La promesa de conectar los dos océanos a través de la modernidad ferroviaria se tiñó de luto este domingo en el sur de México. En lo que se considera el accidente más grave desde la reactivación del sistema ferroviario en el Istmo de Tehuantepec, el Tren Interoceánico sufrió un catastrófico descarrilamiento a la altura de la comunidad de Nizanda, en el municipio de Asunción Ixtaltepec, Oaxaca.
El saldo oficial, confirmado por la Secretaría de Marina (Semar), es devastador: 13 personas perdieron la vida y 98 resultaron heridas, de las cuales cinco luchan por su vida en estado crítico. El incidente ha conmocionado al país, poniendo bajo la lupa la operatividad, seguridad y los procesos de construcción de uno de los proyectos insignia de la administración federal pasada y actual.
Crónica del desastre: «Sentimos que venía muy fuerte»
El reloj marcaba las primeras horas de la mañana cuando el convoy, compuesto por dos locomotoras y cuatro vagones de pasajeros que cubría la ruta de Salina Cruz, Oaxaca, a Coatzacoalcos, Veracruz, perdió la estabilidad. A bordo viajaban 250 personas (241 pasajeros y 9 tripulantes) que regresaban a sus hogares o viajaban por turismo en plena temporada vacacional.
Según los primeros reportes técnicos y testimonios recabados en la zona, la máquina principal se salió de los rieles en un tramo curvo, arrastrando consigo a los vagones. La inercia provocó que parte del convoy volcara dramáticamente hacia un talud de aproximadamente siete metros de profundidad.
«Sentimos que el tren venía muy fuerte, no sabemos si se quedó sin frenos», relató uno de los sobrevivientes en un video que rápidamente se viralizó en redes sociales. Las imágenes dantescas mostraban vagones recostados sobre la maleza, estructuras metálicas retorcidas y decenas de personas atrapadas intentando salir entre llanto y confusión. «Muchísima gente está ahí tirada, nosotros veníamos en el último vagón… estamos tratando de sacar gente», narraba el testigo con voz entrecortada, evidenciando el caos de los primeros minutos antes de la llegada de los cuerpos de socorro.
13 muertos, 98 heridos, 36 hospitalizados, 5 de ellos graves, el resultado del descarrilamiento del Tren Interoceánico este domingo 28 de diciembre en la comunidad de Nizanda, Oaxaca.
Corrupción e ineptitud, el sello en este capricho obradorista.pic.twitter.com/S0RTziL2qN— Enrique Muñoz (@enriquemunozFM) December 29, 2025
Despliegue masivo y respuesta oficial
La magnitud del siniestro activó una respuesta inmediata de nivel federal. La Secretaría de Marina, encargada de la administración del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT), desplegó un operativo de gran escala con 360 elementos navales, 20 vehículos tácticos, cuatro ambulancias terrestres, tres ambulancias aéreas y un dron táctico para coordinar la búsqueda y rescate en la difícil topografía de la zona.
La Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, utilizó sus redes sociales para lamentar profundamente la pérdida de vidas humanas e instruyó el traslado inmediato del Secretario de Marina y del Subsecretario de Derechos Humanos al lugar de los hechos. «Los heridos se encuentran en hospitales del IMSS en Matías Romero y Salina Cruz, así como de IMSS-Bienestar en Juchitán e Ixtepec», detalló la mandataria, asegurando que no habrá impunidad y se llegará al fondo de las causas.
Por su parte, el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, confirmó la instalación de un módulo operativo de emergencia que articula los esfuerzos del gobierno estatal, municipal y federal, priorizando la atención médica de los 36 lesionados que requirieron hospitalización urgente.
La sombra de la duda: Corrupción y antecedentes
Este trágico evento no es un hecho aislado, sino el segundo incidente ferroviario en la región en menos de una semana, luego de que el pasado 20 de diciembre otro convoy chocara contra una pipa en la Línea FA. Sin embargo, el descarrilamiento en Nizanda ha reavivado una polémica que ha perseguido al proyecto desde su construcción: la calidad de los materiales y la transparencia en los contratos.
Diversas investigaciones periodísticas, destacando las realizadas por Latinus, han señalado presuntas irregularidades en la supervisión de la obra. Los reportes apuntan a una red de tráfico de influencias conocida como «El Clan», presuntamente operada por Gonzalo «Bobby» López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, y su amigo cercano, el contratista Amílcar Olán.
Según audios y documentos filtrados, esta red habría gestionado contratos millonarios para el suministro de balasto —la piedra triturada que soporta las vías— sin cumplir con los estándares de calidad requeridos, replicando un modus operandi denunciado previamente en el Tren Maya. «Terminando de ahí (Tren Maya) nos los vamos a llevar a Oaxaca… Bobby me dijo que nos van a dar un frente en unas minas», se escucha decir a Olán en una de las grabaciones reveladas, sugiriendo un control fáctico sobre la proveeduría del proyecto ferroviario.
Aunque el exmandatario López Obrador defendió en julio de 2024 que su hijo actuaba de manera «honorífica» y sin cobrar, la coincidencia entre las denuncias de mala calidad en la piedra y el accidente actual ha generado una fuerte presión sobre la Fiscalía General de la República (FGR), encabezada por Ernestina Godoy, que ya ha abierto una carpeta de investigación para determinar si hubo negligencia criminal, fallas mecánicas o corrupción en la infraestructura que derivaron en esta tragedia.
El futuro del Corredor
La Línea Z, inaugurada apenas en 2023, es la columna vertebral del proyecto que busca competir con el Canal de Panamá, uniendo el Pacífico con el Atlántico para el transporte de carga y pasajeros. El accidente de este domingo pone en entredicho la seguridad de una de las apuestas geopolíticas y económicas más importantes de México.
Mientras las grúas intentan recuperar los vagones del fondo del barranco y las familias de las 13 víctimas mortales comienzan el doloroso proceso de identificación, la exigencia nacional es clara: transparencia total, peritajes independientes y justicia para las víctimas de un viaje que debía ser de progreso y terminó en fatalidad.

