Fotografía: Mientras un video de niños jugando en un tobogán improvisado se viraliza en redes sociales, la ciudad enfrenta su peor panorama desde 2008.
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La imagen es tan surrealista como conmovedora: en medio de una calle convertida en canal por el agua, un tobogán de plástico se vuelve el centro de diversiones para un grupo de niños. La escena, capturada en video y difundida masivamente, muestra la resiliencia y el ingenio infantil frente al desastre. Pero detrás de esta estampa, Tampico vive una carrera contrarreloj ante una emergencia severa.

La ciudad portuaria enfrenta las peores inundaciones registradas desde 2008, debido a la crecida del río Tamesí. Autoridades de los tres niveles de gobierno, encabezadas por la Coordinadora Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, y la alcaldesa Mónica Villarreal Anaya, han declarado estado de alerta máxima, advirtiendo que el punto más alto de la creciente se espera para este martes 8 de julio.


Las zonas más vulnerables son las colonias bajas y ribereñas como Pescadores, Sauce, Sembradores de la Amistad y Vicente Guerrero (sector Moscú), donde el agua ya ha superado el metro de altura, inundando más de 300 viviendas y afectando a cientos de familias.

En respuesta, se ha implementado un Mando Unificado. Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la Marina (SEMAR) y la Guardia Nacional (GN) recorren las calles anegadas con lanchas y camiones pesados, ejecutando un operativo de evacuación casa por casa. Su misión es doble: poner a salvo a las personas y ayudarles a rescatar sus enseres más valiosos.

Hasta el momento, más de 100 familias han sido evacuadas de manera preventiva y trasladadas a refugios temporales equipados con servicios básicos, atención médica y apoyo psicológico. Sin embargo, algunos residentes se resisten a abandonar sus hogares por temor a la rapiña.

Mientras las autoridades prevén que el nivel del río comience a estabilizarse una vez que pase el pico de la creciente, la imagen del tobogán en la colonia Moscú queda como un potente símbolo: el de una comunidad que, aun con el agua al cuello, no pierde la capacidad de encontrar un resquicio de alegría en medio de la tragedia.


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