Sinaloa despertó este martes 9 de septiembre con el eco de las balas, justo al cumplirse un año del estallido de una violenta guerra interna en el Cártel de Sinaloa. Un año que, en palabras de un experto, ha sido como si «estuviera lloviendo todos los días». El saldo de esta tormenta incesante es una tragedia civil de proporciones devastadoras: 1,828 homicidios dolosos y 2,390 personas desaparecidas, una economía en ruinas y una generación de niños cuya educación y paz han sido secuestradas.
La fractura del cártel, desatada en septiembre de 2024 tras la captura de Ismael «El Mayo» Zambada, presuntamente facilitada por los hijos de «El Chapo» Guzmán, sumió al estado en un campo de batalla. «Hemos vivido momentos que son como un huracán de categoría cinco», describió en una entrevista con la agencia EFE, Miguel Calderón Quevedo, coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP).
La desesperación llevó a miles de ciudadanos a marchar el pasado domingo bajo el lema «¡Ya basta!, Queremos paz», en una crítica directa a la inacción que perciben del gobierno de Rubén Rocha Moya.
Una generación bajo fuego
Quizás la herida más profunda de este conflicto es la que sangra en la infancia. Según la organización Mexicanos Primero Sinaloa, la violencia provocó la pérdida de al menos 30 días de clases en el ciclo escolar anterior. La matrícula oficial de la SEPyC confirma la catástrofe: casi 11,000 alumnos menos en educación básica, un éxodo que la autoridad atribuye a la demografía, pero que testimonios como el de Ana, quien huyó con sus hijas a Tijuana, ligan directamente al terror.
La senadora del PRI, Paloma Sánchez Ramos, denunció que la niñez paga el precio más alto: más de 60 menores han sido asesinados y 142 están desaparecidos en solo doce meses. La memoria colectiva de Culiacán sigue marcada por el asesinato de los hermanos Gael y Alexander, de 9 y 12 años, víctimas de un ataque armado en enero.
La economía del miedo
La violencia no solo arrebata vidas, también el sustento. «Vivir en Sinaloa significa salir de casa sin saber si volverás con vida», sentenció la senadora Sánchez. Este miedo ha paralizado la economía. Según datos del IMSS, Sinaloa es hoy la peor entidad del país en generación de empleo, con una pérdida de más de 36,000 puestos de trabajo.
Martín, un agricultor y comerciante entrevistado por Proceso, narra cómo la extorsión y la violencia se suman a la sequía, haciendo inviable sembrar. En la ciudad, su relato se repite: tuvo que cerrar uno de sus dos locales y abandonar su trabajo extra como conductor de aplicación por el pánico a ser víctima de un «levantón». Su miedo está justificado: la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) ubica a Culiacán como la ciudad con más robo violento de vehículos del país, superando las 7,000 unidades en el último año.
La respuesta política: promesas y acusaciones
Mientras la sociedad se desangra, la respuesta política es un campo de batalla aparte. La senadora Sánchez acusó directamente al gobernador Rubén Rocha Moya de «guardar silencio y minimizar la tragedia», afirmando que «su indiferencia lo coloca como cómplice de los criminales». Como alternativa, presentó una iniciativa de Ley de Pacificación en el Senado.
Una vez más #Sinaloa no durmió, hubo enfrentamientos en Culiacán, en Guamúchil y Mocorito, además de cierre de vialidades, un policía y varios civiles muertos.
Claramente el CO tiene rebasadas a las autoridades, por eso Trump bien dice que @Claudiashein les tiene miedo a sus… pic.twitter.com/HkDRziYSYH
— (@malusita76) May 8, 2025
Desde el gobierno federal, la presidenta Claudia Sheinbaum ha reafirmado su compromiso de pacificar el estado, destacando la presencia permanente del Ejército y la Guardia Nacional. Sin embargo, para los sinaloenses, las reuniones de gabinete de seguridad y las promesas se sienten lejanas mientras la «lluvia» de balas no cesa.

