Fotografía: Cuenta de Facebook del alcalde Alejandro Arcos
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A tan solo una semana de haber asumido el cargo como alcalde de Chilpancingo, capital del estado de Guerrero, Alejandro Arcos, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), fue encontrado decapitado. Su cabeza fue colocada sobre el techo de un automóvil, acompañada de un mensaje que las autoridades han intentado ocultar.

Lo que ha dejado consternada a la población no es solo la brutalidad del crimen, sino el hecho de que, apenas 24 horas antes de su asesinato, Arcos había pedido protección a la gobernadora Evelyn Salgado y suplicado al Gobierno Federal, encabezado por la Dra. Claudia Sheinbaum, por su seguridad. Estas súplicas fueron ignoradas, dejándolo vulnerable ante la creciente violencia en la región.

El recién nombrado alcalde había expresado públicamente su preocupación por la falta de seguridad en Chilpancingo, una de las zonas más afectadas por el crimen organizado. En su último mensaje en redes sociales, Arcos afirmó: “Yo les he pedido que me recuerden como un promotor de la paz”. Sin embargo, la realidad lo alcanzó de la manera más trágica.

Fotografía: ESPECIAL

Este asesinato es un duro golpe para el nuevo gobierno de Sheinbaum, quien ha iniciado su mandato bajo la sombra de la violencia heredada del sexenio de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. La muerte de Alejandro Arcos no solo plantea preguntas sobre la incapacidad del Estado para proteger a sus propios funcionarios, sino que también subraya la alarmante crisis de seguridad que sigue azotando a México.

El caso de Arcos es un recordatorio doloroso de la impunidad con la que operan los grupos delictivos en el país. A pesar de sus ruegos por protección, fue abandonado a su suerte y asesinado de manera despiadada.

Descanse en paz, Alejandro Arcos.


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