Fotografía: Aunque es una herencia hispana y no prehispánica, la pirotecnia se arraigó como el “sonido de la existencia” en las fiestas patronales.
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En el imaginario colectivo de México, una fiesta patronal sin estruendo es inconcebible. Pero detrás de la pólvora, el humo y las luces que iluminan los cielos de miles de pueblos, existe un significado mucho más profundo que el simple entretenimiento: es un acto de comunicación sagrada y una demostración de poder social.

María Angélica Galicia Gordillo, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, explica que la pirotecnia en México trasciende lo lúdico para instalarse en lo ritual.

“Entre más cohetes truenen, mayor es el prestigio de la comunidad”, sentencia la académica, citando una máxima popular que define la identidad de los pueblos: “Un pueblo que no suena es un pueblo que no existe”.

El viaje de la luz y el sonido

Según la especialista, el «cohete» cumple una función de enlace entre la tierra y el cielo. En la cosmovisión adaptada al catolicismo popular, la divinidad habita en las alturas, en la luz y la energía. Dado que el ser humano no puede ascender físicamente, envía «mensajeros» en forma de castillos, bombas y coronas giratorias.

Galicia Gordillo comparte una anécdota que ilustra esta geolocalización sonora: Don Luis, un habitante de San Pedro Atzompa, le confesó que para encontrar una fiesta no necesita invitaciones ni mapas, simplemente sube a la azotea. “Veo dónde hay cohetes… así las ubico en tiempo real”. El sonido anuncia dónde está la vida y la celebración.

Una herencia hispana, no prehispánica

Contrario a la creencia de que el gusto por el estruendo es una herencia indígena pura, la investigación de la UNAM aclara que la pirotecnia arribó con la hispanidad y la difusión de la pólvora.

En el libro “Cohetes de regocijo”, editado por la UNAM, se documenta que ya en el siglo XVIII la pirotecnia era considerada un arte necesario para demostrar lealtad al Rey y celebrar victorias. Incluso, en 1788, fue un tal Don Joaquín Gavilán quien iluminó con “fuegos artificiosos” la inauguración del Real Estudio Botánico de la Universidad.

El gigante de Tultepec y la economía del fuego

Más allá del misticismo, la pirotecnia es un motor económico colosal. Datos del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia revelan que el Estado de México fabrica más del 60% de la producción nacional.

El municipio de Tultepec, autodenominado la capital de la pirotecnia, es el epicentro de esta industria que sostiene, directa o indirectamente, a más de 200 mil familias. La derrama económica es impactante: se estiman cerca de 15 mil millones de pesos anuales generados solo en esta localidad.

Con aproximadamente 8 mil 200 iglesias en la entidad mexiquense, cada una con sus respectivas festividades patronales, Navidad y Año Nuevo, la demanda de «luz y ruido» está garantizada. Mientras persista la necesidad de «hacerse presentes» ante el santo y ante los pueblos vecinos, México seguirá sonando.


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