Fotografía: Compañeros y testimonios cercanos aseguran que la agresión fue una respuesta desesperada a semanas de presunto acoso y humillaciones.
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Mientras las versiones oficiales señalan a un estudiante como el agresor, la comunidad estudiantil de la Universidad Política de Tulancingo (UPT) ha levantado la voz para contar una historia muy diferente. Una historia de presunto abuso de poder, violencia psicológica sistemática y una alarmante indiferencia por parte de las autoridades universitarias que convirtieron un salón de clases en una olla de presión a punto de estallar.

El alumno, ahora en riesgo de expulsión, es descrito por sus pares como «un excelente compañero desde el día uno, sin incidentes previos». Sin embargo, su expediente se vio manchado al confrontar a un docente que, según múltiples testimonios, «abusa de su autoridad y humilla a los alumnos que simplemente no le caen».

Compañeros del joven aseguran que no se puede manipular el contexto. Afirman que el estudiante ya había acudido a la coordinación académica para denunciar formalmente el bullying que sufría por parte del profesor frente al resto de la clase. La respuesta, denuncian, fue nula. «No hicieron nada para hablar con el profesor, simplemente hicieron que no pasó nada», reclama un testimonio cercano.

La agresión, insisten, no fue la causa, sino la consecuencia. «Uno como persona no está para tolerar semanas de violencia psicológica», se lee en una de las denuncias públicas. «Sé que no fue la manera adecuada, sin embargo, todo tiene un límite, y el compañero se defendió a sí mismo y defendió a otras compañeras y compañeros por humillaciones».

Un patrón de abuso y encubrimiento

Lo que comenzó como una defensa del alumno involucrado, ha abierto la puerta a más denuncias. Han comenzado a surgir reportes de que el mismo docente ya acumulaba quejas por malos tratos, burlas e incluso por presunto acoso, lo que sugiere un patrón de conducta tolerado por la institución.


El llamado de la comunidad estudiantil es directo y contundente hacia el rector, Felipe Olimpo Durán Rocha: «Tiene que hacer algo con esos catedráticos y dejar de encubrirlos». La frustración es palpable, al punto de recordar otros escándalos de la institución: «¿Pero qué se espera de una universidad que ya ha sido reportada hasta por maltrato animal?».

La exigencia de los estudiantes es clara: que no se sacrifique el futuro de un joven que actuó en defensa propia tras ser ignorado y violentado psicológicamente. Piden que el foco se ponga sobre el verdadero problema: un profesor que presuntamente abusa de su poder y una universidad que, al no escuchar las denuncias, se convierte en cómplice de la agresión.


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