

El reto de la transición: ¿Hacia dónde va el Mercado de Sonora?

La resolución judicial, derivada del Juicio de Amparo 1547/2023, obliga a las autoridades a implementar medidas concretas para erradicar la venta ilegal. Esto implica un cambio radical en la vocación de decenas de locales.

La alcaldesa Evelyn Parra ha indicado que los comerciantes ya han comenzado a modificar su actividad, optando por la venta de accesorios para mascotas, alimentos, artesanías o artículos esotéricos sin vida. Se busca una transición ordenada, pero el ambiente en los pasillos del mercado es tenso. El hermetismo impera; los comerciantes evitan a la prensa y miran con recelo el futuro inmediato.

Los activistas, por su parte, advierten que la batalla no termina con el cierre de los locales. El riesgo latente es que el comercio se desplace a la informalidad. «No podemos cantar victoria porque sabemos que los explotadores de animales lo siguen haciendo con protección en los alrededores del mercado», advirtió FRECDA.

El desafío para 2026 será titánico: garantizar que la prohibición no sea letra muerta. Las autoridades deberán vigilar que la venta no mute hacia el ambulantaje (los «toreros») o hacia la clandestinidad digital, y asegurar que el Mercado de Sonora conserve su identidad cultural sin que esta dependa del sufrimiento de seres vivos.

Por ahora, el mensaje es claro: la Ciudad de México ha dado un paso irreversible hacia el reconocimiento de los derechos de los animales, cerrando uno de los capítulos más oscuros en la historia de sus mercados tradicionales.


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