Fotografía: Analistas advierten que el costo se trasladará directamente al consumidor. Crédito de la imagen a quien corresponda.
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La resaca del «mega arancel» de hasta 210.44% a la importación de azúcar, que entró en vigor este martes 11 de noviembre, comienza a analizarse. Aunque la medida fue celebrada por el sector cañero como un rescate histórico, la industria alimentaria y analistas económicos anticipan que el impacto real recaerá en los bolsillos del consumidor final, con un alza inminente en los precios de refrescos, productos de confitería y panadería.

El decreto, presentado el lunes por el gobierno de Claudia Sheinbaum, grava con un 156% al azúcar de caña o remolacha y con un 210.44% al azúcar líquida refinada proveniente de países sin un tratado de libre comercio con México, como Brasil, uno de los principales exportadores.

El objetivo, según el Ejecutivo, es «generar estabilidad» y proteger a la agroindustria nacional de la «caída de los precios internacionales».

Un rescate para el campo

La reacción del sector productor fue inmediata. La gobernadora de Veracruz (principal estado productor), Rocío Nahle, celebró la decisión como un acto de «justicia» que permitirá «recuperar precios justos» para las miles de familias que dependen de los 19 ingenios del estado.

Las principales uniones cañeras y la Cámara Azucarera publicaron un manifiesto respaldando la medida, destacando que el sector genera más de 2.5 millones de empleos y había sufrido pérdidas millonarias por la competencia desleal.

El costo para el consumidor

Pese a que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, minimizó el impacto al asegurar que las importaciones afectadas representan solo el 4% del consumo nacional, los analistas señalan que el efecto en los precios será inevitable.

El analista económico Kristobal Meléndez explicó que la medida es positiva para el productor, pues al eliminar la competencia barata, «podrían colocar su producto a un mejor precio». Sin embargo, advirtió: «sí se debe esperar un eventual incremento de precios».

Este incremento será absorbido primero por la industria de alimentos y bebidas, que utiliza el azúcar como insumo fundamental. Se espera que las grandes refresqueras y empresas de confitería trasladen este nuevo costo al precio final de sus productos.

La doble estrategia: Aranceles e impuestos

Esta política arancelaria no es una acción aislada. Se enmarca en una estrategia doble del gobierno que, por un lado, busca fortalecer la industria local bajo el «Plan México» y, por otro, continúa su «guerra» contra los productos azucarados por razones de salud pública.

El decreto complementa la propuesta del Paquete Económico 2026, que busca aumentar la cuota del IEPS (impuesto al consumo) a las bebidas azucaradas hasta los 3.08 pesos por litro.

La industria ahora enfrenta un dilema: pagar el azúcar nacional a un precio más alto o buscar alternativas, como el jarabe de maíz de alta fructosa o edulcorantes artificiales, aunque el gobierno ya ha expresado su intención de regular también esos sustitutos.

Redacción por: Oralia Galindo


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